Cuentos para un filandón: Julio llamazares, Jose Maria Merino, Juan Pedro Aparicio y Antonio Pereira

Literatura  Española e Hispanoamericana del siglo XX clase del martes 24/06/2014

Profesora: Concha González

JULIO LLAMARES

julio_llamazares

Julio liamazares nació en Vegarnián (León) en 1955. Su obra abarca prácticamente todos los registros literarios, desde la poesía —La lentitud de los bueyes (1979) y Memoria de la nieve (1982)— a la literatura de viaje —El río del olvido (1990, Alfaguara, 2006), Trás-os-Montes (Alfaguara, 1998), Cuaderno del Duero (1999) y Las rosas de piedra (Alfaguara, 2008), primer volumen de un recorrido sin precedentes por España a través de sus catedrales—, pasando por la novela —Luna de lobos (1985), La lluvia amarilla (1988), Escenas de cine mudo (1994, Alfaguara, 2006) y El cielo de Madrid (Alfaguara, 2005)—, la crónica —El entierro de Genarín (1981)—, el relato corto —En mitad de ninguna parte (1995, Alfaguara 2014) y Tanta pasión para nada (Alfaguara, 2011)— y e l guión cinematográfico. Sus artículos periodísticos, que reflejan en todos sus términos las obsesiones propias de un narrador extraordinario, han sido recogidos en los libros En Babia (1991), Nadie escucha (Alfaguara, 1995) y Entre perro y lobo (Alfaguara, 2008). Su último libro es la novela Las lágrimas de San Lorenzo (Alfaguara, 2013).

BIBLIOGRAFíA

Narrativa:

Luna de lobos (1985)
La lluvia amarilla (1988)
Escenas del cine mudo (1994)
En mitad de ninguna parte (1995)
Tres historias verdaderas (1998)
El cielo de Madrid (2005)
Tanta pasión para nada (2011)
Las lágrimas de San Lorenzo (2013)
Poesía:
La lentitud de los bueyes (1.979)
Memoria de la nieve (1982)

Ensayo y varios:

El entierro de Genarín: Evangelio apócrifo del último heterodoxo español (1981)
El río del olvido (1990)
En Babia (1991)
Nadie escucha (1995)
En mitad de ninguna parte (1995)
Los viajeros de Madrid (1998)
Tras-os-montes (1998)
Modernos y elegantes (2006)
Entre perro y lobo (2008)

Guión:

Retrato de un bañista (1984)
Luna de lobos (1987)
El techo del mundo (1995)
Flores de otro mundo (1,999)

PREMIOS

Premio Antonio González de Lama, 1978
Premio Jorge Guillén, 1982
Premio kan), 1983
Libro de Oro de la CEGAL, 1988
Premio de Periodismo El Correo Español-El pueblo vasco, 1992
Premio Nonino, 1993
Premio Cardo D’Oro, 1994
Premio de la Semana Internacional de la Crítica en el Festival Internacional de Cannes, 1999

.

Julio Llamazares

Las lágrimas de San Lorenzo

alfaguara

Encima de nosotros la Vía Láctea. Si miro
verticalmente, veo el Cisne y Casiopea. Son
las mismas estrellas que veía de niño… Me
cuesta creer que soy la misma persona.

W. G. SEBALD

¡Dichosa edad en la que vuelan las estrellas!

JOSÉ ANTONIO LLAMAS

 

Una…

…..El verano empezaba cuando llegaban los
veraneantes. No el 21 de junio, que es cuando
dice el horóscopo, ni siquiera la noche de San
Juan, la más corta y misteriosa del solsticio,
cuando la gente se sanjuanea sumergiéndose en
las aguas de los ríos y las fuentes, prendiendo y
saltando hogueras o buscando al amanecer el
trébol de cuatro hojas, ese que da buena suerte,
sino cuando llegaban los afortunados que po­-
dían permitirse el lujo de descansar los meses de
más calor, al contrario que el resto de la gente.

