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HORA INESPERADA

Llueve. Descanso en la cama con la ventana abierta. Cuatro o cinco buitres irrumpen en la habitación. Están llenos de lluvia. Planeando ávidos, dibujan círculos oscuros. Me quedo inmóvil. Uno de ellos desciende. Arrastrando las alas, se posa sobre mí y acerca su pico de ceniza a mi boca. Su peso me asfixia. Renuncio a todo movimiento mientras sus ojos, secos como cristales, descansan sobre los míos. Reflejado en uno de ellos veo el rostro de mi madre cuando todavía era joven; en el otro el de mi padre ahora ya casi anciano. Uno de los dos parpadea. ¿Ha sido ese pájaro corvo o he sido yo? La presión sobre mi pecho cede. Los buitres ya no están. En la ventana, hecha de lluvia, se escribe la palabra Huérfano.

SIMULACRO

¿Es Nox la ciudad dónde la lluvia cae en forma de diminutas arañas translúcidas?
Paseaba por sus calles cuando, sin tormenta ni oscuridad, se escuchó un suave comienzo de lluvia. Pensé en correr. Pensé también en refugiarme bajo el toldo amarillo de un bazar. En mi indecisión, millares de arañas de agua se precipitaron desde las nubes. Impaciente, con pasos más que apresurados, rápidos, rehusé el cobijo del toldo. En torrente inclinado, las arañas explotaban bajo mis pies que sentía desnudos. Otras, se rompían al caer como vidrios contra mis hombros. El suelo se transformó en un espejo en el que yo mismo me reflejaba borroso y empapado.
Sin duda, bajo el cobijo del toldo habría sonreído a la alegría incómoda del agua. Parado en un cruce, frente a la luz roja y fija de un semáforo, solo sentía la lluvia. No podía sentir otra cosa. Se diría que yo mismo era parte de ella, agua y nada más. Como esas arañas-gota que, antes de disolverse, se alineaban junto a mis pies para trazar temblorosas la palabra Nadie.

TERE SUSMOZAS (Madrid, 1974). Los micros seleccionados pertenecen al libro ESTACIÓN INTEMPERIE, editorial Torremozas, septiembre 2020.

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