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La Columna de Jean Claude Fonder

Lo que me convenció para ir a ver esta película que desconocía, fue que ya había visto diferentes películas de François Ozon y me habían gustado mucho, sobre todo “La piscina”. Dudé si ir o no porque Fabrice Luchini nunca me había convencido sólo lo hizo en “Alceste à Byciclette”. Es un actor que tiende a imponer su personalidad al personaje que interpreta. En el caso de Alceste de Moliere, este aspecto se reveló muy positivo. Temía que, esta vez, no fuera el caso, pero nombres como Emmanuelle Seigner, Kristin Scott Thomas y Yolande Moreau me convencieron definitivamente.
Hice bien, “Dans la Maison“, (En la casa) nos gustó mucho. El título no es casual, la casa es un lugar cerrado en el que, a Ozon, le gusta localizar sus películas. En el cartel, se ve además a los dos protagonistas sentados en un banco en frente de la casa observándola en la sombra; por el contrario, la mujer que vive en ella, aparece sentada en su porche a plena luz y que parece ser muy feliz.
El tema de la obra original trata del placer de asomarse a las vidas ajenas y del riesgo de confundir vida y literatura. En la película el escenario es la casa. El profesor (Luchini) descubre el talento de un alumno suyo al describir lo que ve y lo que se inventa cuando va a visitar a su compañero de clase que vive allí. Ernst Umhauer interpreta el papel del joven escritor, y lo hace de un modo muy sensual y capaz de seducir a todos, es el verdadero protagonista.
Con todo esto, os he proporcionado los ingredientes de una historia que os apasionará hasta el final.
Tengo que decir que a mi me gusta mucho observar a la gente que está a mi alrededor e imaginar lo que podrían ser, sus historias, sus problemas… Siempre lo he hecho, y he oído a muchos escritores decirlo también. Después de haber visto la película, mi primera curiosidad fue saber un poco más de la obra de teatro original (El chico de la última fila de Juan Mayorga), que no sabía que fuese española. Debajo os he puesto el comentario de un director que la llevó a escena y un video de esta realización. No me ha gustado tanto, tengo la sensación de que la adaptación que ha hecho Ozon está mucho más centrada en el mecanismo de la creación literaria.
En su película, ficción y realidad, literatura y cine, se mezclan para construir una obra original, intelectual y sensible.

JEAN CLAUDE FONDER

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http://www.filmaffinity.com/es/film492137.html
http://www.danslamaison-lefilm.com

Con: Fabrice Luchini, Ernst Umhauer, Kristin Scott Thomas, Emmanuelle Seigner, Diana Stewart, Denis Ménochet, Jean-François Balmer, Fabrice Colson, Bastien Ughetto, Stéphanie Campion, Yolande Moreau

Sinopsis: Un profesor de literatura francesa, desalentado y hastiado por las insulsas y torpes redacciones de sus nuevos alumnos, descubre entusiasmado que, por el contrario, el chico que se sienta al fondo de la clase, muestra en sus trabajos un agudo y sutil sentido de la observación. Este chico, que se siente extrañamente fascinado por la familia de uno de sus compañeros, escribirá, animado por el profesor, una especie de novela sobre esa familia (y también sobre el profesor), en la que es difícil distinguir entre realidad y ficción. (FILMAFFINITY)

El Comentario de Carlos Boyero (EL PAÍS CULTURA): El director francés François Ozon siente vocación ancestral por las historias turbias, el psicologismo retorcido, los personajes con taras y enigmas inquietantes, el terror que amenaza a situaciones aparentemente cotidianas, las relaciones cruzadas. A veces ha resuelto esos jeroglíficos pasionales con eficiencia, le funciona el suspense, contagia al espectador el desasosiego de lo que está ocurriendo en la pantalla. En otras ocasiones todo obedece al disparate, su efectismo emocional resulta vacuo, lo que pretende que sea trágico resulta grotesco. En Dans la maison, los defectos de su cine están ausentes, ha conseguido una película misteriosa y excelente.
Adapta una obra de teatro que desconozco. Y el argumento es apasionante. Un profesor descubre entre las redacciones que le encarga a sus alumnos que hay una dotada con estilo poderoso. También de maldad, ya que se ceba con la personalidad de un compañero de la clase. El profesor previene al adolescente feroz sobre la corrosión que despliega, pero no puede evitar el morbo que le provocan las sucesivas crónicas de este sobre su víctima y la vida familiar de ese, gente de la burguesía más vulgar. La introducción a ese ambiente al parecer tiene una única meta, que es acostarse con la guapa madre de su compañero. Ni el profesor ni el espectador sabemos si esas redacciones obedecen a la ficción o a la realidad. Pero el juego que nos propone Ozon sobre la mezcla de mentiras y verdades tiene capacidad para engancharte perdurablemente. Paralelamente, esta historia se cruza con otra que retrata la vida marital del profesor, un hombre enamorado del arte clásico que observa el fraude pretencioso y banal que la peor modernidad intenta poner de moda en la galería de arte que dirige su esposa. Ozon crea una apasionante tela de araña, coronada con un final en estado de gracia. Todo resulta hipnótico y perturbador. Es una película que sigue dando vueltas en tu cabeza mucho tiempo después de que haya terminado.

Obra original (Teatro): El chico de la última fila de Juan Mayorga

“El chico de la última fila” es una obra sobre maestros y discípulos; sobre padres e hijos; sobre personas que ya han visto demasiado y personas que están aprendiendo a mirar. Una obra sobre el placer de asomarse a las vidas ajenas y sobre los riesgos de confundir vida y literatura. Una obra sobre los que eligen la última fila: aquella desde la que se ve todas las demás.
El comentario de Victor Velasco (Smedia) Confía en el lector, él completará”
Este es uno de los consejos que el personaje de Germán da a su alumno Claudio. Esa misma recomendación nos ha servido de guía durante el proceso de montaje: confiemos en el espectador, él completará. A nivel estructural y argumental, El chico de la última fila, es una obra, que como tantas otras de Juan Mayorga, gira en torno al concepto de posibilidad. ¿Y si en vez de pasar esto, pasara eso otro? El montaje pretende ser fiel a esa idea para, a partir de ahí, potenciar las demás virtudes del texto. Y es que de la naturaleza paradójica del teatro nace parte su “magia”. Magia por la cual el espectador ve un palo y entiende un fusil. La complicidad establecida con el espectador, a través de ese procedimiento polisémico, ha supuesto uno de nuestros mayores retos. Así, en nuestra propuesta espacial, el uso de una mesa pretende significar diferentes espacios, distintos mundos, opiniones, acciones, intenciones y deseos, que no siempre son visibles.

“Desde la última fila nadie te ve, pero tú los ves a todos.”

La obra nos habla también de la curiosidad que genera la observación de los demás. Y sobre cómo los diferentes puntos de vista condicionan dicha observación.

A este respecto, nuestra intención ha sido la de ofrecer al espectador la libertad para que su atención se centre en aquello que considere más oportuno, ofreciéndole el mayor número de puntos de vista posibles, y extendiendo el tema de la curiosidad del texto al patio de butacas.

De esta manera, el público puede observar las reacciones de cada personaje, no sólo en los momentos en los que está “en escena” sino en todo momento, sin estar dirigido más que por el transcurso de los acontecimientos y por su propia curiosidad. A mi juicio, el mayor placer que se puede sentir como espectador es el de ser cómplice de un código escénico determinado. Ojalá podamos compartir, aunque sólo sea un poco de esa complicidad con aquellos que ven la obra y que la conforman también, por qué no, a partir de su mirada.