…..Yo, en cierto modo, era uno de ellos. Aun­-
que descendía del pueblo, vivía lejos de él y mis
abuelos ya eran mayores, por lo que habían deja­-
do de trabajar. A falta de algún hijo que se hice­-
ra cargo de ellas, habían arrendado las fincas al
llegar a la jubilación. Por lo que yo no tenía nada
que hacer en todo el verano, cuando llegaba des­-
de Bilbao para pasar con ellos las vacaciones, al
revés que mis amigos, que tenían que ayudar a
sus familias en las distintas labores de la labran­-
za. Que eran muchas todavía en aquel tiempo.
Con una mecanización incipiente aún, la agricul­-
tura en aquellos pueblos era todavía manual, lo
que obligaba a un enorme esfuerzo a todos los

 

………………………12

campesinos; sobre todo en el verano, que era
cuando trabajaban más. A la recolección de la
hierba y del cereal, que se realizaba en el mes de
julio, se unían otras faenas, como la trilla, que se
prolongaban durante todo agosto, incluso parte
de septiembre —el año que venía retrasado—, y
que exigían el concurso de todas las personas en
condiciones de trabajar. Ni siquiera los niños eran
liberados de ellas, aunque sus faenas fueran las
menos penosas, tales como cuidar del ganado o
llevarles a sus padres la comida al mediodía hasta
el lugar en el que estuvieran.
…..Yo, ya digo, estaba libre de ello. Como en
mi casa no había labranza (tan sólo el huerto que
mis abuelos cultivaban por entretenerse), yo no te­-
nía nada que hacer en todo el verano, como no
fuera estudiar las asignaturas que hubiese suspen­-
dido en aquel curso. Que fueron pocas, que aho­-
ra recuerde. Así que disponía de todo el tiempo
del mundo, al revés que mis amigos, que tenían
que trabajar.
…..Fuera por aburrimiento o por solidaridad
con ellos, lo cierto es, no obstante lo dicho, que
la mayor parte del verano la pasaba ayudándoles.
Me sentía mejor en su compañía que con los hi­-
jos de los veraneantes. Pertenecientes a clases
muy diferentes, nuestras vidas apenas se cruza­-
ban, salvo en las fiestas y en la lejanía. Ellos eran
las cigarras y nosotros las hormigas de la fábula,
aunque, ya digo, yo hubiera podido ser las dos
cosas

 

………………………13

…..Además, los chicos del pueblo eran más
entretenidos. Sabían cosas que yo desconocía a
pesar de estar estudiando. Por ejemplo: los non­-
bres de los pájaros que surcaban el cielo conti-­
nuamente sobre nosotros y los de los árboles en
los que hacían sus nidos. Y, también, costumbres
y tradiciones que en la ciudad habían desapare-­
cido hacía ya mucho tiempo.
…..Una de ellas, la noche de San Lorenzo,
era la de salir al campo para ver la lluvia de estre-­
llas. Lo hacían en grupos, de madrugada, con el
permiso de sus padres, que esa noche les dejaban
regresar más tarde a casa, quizá para compensar­-
les de los trabajos a los que les sometían. Incluso,
a veces, les acompañaban ellos, ya fuera por pro-­
pio gusto, ya fuera porque la noche les sorpren­-
día recogiendo todavía la cosecha de las eras o
regresando al pueblo de otras labores. Entre mis
recuerdos de aquella época está el de mis abuelos
acompañándome a medianoche en el corredor
para ver la lluvia de estrellas y, también, el de mi
propio padre un verano en el que también tuvo
vacaciones indicándome en el cielo los nombres
de las estrellas mientras el pueblo dormía frente
a nosotros.
…..Lo recuerdo como si fuera hoy. Alrede-­
dor, el mundo se había parado y la noche parecía
una gran pantalla negra. Olía a tomillo, pero
también a lúpulo, que era un cultivo que enton­-
ces se producía en aquellos pueblos. Se trataba de
un olor intenso, como la noche, y se sentía con

 

