Noveno club de lectura en linea: Jacinta Escudos


Club de lectura EN LINEA del Instituto Cervantes de Milán: 

Moderadora: VALERIA CORREA FIZ

Miércoles 12 de mayo de 2021 a las 18h en Italia, 10h en San Salvador


JACINTA ESCUDOS (SAN SALVADOR)

Leeremos el cuento “COSTUMBRES PRE-MATRIMONIALES“.

Video conferencia con plataforma zoom:

Tema: Club de lectura on line del Instituto Cervantes de Milán: JACINTA ESCUDOS moderado por Valeria Correa Fiz

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EL BOG DE JACINTA ESCUDOS: https://jescudos.com

Jacinta Escudos es salvadoreña. Escribe novela, cuento, crónica y ensayo.

Ganadora de los X Juegos Florales de El Salvador 2001, rama cuento, con el libro Crónicas para sentimentales y del I Premio Centroamericano de Novela “Mario Monteforte Toledo” (2003), con su novela A-B-Sudario. Textos suyos han sido traducidos al inglés, alemán y francés. Aparece en numerosas antologías de América Latina, Estados Unidos y Europa.

Actualmente escribe la columna quincenal “Gabinete Caligari” en la revista dominical Séptimo Sentido de La Prensa Gráfica de El Salvador e imparte talleres de narrativa.

LEER MÁS

Algunos textos de ficción:

“Materia negra”, cuento

“El espacio de las cosas”, cuento

“Easy oven”, cuento

“Olor”, poema

Artículos varios (en inglés y español):

Future Challenges: artículos sobre cambio climático, migraciones, globalización y otros temas.

Publicaciones:

Maletas perdidas (crónicas de viaje), libro electrónico (autopublicación), San Salvador, 2018.

Maletas perdidas (crónicas de viaje), Los Sin Pisto, San Salvador, 2018.

El asesino melancólico (novela), Alfaguara, México, 2015.

-Crónicas para sentimentales (cuentos), F&G Editores, Ciudad de Guatemala, 2010.

El Diablo sabe mi nombre (cuentos), Uruk Editores, San José, Costa Rica, 2008.

A-B-Sudario (novela), Premio Centroamericano de Novela “Mario Monteforte Toledo” 2002, Alfaguara, Guatemala, 2003.

Felicidad doméstica y otras cosas aterradoras (cuentos y crónicas), Editorial X, Guatemala, 2002.

El desencanto (novela), Dirección de Publicaciones e Impresos, San Salvador, El Salvador, 2001.

Cuentos sucios (cuentos), Dirección de Publicaciones e Impresos, San Salvador, El Salvador, 1997.

Contra-corriente (cuentos), UCA Editores, San Salvador, El Salvador, 1993.

Apuntes de una historia de amor que no fue (novela corta), UCA Editores, San Salvador, El Salvador, 1987.

Letter from El Salvador (poemas, edición bilingüe inglés-español) publicación no autorizada bajo el pseudónimo de Rocío América, El Salvador Solidarity Campaign, London, England, noviembre 1984.


COSTUMBRES PRE-MATRIMONIALES
Entre Claudio y su amante hay una relación corta, de un par de meses, que transcurre sobre todo en los cafés y las pensiones, en los cines y los parques. Un amor de la calle, como piensa él mismo. 
Pero pasado un tiempo, Claudio siente el deseo de llevar a la joven a su casa, porque el amor tiene diversas facetas y ésta es otra de ellas: confrontar al amante frente al núcleo familiar. Ubicar al ser amado entre las paredes de la cotidianidad. A veces el shock del contraste es tan fuerte, que el amor se rompe. 
Por eso, para que Claudio pueda saber si aquella relación tiene perspectivas de convertirse en algo largo y serio, debe llevarla a casa. Debe ver cómo se mira en medio de los muebles, en el centro de todas las habitaciones. Debe presentarla ante su madre, una anciana pequeña, disminuida por la osteoporosis, arrugadísima y siempre vestida de negro, que apenas parece comprender lo que pasa a su alrededor.
Cómo puede un ser humano llegar a ese estado de indefensión en el que se encuentra su madre, Claudio lo ignora. Y le ruega todos los días a algún Dios invisible en el que cree, que no le ocurra lo mismo. Antes muerto, piensa, que ser un ridículo monigote vestido de negro a merced de la voluntad ajena.


