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Ulivo Niguarda La Resistencia de las enfermeras diplomadas en el Hospital Niguarda.
Lelia Minghini.
Alias: Mimí.

Hace unos días pasé por delante del gran olivo situado cerca del ex-Internado de las Monjas del Hospital Niguarda. Este árbol fue plantado por los Partisanos, apenas terminada la guerra, en agradecimiento por la colaboración de las monjas, las enfermeras y de todo el personal sanitario de este Hospital con la Resistencia.
Mientras miraba el olivo, con sus pequeñas hojas apenas brotadas, recordé lo que había leído en las memorias de la enfermera profesional Lelia  Minghini.

Lelia dejó a su familia y amigos en Conselice (RA) en el año 1940 para seguir su pasión por la enfermería. Un tren la llevó a Milán, donde estudió en la escuela para Enfermeras Diplomadas del Hospital Niguarda. Se diplomó en 1942 y entró a trabajar en el Internado junto a otras doscientas colegas.

Como para muchos italianos, su vida cambió cuando Mussolini decidió apoyar a los alemanes en la guerra. Asistió día tras día a la desesperación por la precariedad, el hambre, los muertos y los bombardeos aéreos.

La guerra comprometía diariamente a Lelia. Los pasillos del Hospital estaban llenos de heridos, víctimas inocentes de la brutal violencia de la guerra. Su índole de mujer justa y altruista la acercó a los colegas antifascistas.
En Agosto de 1943 un bombardeo aéreo sobre Milán impactó también en el Hospital, destruyendo algunos pabellones y matando a muchos civiles y enfermos que quedaron atrapados bajo las ruinas. La indignación era cada vez mayor, también entre el personal sanitario.

Ospedale BombardatoDespués del 8 de Setiembre, durante un bombardeo aéreo, fue bombardeada la enfermería de la cárcel de San Vittore. Los jerarcas fascistas, no teniendo más el espacio donde encarcelar a los detenidos enfermos, se apoderaron del sector masculino del Pabellón Ponti en el Niguarda. El pasillo se transformó en una verdadera cárcel para detenidos políticos y hebreos. Y, por suerte, los fascistas dejaron en aquel sector al personal hospitalario existente.
Lelia conocía muy bien a estas trabajadoras. Muchas eran sus amigas: la Berti, la Perón, la Rossi, la Modoni y la Orlandini. La jefa de sala de este sector era la monja de origen trentino, Giovanna Mosna, también ella protagonista de acciones heroicas y Medalla de Oro de la Resistencia.
La situación que se había creado impulsó al personal a actuar concretamente para ayudar a estos prisioneros, con Lelia a la cabeza, hasta el final de la guerra.
Fue determinante la íntima amistad y la confianza que la unía a la enfermera María Perón, mujer valiente y fuerte. Lelia sabía que la amiga desempeñaba clandestinamente una intensa actividad antifascista junto a los partisanos del barrio de Niguarda.
El primer intento organizado de las enfermeras de liberar a un detenido político fracasó porque fue descubierto por los policías. Por este motivo, las enfermeras Nucci y Berretta fueron mandadas a un campo de concentración. La enfermera Rossi fue llevada a la cárcel de San Vittore y luego fue liberada. María Perón logró escapar a través de una ventana y se unió a las formaciones partisanas del Val d’ Ossola.
A pesar del peligro al que se exponía, para Lelia la fuga de la amiga representó el comienzo de su total compromiso político con la Resistencia. Creó así una organización clandestina interna, estructurada con reglas férreas, cuya finalidad era la fuga de los detenidos políticos y el apoyo a las formaciones combatientes. Por ejemplo, haciéndoles llegar material médico-sanitario.
Creó un grupo formado por diez enfermeras diplomadas de confianza. Contó además con la colaboración del personal antifascista del Hospital: médicos, jefes médicos interinos, religiosos, auxiliares, obreros y hasta los porteros.
A través del médico interno Doctor Grossoni se mantuvo informado al CNL de la Lombardía sobre el devenir de la enfermería carcelaria del Hospital.
Lelia, con la colaboración de las colegas y de otros profesionales, logró liberar a casi 40 detenidos encarcelados en el Pabellón Ponti, entre los cuales había una mujer.
Organizar la fuga de un detenido político era muy arriesgado ya que cada detenido podía tener tres o cuatro policías que lo vigilaban. Lograron salvar la vida de estas personas actuando con astucia, coraje y creatividad, pero siempre de modo comprometido para todos.
Como en el caso de la fuga de Aldo Tortorella, que posteriormente sería dirigente del Partido Comunista Italiano, el cual supo que había sido la propia Lelia la responsable de su huida mucho tiempo después, concretamente en el año 1976, leyendo documentación sobre el Hospital.aldotortorella
Lelia ideó la fuga de Tortorella con ayuda de su superiora. Se hizo transferir, durante un turno nocturno, al Sector de Oftalmología, dando instrucciones a Tortorella  (que tenía 19 años), para que a las 2 hs,  con la excusa de ir al baño, fuese velozmente, a través de una escalera, al Sector de Oftalmología. Apenas llegó al pasillo, Lelia escondió Tortorella en el armario del estudio del jefe de médicos para luego regresar a sentarse detrás de su escritorio, como si nada hubiera pasado. Cuando llegaron los agentes de policía, y le preguntaron si había visto un delincuente escapar, Lelia lo negó con inocencia y los desvió indicando una posible salida a través de una terraza.
El joven fue escondido en un montacargas inutilizado de la cocina. De allí salió para ser de nuevo trasladado vestido de mujer, con una bata de enfermera, las chancletas de Lelia, una peluca y una cofia. Del brazo de Lelia llegó a una zona en desuso del Sector Tuberculosis, donde se ocupó de él la enfermera Colzani.
Tortorella cambió una vez más de escondite, porque Lelia fue avisada por la doctora Gatti Casazza que los agentes de policía estaban rastreando el Hospital buscando al muchacho. Siempre vestido de enfermera lo llevaron al Internado Diplomate y desde allí  lo hicieron llegar a una habitación secreta en la buhardilla de un ala bombardeada, inhabitable por motivos de seguridad.
Algunos días después, disfrazado esta vez de enfermera, logró finalmente huir saltando la verja del Internado Diplomate, de dos metros de altura. Lo esperaba Lelia que lo llevó en bicicleta hasta su nuevo refugio. Un chalé deshabitado en la avenida Zara.
Al día siguiente, Lelia regresó a la habitación para recuperar su uniforme violeta y para proporcionarle ropa de hombre, pero el muchacho ya había escapado usando ropa que había encontrado en aquel lugar.Suor Mosna