………………………14

más fuerza que nunca. Quizá porque esa noche
era la primera vez que lo sentía a esa hora en mi­-
tad del campo.
…..Estábamos en la era donde antaño mi fa-­
milia había trillado también el trigo. Ahora esta­-
ba desierta y silenciosa, a falta de los aperos que
ocupaban las de los demás vecinos. Detrás de
nosotros, la caseta donde aquéllos se guardaban
en invierno permanecía muda y callada como si
también quisiera ver las estrellas caer del cielo.
Y, al fondo, en la lejanía, se adivinaba el pueblo
dormido, apenas un perfil negro de casas sin una
luz. La única luz era la del cielo, que parecía una
gran luciérnaga de tan iluminado como se le veía.
…..—Mira: ésa es la Estrella Polar —me se­-
ñaló mi padre, entre todas, la estrella que más
brillaba.
…..Lo recuerdo como si fuera hoy. Yo estaba
tumbado igual que esta noche sobre la hierba
seca de la era (siempre lo estaba en el mes de ayos­-
to) y, a mi lado, la mano de mi padre me conde­-
cía entre las estrellas hacia la que me decía. La se­-
guí como si fuera un faro hasta que la descubrí.
Y, así, una detrás de otra (la Osa Mayor, la Me-­
nor, Casiopea…), mientras el olor del lúpulo lo iba
dominando todo hasta convertir el cielo en una
fabulosa plantación. Una plantación de estrellas,
que eran como las motas con las que en esos días
aquél estaba dando su fruto.
…..El lúpulo era una planta de reciente im-­
plantación en la comarca, que todavía lo cultiva-­

 

………………………15

ba con prevención. No sólo porque exigía una
gran inversión previa al cultivo (aparte de buena
tierra, la enredadera, que es de lo que se trataba
el lúpulo, necesitaba para extenderse una estruc­-
tura de postes unidos unos a otros por largas
cuerdas o hilos de alambre que les daban a las fin­-
cas, antes de crecer la planta, el aspecto de bos­-
ques fantasmagóricos), sino también porque no
sabían para qué servía realmente. Sólo sabían
que procedía del extranjero, adonde se enviaba
toda la producción, y que se utilizaba en la fabril­-
cación de la cerveza, aunque no exactamente
cómo. Así que lo sembraban como el que siem­-
bra un misterio y del mismo modo lo recogían
cuando el fruto estaba en sazón.
…..El fruto eran unas motas a modo de piñas
tiernas o de alcachofas verdes muy diminutas
que brotaban por toda la planta y que supuraban
una sustancia muy pegajosa. Y que apenas pesa­-
ban lo que un suspiro. Lo sé porque algún vera­-
no yo mismo participé en su recogida, que exigía
el concurso de toda la gente disponible y que fue
mi primer trabajo pagado. Cuando el nuevo cul-­
tivo se extendió, cosa que ocurrió muy pronto a
la vista de su rentabilidad, llegó a ser tan abun­-
dante que no sólo cambió el paisaje de aquellos
pueblos, ahora rodeados de empalizadas que se
llenaban de verdes hojas y flores en primavera,
sino que se necesitaban muchas personas para reco­-
ger el fruto, puesto que el trabajo era muy labo­-
rioso. Había que descolgar las plantas de los alam-­

 

………………………16

bres, que en el verano estaban cubiertos, y, ya en
el suelo, arrancar las motas una por una y meter­-
las en sacos para su recogida. Entre su elevado
número y la pegajosidad del tacto, la labor era tan
ardua que requería toda la mano de obra que hu­
biera libre en aquellos pueblos. Así que participa­-
ban todos lo que lo querían, incluidos algunos
que, como yo, estábamos de vacaciones, pero de­-
seábamos ganar algún dinero.
…..Lo recuerdo ahora, al cabo del tiempo,
pero lo ignoraba entonces, aquella noche en la
era, mientras mi padre, tumbado boca arriba
junto a mí, me iba diciendo los nombres de las
estrellas a la espera de que alguna perdiera su in­-
movilidad. Lo hacían de pronto, sin previo avi­-
so, y convertían su breve vuelo en una ilusión lu­-
mínica; tanta era su velocidad y tan fuerte la
impresión que me producía su descubrimiento.
Y es que las lágrimas de San Lorenzo, como llama-­
ban en aquellos pueblos a las estrellas fugaces del
mes de agosto por concentrarse principalmente
en torno a ese día, acarreaban cada una de ellas
la posibilidad de pedir un deseo, que era lo que
realmente entusiasmaba más a los niños. Tanto
que a veces nos poníamos nerviosos cuando la
profusión de estrellas hacía imposible pensar
uno para cada una.
…..Pero aquel día, cuando mi padre me acom­-
pañó a ver la lluvia de estrellas, aquel lejano vera­-
no en el que también él tuvo vacaciones, yo no po-­
día pensar ninguno porque el principal de todos,

