Etiquetas

,

La Columna de Jean Claude Fonder

Es una palabra espantosa, aunque estamos acostumbrándonos de nuevo a oírla, a justificarla, e incluso a aceptarla. Ocurre siempre lo mismo, en situaciones de conflicto para justificarlo se usan frases como estas: “Tenemos que defender nuestros intereses estratégicos”, o “a nuestros compatriotas”, o también “hay que poner fin a esa masacre”.
Obviamente si lo dicen los “buenos” está bien, pero si lo dicen los “malos” ¿qué hacemos?. Basta pensar en Afganistán, Irak o Libia. El famoso Derecho Internacional cuya violación por parte de los rusos en Crimea tanto lamentamos ¿no lo violaron también los americanos, los ingleses o los franceses en esas ocasiones?
Durante la Guerra Fría, (pido perdón por usar de nuevo la horrorosa palabra guerra) los tanques rusos de Kruschev o Breznev invadieron países como Hungría o Checoslovaquia sin que los occidentales hicieran nada más que quejarse. Por el contrario, cuando los mismos rusos instalaron misiles en Cuba apuntando hacia el territorio estadounidense, la reacción del “bueno” de entonces, John Fitzgerald Kennedy, fue rápida y resolutiva. El mundo ya estaba dividido en dos: los ganadores de la Segunda Guerra (de nuevo) Mundial se lo habían repartido.
En el caso de Crimea estamos asistiendo a un intento de los rusos de reconquistar el papel de superpotencia que perdieron después de la caída del muro de Berlín. Cuentan con la pasividad cómplice de los chinos que querrían sentarse a la mesa de los que mandan. Está claro que las ideologías o los derechos de los pueblos a autogobernarse cuenta muy poco.
GuernicaEl nacionalismo, que no es nada más que una herramienta de poder que, como las religiones o las ideologías mal interpretadas, se usan para controlar a los pueblos y motivarlos para sacrificarse en las guerras (en plural esta vez) y conquistar, de este modo, aún más poder.
Hoy en día, y ya desde hace mucho tiempo con la revolución industrial, el verdadero poder es el económico. Incluso los gobiernos que no parece que necesiten este poder porque no están escondidos, como los dictadores o los reyes, en realidad lo necesitan. De hecho, el mundo está globalizado y mezclado completamente, no se puede vivir en autarquía en un país a menos que se acepte una regresión secular en el modo de vivir. Alguien en Francia intentó vivir un año comprando sólo productos vendidos y fabricados en su país. Tuvo que renunciar a su auto, a su nevera y a tantas otras cosas que consideramos fundamentales para vivir bien.
Este poder económico tan deseado, las empresas multinacionales ya lo poseen, porque la globalización es sólo económica. Es decir, poniendo un ejemplo simple, que fabrican donde cuesta menos y venden donde cuesta más, adquiriendo la nacionalidad más ventajosa en los paraísos fiscales. No existen leyes ni otro tipo de control democrático o social que pongan realmente un límite legal al uso de este poder económico. Así que es suficiente conquistar el poder en estas multinacionales para controlar el mundo.
Volviendo entonces al nacionalismo tenemos que recordar que es una invención relativamente reciente, más o menos surgieron durante las guerras (otra vez) napoleónicas, y que muchos tratados después de las guerras (sigamos) sucesivas congelaron situaciones que tenían poca relación con las realidades étnicas y sociales.

Tomemos como ejemplo Crimea:
Ahora hay una mayoría de rusos en esta región porque los zares y, después Stalin, deportaron a los tártaros a Siberia. No vamos más atrás al pasado para no liarnos.
Crimea forma parte de Ucrania porque Kruschev, en el marco de la Unión Soviética, la cedió burocráticamente a esta república. No entramos ahora en los motivos.
Esta región es claramente el acceso para la flota rusa a los mares del sur y además los gasoductos pasan por allí.
Es la meta turística más apreciada por los moscovitas y los rusos en general

Esperemos no necesitar otra guerra mundial (última vez) para entender que tenemos que crear una democracia mundial para que la globalización sea de los pueblos, considerando las culturas, los idiomas y las tradiciones de cada uno como una riqueza y no un obstáculo. Tenemos que permitir a todos los pueblos que puedan alcanzar un mismo nivel equilibrado de bienestar.
Creo que tenemos que empezar con Europa para poder influir en la creación de un modelo mundial que sea el mejor posible aunque nos quede aún un largo recorrido para obtener un resultado válido.

JEAN CLAUDE FONDER