El compromiso de Lelia en la Resistencia no fue solo con las fugas de los prisioneros políticos. Basándose en las confidencias que le hizo María Perón, logró establecer contacto con los antifascistas del barrio Niguarda. En particular con la partisana “Giovannina”, volviéndose así mensajera y distribuidora de material clandestino. Ayudaron también en el barrio a muchas mujeres, madres y viudas que, a causa de la guerra, vivían en condición de pobreza absoluta. En su tiempo libre, Lelia y su superiora les llevaban, comida y artículos de primera necesidad.

La habitación secreta mencionada anteriormente hacía también de depósito de material de propaganda y sanitario que era recogido y preparado para su expedición hacia las formaciones partisanas en la montaña. De estos paquetes se ocupaban las colegas de Lelia, también ellas diplomadas, como Fuzzi, Quattrosoldi, Tenderini, Fumagalli, Poletti, Ferrari y Brina.
La doctora Gatti Casazza en cambio, con otros colaboradores de la junta, hacía llegar el precioso material a Val Grande a la ex-colega y ahora partisana María Perón. El automóvil de esta doctora, jefa de Curas Físicas, venía usado también para el transporte de fugitivos, apoyándose en el estudio del marido, ingeniero, en zona Garibaldi.

Cuando finalmente llegó el 25 de abril de 1945, para Lelia, como para muchos otros italianos, no fue solo un día de fiesta porque los heridos y muertos continuaron llegando al Hospital.
Solo después del 29 de abril Lelia se pudo comprar un vestido nuevo y pasear por Milano, finalmente liberada, con los ojos resplandecientes de alegría.

María Maddalena Vedovelli
Gruppo Donne – ANPI Sezione Martiri Niguardesi Milano

Traducción de Gabriela Tenaglia

Documental Bandite, sobre otras mujeres partisanas