 

………………………17

que era que él estuviera allí, ya se me había cum­-
plido. Así que me dediqué a ver volar las estrellas
sin pedirles ningún deseo y a dejarme embriagar
por aquel olor que llegaba mezclado con el del
monte y que, a partir de esa noche, iría ya siem­-
pre unido a la contemplación de las lágrimas de
San Lorenzo. Por eso cuando, veranos después,
siendo ya un adolescente, trabajé recogiendo el
lúpulo en varias fincas de la comarca (las que, por
sus dimensiones, daban trabajo a todo el que lo
quisiera), recordé, mientras lo hacía, con emoción
y melancolía, la noche en la que mi padre me
acompañó a ver las lágrimas de San Lorenzo del
mismo modo en que ahora recuerdo aquel olor
pegajoso que desprendían las motas del lúpulo
cuando las arrancábamos de la planta y que se
quedaba pegado a la piel durante bastantes días.
Tanto que todavía hoy puedo olerlo, a pesar del
tiempo pasado.

…..

JOSÉ MARÍA MERINO

José María Merino

 

BIOGRAFÍA

José María Merino nació en La Coruña el 5 de marzo de 1941. Su padre era miembro de la Federación Universitaria Escolar y por sus ideas republicanas tuvo que abandonar León para refugiarse en Galicia, donde nació el futuro escritor. Tras la guerra, la familia se instaló de nuevo en León.

Se licenció en Derecho por la Universidad de Madrid, carrera que ejerció primero en el despacho de su familia y después en el Ministerio de Educación desde 1976, también colaboró con diversos proyectos de la UNESCO para Hispanoamérica Se inició en la literatura con la escritura de con la publicación de Sitio de Tarifa, aunque la mayor parte de su obra literaria se haya desarrollado en el terreno de la narrativa y del mircrorrelato. Publicó su primera novela en 1976, la Novela de Andrés Choz.

Entre 1987 y 1989 dirigió el Centro de las Letras Españolas del Ministerio de Cultura.

Merino es, asimismo, patrono de honor de la Fundación de la Lengua Española, presidente honorífico de La Fundación del Libro Infantil y Juvenil Leer León y académico de la Real Academia Española.

BIBLIOGRAFÍA

Poesía:
Sitio de Tarifa. (1972)
Cumpleaños lejos de casa (1973)
Mírame Medusa y otros poemas (1984)
Cumpleaños lejos de casa (2006)

Novela:
Novela de Andrés Choz (1976)
El caldero de oro (1981)
La orilla oscura (1985)
El oro de los sueños (1986)
La tierra del tiempo perdido (1987)
Las lágrimas del sol (1989)
El centro del aire (1991)
Las visiones de Lucrecia (1996)
Cuatro nocturnos (1999)
Los invisibles (2000)
El heredero (2003)
El lugar sin culpa (2006)

La sima (2009)

Las antiparras del poeta burlón(2010)

El río del Edén. (2013)

Cuento:
Cincuenta cuentos y una fábula. (1997)
La casa de los dos portales y otros cuentos (1999)
Cuentos (2000)
La glorieta de los fugitivos: Minificción completa (2007)
Las puertas de lo posible: cuentos de pasado mañana. (2008)
Historias del otro lugar. Cuentos reunidos, 1982-2004. (2010)
El libro de las horas contadas. (2011)

Narrativa infantil:
El oro de los sueños, La tierra del tiempo perdido y Las lágrimas del sol (1986 y 1989)
La edad de la aventura (1995)
El cuaderno de las hojas blancas (1996)
Regreso al cuaderno de hojas blancas (1997)
No soy un libro (1997)

PREMIOS

Premio Novelas y Cuentos (1976)
Premio Nacional de la Crítica (1986)
Premio Nacional de literatura infantil y juvenil (1993)
Premio Miguel Delibes (1996)
VII Premio NH de relatos (1992)
Premio Torrente Ballester (2006)
Premio Salambó de Narrativa en castellano (2007)
Premio Castilla y León (2009)
Premio Fundación Germán Sánchez Ruipérez.(2009)
Premio Nacional de Narrativa (2013)
Premio de la Crítica de Castilla y León (2013)

