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ROMPER EL ENCANTAMIENTO

PUEDO EXTENDER LA MANO y tocar su cuerpo, acariciarlo con suavidad para asegurarme de su presencia; puedo incorporarme lentamente y hacer corno quien ve, imposible en esta oscuridad de medianoche y luna nueva, lo sé, pero nada me impide simular estar viéndola y figurarme sus labios entreabiertos, su respiración acompasada; puedo retirar las sábanas sutilmente, ir descubriendo poco a poco el volumen impreciso de sus pechos, la geometría caprichosa de los brazos extendidos o no -esas figuras no las enseñan en los colegios-, la rotundidad de su cadera. También puedo, como de hecho estoy haciendo, pasar una pierna sobre su cuerpo con cuidado de no tocarla; puedo agacharme y susurrarle al oído insinuaciones vagas, antiguos códigos de amantes; puedo incluso rozar su cuello con mis labios -sé que eso le gusta- o soplar apenas en su ombligo -ha sonreído, estoy seguro, se ha agitado levemente y ha sonreído-. Pero no puedo encender la luz para contemplarla. Soy razonable, sé que hay cosas que puedo hacer y cosas que no. Y no puedo correr el riesgo de despertarla.

CARLOS FRONTERA (Sevilla, 1973). El cuento pertenece al libro “Andar sin ruido”, Editorial Páginas de Espuma.

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