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miércoles, 10 de abril de 2019 18h

Amour fou de Marta Sanz

Club de lectura
Coordinadora:

Valeria Correa Fiz

Biblioteca del Instituto Cervantes, via Dante, 12

(Reserva obligatoria.)

  • Este libro puede comprarse en Librería Il libro, Via Ozanam, 11 (MM1 Lima) 022049022

PRÓLOGO de Isaac Rosa

PELIGRO: NOVELA DE AMOR

Me gusta pensar que la mejor definición de Marta Sanz como novelista la encuentro en una de sus novelas: Black, black, black. Se trata de un pasaje donde el poco convencional detective Zarco recuerda «las razones por las que me hice detective». Sustitúyase «detective» por «escritora» y tenemos a Marta Sanz novelista:

“Soy detective [soy escritora] porque no creo que este mundo esté loco ni que solo las psicopatías generen las muertes violentas ni que únicamente los forenses y los criminalistas que rastrean los pelos, las huellas parciales, las cadenas de ADN, la sangre y el semen que empapan las alfombras y las sábanas puedan ponerle un nombre a los culpables. Creo en la ley de la causa y el efecto. En la avaricia. En la desesperación. En la soledad. En la compasión y en la clemencia. En los argumentos de los prevaricadores. En la necesidad de un techo y de una caldera de calefacción. En el deseo de acaparar y en los motivos ocultos del mentiroso compulsivo. Creo en la eficacia de los tratamientos psiquiátricos y en la honradez de ciertos jueces. Creo que podemos comunicarnos a través de los lenguajes y en el desciframiento de los símbolos. En los especialistas en quinésica que se convierten en jefes de recursos humanos. No todo es aleatorio ni fragmentario ni volátil ni inaprensible. Existen las repeticiones. Soy detective [soy escritora] porque creo en la razón y en la medicina preventiva. Busco las causas y los ecos. Lo que sucede dos veces. Los hilos que se tejen con otros hilos. Suelo encontrarlos.”

Marta Sanz lleva veinte años encontrando esos hilos, buscando las causas y los ecos. Son ya doce novelas, además de tres libros de poemas y dos ensayos, para una obra dotada de una coherencia poco habitual en la literatura española contemporánea.

Es coherente en su escritura, en su voluntad de estilo, que se desmarca de la dominante prosa anoréxica, y que en su exploración de los límites del lenguaje y su fuerza poética viene levantando una de las mejores prosas que hoy se escriben en castellano. …

Amor fou es el libro por el que Marta Sanz estuvo a punto de dejar de escribir. Una novela prácticamente inédita, una novela sin lectores, tal vez porque habla del gusano que corroe el corazón de la manzana en un mundo perfecto. En 2004, año en que fue escrita, Amor fou apuntaba hacia lo mucho que nos cuesta decir que el emperador va desnudo; lo hace también hoy, que la presentamos en versión corregida y actualizada. Casi todas las profecías de esta novela se han ido cumpliendo: aporofobia, gentrificación, banderas nacionales que ondean en el centro de las plazas, un patriotismo perturbado, el residuo franquista que oxida la convivencia, la brutalidad que se ejerce desde el poder, la okupación, los límites de la democracia y del Estado de derecho en el neoliberalismo, la justicia sin venda en los ojos, la manipulación pública a la que se someten ciertas vidas íntimas… La ponzoña es la metáfora que nutre una escritura de profundidad espeleológica.

Amor fou plantea preguntas en torno a nuestra educación sentimental y política. El amor empasta las voces, y la literatura se aparta de la suavidad deslizante de la seducción, para subrayar su violencia. La mirada del Marqués de Sade más educativo envenena las manzanas y el alimento de Los emperadores. Porque posiblemente Amor fou es un cuento de hadas salvaje, de esos que se censuran para no escandalizar a los niños, ni a los adultos que preferirían permanecer en una infancia eterna.

En esta historia triangular Raymond, desde su observatorio, vigila la felicidad conyugal de Adrián y Lala, su antigua novia, y no puede soportarla. Decide intervenir en ella con su mirada evocadora y su presencia disfrazada. Raymond lleva una barba postiza. Pero hasta las pequeñas maldades pueden tener horrendos efectos secundarios. El peligro se hace más intenso cuando Elisa y su hija Esther, cebada como esos niños canibalizados por la bruja, interfieren en la historia y traen con ellas los incendios, los anónimos, el abuso, las cicatrices y una ridícula caja de bombones envenenados.

«El amor como posibilidad llena de trampas, el amor como dolor, como enfermedad y locura. Puede que sea una de las novelas más dolorosas de Marta Sanz, y eso es mucho dolor, aunque sea por nuestro bien: Sanz nunca nos causa daño en vano, las heridas que deja son una forma de lucidez. Sirven» (Isaac Rosa).

Marta Sanz es doctora en Filología. Ha publicado las novelas El frío, Lenguas muertas, Los mejores tiempos (Premio Ojo Crítico 2001), Animales domésticos,Susana y los viejos (finalista del Nadal en 2006) y Lalección de anatomía. En 2007 recibió el Premio Mario Vargas Llosa NH de Relatos. Es autora de cuatro poemarios (Perra mentirosa, Hardcore, Vintage y Cínguloy estrella) y dos ensayos (No tan incendiario y Éramosmujeres jóvenes). En Anagrama ha publicado Black,black, black: «Admirable, muy buena como novela negra pero mejor todavía como novela sin más. Tiene la crueldad y la lucidez desoladora de una de las mejores novelas de Patricia Highsmith, El diario de Edith» (Rafael Reig, ABC); Un buen detective no se casa jamás: «Vuelve a mostrar su dominio del lenguaje con una estupenda narración que tiene mucho de comentario social contemporáneo» (Manuel Rodríguez Rivero, ElPaís); Daniela Astor y la caja negra (Premio Tigre Juan, Premio Cálamo y Premio Estado Crítico): «Hipnótico, fascinante y sobrecogedor» (Jesús Ferrer, La Razón); una versión revisada y ampliada de la que es posiblemente su mejor novela, La lección de anatomía: «Ha conseguido situarse en una posición de referencia de la literatura española, o, en palabras de Rafael Chirbes, “en el escalón superior”» (Sònia Hernández, LaVanguardia); Farándula (Premio Herralde de Novela): «Muy buena. Estilazo. Talento, brillo, viveza, nervio, inventiva verbal, verdad» (Marcos Ordóñez, El País); y Clavícula: «Uno de los libros más crudos, brutales e impíos que haya leído en mucho rato» (Leila Guerriero).