Claudio decide, pues, invitar a cenar a su nueva amante en casa, para que conozca a mamá.
La chica se entusiasma pues cree que las cosas van en serio. Mientras se arregla para la cita, la muchacha deja volar la imaginación y hasta se sorprende visualizándose casada con Claudio. Éste jamás le ha hablado de matrimonio. Tampoco de su madre, a la que imagina alta y guapa, con el rostro similar al de su amado. La recibirá sonriente y serán buenas amigas, está segura.
Claudio la recoge, la lleva a la calle donde vive, hace girar la llave frente a la puerta de la casa 312. El pasillo interior es un poco oscuro y hay que encender una luz. La joven descubre que la casa es pequeña y apretada. Claudio llama a su madre a voces y la joven escucha el murmullo de una mujer que responde desde el fondo de una habitación a su izquierda.
Es la sala y allí está la vieja. La joven se desilusiona un poco. O mejor dicho, se desilusiona bastante. Teme que tendrá una aburrida velada y que apenas podrá conversar con su amante, pero trata de ser lo más encantadora posible. 
Como la vieja no puede cocinar, Claudio compra comida empacada y la dispone en la loza de la casa. La chica le ayuda y se sientan los tres, casi sin hablar, a comer. La vieja insiste en que enciendan el radio.
-Hoy estamos de fiesta -dice-, no todos los días ceno con una chica tan linda como usted.
La muchacha ríe. Piensa que la vieja es llevadera y que podrá convivir con ella si fuera necesario que vivieran los tres juntos.
Después de comer, los tres se acomodan en el sofá de la sala a ver televisión. Claudio se sienta entre las dos mujeres y toma la mano de la chica. Ella espera que, en algún momento, él la invite a salir o que le haga una señal para despedirse, para indicarle que deben marcharse. Entonces, mientras él la lleve a casa, podrán tener unos minutos a solas y darse, por lo menos, un par de besos.
Pero las horas transcurren y Claudio no dice nada. Y ella, que es un poco tímida, tampoco quiere ser descortés e irse impetuosamente. En realidad, ella no quiere separarse del tipo, pero a él se le mira muy cómodo en el sofá, viendo televisión entre su madre y su amante.
A las 11, la vieja dice que es hora de acostarse. Los tres se levantan y la chica cree que al fin podrá salir de allí. Pero mientras la vieja camina hacia la habitación, Claudio la sigue y lleva a su amante tomada de la mano. La joven piensa que debe ayudarlo a arroparla o algo por el estilo y se deja conducir con toda tranquilidad.
La vieja se sienta en la cama, se quita los zapatos, y se acuesta sobre las sábanas, con el mismo vestido que lleva puesto. Entonces le explica a la joven:
-Claudio tiene la costumbre de acostarse a mi lado hasta que yo me quedo dormida. Supongo que no le molestará acompañarnos.
La muchacha mira a Claudio, incrédula, y él comienza a desamarrarse los zapatos.
-Anda, quítate los zapatos, será rápido -le dice él, sonriente.
Ella, un poco turbada, obedece. Entonces, Claudio procede a acostarse, siempre en medio de las mujeres. A su derecha tiene a la madre y a su izquierda a su amante. Toma la mano de la madre y la mano de la amante y se las pone sobre el pecho. Los 3 están boca arriba. La vieja le pide a Claudio que le cuente algo, cualquier cosa, para que su voz la arrulle y la ayude a dormir.
La muchacha está fastidiada por completo y cambia de parecer: no, no podría vivir así su vida de casada.
De pronto, Claudio se voltea a verla y le susurra:
-Ya está dormida.
-¿Sí? Entonces vámonos.
Pero él sonríe y le susurra en el oído:
-Hagamos el amor aquí.
-¿A dónde?
-Aquí, en la cama, con mamá dormida. Ella no se dará cuenta.
-¡Estás loco!
Pero mientras hablan, él toca, besa, muerde, y las resistencias de la muchacha se ven revueltas con el deseo, la vergüenza y la morbosidad de tener a la vieja al lado, profundamente dormida y vestida de negro, como un cadáver.
Al fin, con la ropa medio puesta, el hombre logra penetrarla y se aman con mucha más pasión de la que sienten cuando están completamente solos. Por momentos, la joven se preocupa de que los movimientos y los gemidos de ambos puedan despertar a la vieja, pero cada vez que la espía, la mira dormida, en la misma posición.
Al final, los amantes también duermen. 
Así los encuentra a los 3 el amanecer del día siguiente.


Cuando la muchacha se despierta, Claudio aún duerme pero la vieja ya no se encuentra. La muchacha intenta despertarlo, pero Claudio gruñe y se da la vuelta. Ella se levanta y va hacia la cocina, donde encuentra a la vieja preparando el café.
-Buenos días señora.
-Buenos días niña. ¿Cómo durmió?
-Bien, muy bien.
La vieja sonríe.
-Sí, todas dicen lo mismo. Claudio siempre trae a sus novias a comer y luego dormimos los 3 sobre la cama. Y yo los escucho mientras hacen el amor. Así me siento revivir, me hace recordar buenos y lejanos tiempos. O dígame, ¿acaso no me miro rejuvenecida esta mañana?



Jacinta Escudos
(de Cuentos sucios,
Dirección de Publicaciones e Impresos,
San Salvador, 1997).

 


Jacinta Escudos


EL DIABLO SABE MI NOMBRE

Las metamorfosis de Jacinta Escudos

Los 14 relatos de ‘El Diablo sabe mi nombre’ son un prodigio de escritura ligera

CARLOS PARDO (8 de enero de 2020)

Este no es un libro nuevo. Su primera edición apareció en Costa Rica en 2008. Además, Jacinta Escudos (San Salvador, 1961) fecha con precisión tres periodos de escritura: “1995-1997, 1999-2001, 2003”. Y añadamos una localización distinta de Centroamérica y Europa en cada periodo… Estos detalles no solo indican el modo de trabajar de Escudos (su elaboración a la vez pulsional, lenta y concentrada); también una experiencia biográfica un tanto nómada. Por eso esta edición de Consonni, primera en España, tiene algo de vindicativo: muestra a una escritora fascinante cuya obra publicada se encuentra repartida, como su propia biografía, en varios países; a la que, por tanto, es difícil conocer en toda su magnitud. Pero también significa que El Diablo sabe mi nombre no es una obra de evanescente actualidad, sino un libro que casi 20 años después de escrito es puro presente.