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La Columna de Jean Claude Fonder

Soy un latino de frontera. Nací en Lieja, un principado del Imperio Romano Germánico. Su lengua, el “Walon“, es una lengua románica original distinta del francés aunque provenga de la misma rama. Por poner un ejemplo: en valón el principado se llama “Principåté d’ Lidje“. Yo, al igual que todos los de mi generación, no lo hablo, aunque utilizo todavía algunas expresiones -principalmente palabrotas- pero mis abuelos la hablaban normalmente y se utilizaba también en el teatro en aquella época. Hoy en día, hay clubes de jóvenes que intentan redescubrirla.

Pero lo más interesante que tenemos que observar es que los lejienses somos muy “meridionales”, es decir, somos bastante extrovertidos y propicios a socializar, es más, el resto de los belgas piensan que somos poco serios y poco trabajadores, típico prejuicio de los pueblos del norte sobre los del sur.

Los valones son los últimos pueblos galos que fueron completamente latinizados en el periodo romano. Están directamente en contacto con los pueblos germánicos, lo que en el caso de los lejienses que formaban parte del Imperio germánico, les empujaba a manifestar su diferencia y a aliarse con los franceses. Hoy en día, en Lieja se celebra más el 14 de julio, aniversario de la toma de la Bastilla (fiesta nacional francesa), que el 21 del mismo mes que es la fiesta nacional belga.

En Bélgica existen las dos culturas: la latina y la germánica, lo que representa en un cierto modo el modelo europeo, aunque con la reciente entrada de los países eslavos, la situación se está modificando. En 1830, los valones aliados con los bruselenses y con las clases dirigentes flamencas (católicas y francófonas) crearon Bélgica separándola de Holanda con la que formaba los Países Bajos, que se creó durante el congreso de Viena. El hecho de que se independizara de Holanda no es de extrañar, porque desde el siglo XVI, en la guerra de Flandes, las provincias belgas permanecieron fieles a España contra las provincias unidas, la actual Holanda. El obispado de Lieja no estaba involucrado en esta guerra porque, como hemos dicho, formaba parte del Imperio germánico.

Después de la I Guerra Mundial, por motivos comprensibles (recordemos la masacre de soldados flamencos bajo el mando de oficiales francófonos), nació el movimiento flamenco que progresivamente iría aumentando, lo que creó la situación que, en estos últimos años, ha llevado a Bélgica al borde de la división.

Soy latinoNo sólo la lengua y la cultura divide el norte y el sur de Bélgica, también los aspectos económicos y sociales la dividen radicalmente. El sur que, durante más del siglo que precedió la guerra 14-18, tenía un desarrollo industrial enorme basado en la siderurgia, empezó a declinar cuando este sector perdió su competitividad y al estar tan sindicalizado no supo reconvertirse hasta ahora, que parece que está empezando. En cuanto al norte, al principio estaba más atrasado, su economía era principalmente agrícola, pero después se desarrolló un sector industrial más ligero y más dinámico que el de los valones y que por tanto supo enfrentar mejor la reconstrucción de la postguerra.

Lo que actualmente complica todo es la región de Bruselas, la más rica y por tanto la más codiciada por las otras dos, con un sector de servicios extremamente desarrollado por la presencia de las instituciones europeas e internacionales. Está en territorio  flamenco, pero sus habitantes son substancialmente todos francófonos.

Hoy, por fin, los valones se están despertando, se han dado cuenta de que no son las cigarras de la fábula como son vistos por algunos flamencos y de que cuentan con un pasado de grandes éxitos. Tendrían que aliarse con sus primos francófonos de Bruselas para colaborar con los flamencos, lo que sería deseable, o mejor dicho, indispensable, aunque para ello tengan que ponerse al mismo nivel.

A mi entender el mismo escenario se da a nivel europeo. Todos países del sur tendrían que aliarse, con Francia, España e Italia a la cabeza.

Soy latino, me gusta el espíritu latino, su creatividad, su expansión comunicativa, su amor por la vida, por la belleza, por la buena comida, por el sol, por el mar etc … De todo esto carecen los austeros nórdicos, hasta tal punto que invaden el sur, en verano o cuando se jubilan.

Estoy orgulloso de nuestros fantásticos idiomas, antiguos y riquísimos; me siento el heredero de la cultura grecolatina que tanto me gusta y tengo esperanza en la nueva sangre de América latina.

Pero soy también europeo y creo que somos el mejor modelo económico social posible. Mejorarlo y defenderlo tiene que ser nuestra prioridad, tenemos que ser europeos por encima de todo, enriqueciéndonos y apoyándonos entre todos nosotros tanto germánicos, eslavos  como latinos.

JEAN CLAUDE FONDER

Ilustración de  M. L. B.