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El rincón de Antonio Carnabuci

¿Por qué en la gruta estaban el asno y el buey?

Mientras José y María estaban de viaje hacia Belén, un ángel reunió a todos los animales para elegir el más idóneo para ayudar a la Sagrada Familia en el establo.

El primero que se presentó fue el león.

“Sólo un rey es digno de atender al Rey del mundo”, rugió, “yo me colocaré a la entrada y mataré a los que intentarán acercarse al Niño”.

“Tú eres demasiado violento” dijo el ángel.

Pronto se acercó el zorro. Con aire astuto e inocente dijo:

“yo soy el animal más idóneo. Para el hijo de Dios robaré, cada mañana, la miel mejor y la leche más perfumada. Llevaré a José y María, cada día, un pollo triguero”.

“Tú eres demasiado deshonesto” dijo el ángel.

Llegó el pavo real, brillante y lleno de soberbia. Abrió su magnífica “rueda” color de iris y dijo:

“yo transformaré aquel pobre establo en una mansión real más hermosa que el palacio de Salomón”.

“Tú eres demasiado vanidoso” dijo el ángel.

Pasaron, uno tras otro, machos animales, cada  uno alabando su regalo, pero el ángel no lograba encontrar un animal que pudiera ser útil.

Vio pero un asno y un buey trabajando, con la cabeza baja, en el campo de un agricultor, cerca de la gruta. El ángel les llamó:

asno y  buey

“y vosotros ¿tenéis algo que ofrecer?”.

“Nada” contestó el asno, “nosotros aprendimos sólo humildad y paciencia”.

Pero el buey, tímidamente, sin levantar los ojos, dijo: “pero podríamos, de vez en cuando, alejar las moscas con nuestras colas”.

El ángel por fin sonrió:

“vosotros sois los animales justos”.

Moraleja: El asno y el buey del establo de Belén poseen virtudes raras: humildad, sumisión y paciencia. Virtudes que el mundo arrogante de nuestra época ha olvidado.

Antonio Carnabuci