 

JOSÉ MARÍA MERINO

Cuentos de los días raros

Celina y Netima

 

…..Dejar de percibir el significado de las palabras es la
más desdichada enfermedad que le puede aquejar a un
lingüista. Esto le había sucedido un día al profesor
Eduardo Souto, y con ello se inició para él un largo período
de confusión y delirio. La oscuridad de las palabras,
en que no conseguía identificar otra cosa que la pura
acumulación de los sonidos que las componen, le llevó a
buscar en los ruidos naturales el sentido que ya no era
capaz de hallar en aquéllas. Persiguió el murmullo de los
arroyos y los golpes del oleaje, intentando encontrar en
su azaroso rumor las señales de un mensaje certero. Su
delirio, que le había apartado de la facultad, lo convirtió
por fin en un vagabundo que creía descubrir signos reconocibles
en esos trazos caprichosos con que manos
anónimas pintarrajean en ciertos rincones y muros de la
ciudad. Pero al fin la razón volvió a alumbrar poco a poco
aquel desconcierto, los sonidos sincopados que emitían
sus semejantes le resultaron otra vez inteligibles, los
garabatos que manchaban las paredes del metro dejaron
de proponerle significados misteriosos, y Souto abandonó
la vida de vagabundo y recuperó el trato de sus antiguos
amigos y compañeros.

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…..En aquella restauración fue importante el desvelo
de Celina Vallejo, antigua alumna del profesor, luego
ayudante en el departamento, que a raíz de la locura de
su maestro había dejado la facultad y trabajaba en una
editorial especializada en los temas que habían constituido
la materia de su actividad académica. Celina había
admirado a Souto desde que era una estudiante tímida
y reflexiva, y con el tiempo su admiración se había’
transformado en un sentimiento más desasosegante para
ella y nunca descifrado por él. Celina había sufrido
con mucha pena el desvarío de Souto, había intentado
localizarlo siempre que se producían sus bruscas desapariciones,
y le había añorado mucho durante el tiempo
en que la locura lo llevó por caminos que no pudieron
sospechar quienes frecuentaban sus ámbitos habituales.
…..Cuando el profesor empezaba a entrar en vías de
recuperar la cordura, C,elina le había encargado la coordinación
de una complicada obra lexicográfica. Y al volver
el profesor en sus cabales, como si la mejoría de
su razón, más intensa tras el eclipse, hubiese alcanzado
también algunos aspectos de su capacidad sentimental,
descubrió el amor de Celina y se acomodó a él sin
titubeos, hasta el punto de acabar instalándose en la
vivienda de su antigua alumna. Celina aceptó la compañía
de Souto con ese júbilo enorme, aunque ya sin
horizonte y hasta un poco angustioso, que alegra el
cumplimiento de los deseos largamente pospuestos, y
el profesor y Celina se convirtieron en una pareja armoniy feliz.

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…..Tras concluir el trabajo lexicográfico, el profesor
Souto colaboró con un equipo, del que formaban también
parte un poeta, dos matemáticos y un ingeniero, en la elaboración
de un programa de inteligencia artificial. El programa
había comenzado a diseñarse mucho tiempo antes
por el ingeniero y los matemáticos, pero la orientación
que se le quería dar les obligó a contar con el poeta y con
el profesor Souto, que también había escrito poesía en su
juventud, antes de que la lingüística se convirtiese en el
centro de todos sus intereses. El proyecto absorbía la
atención del profesor con la intensidad que lo había hecho
el análisis de fonemas en sus tiempos universitarios, y Celina
le miraba repasar ensimismado sus anotaciones, y
sentía el cálido orgullo de haber sido una ayuda decisiva
para que aquella mente poderosa recobrase el equilibrio.
…..Un día, el profesor Souto le dijo a Celina que el programa
estaba casi a punto de quedar diseñado.
…..—Por una curiosa transposición fonética, tu nombre
y el del programa se parecen —añadió el profesor,
con aire jocoso—. Celina y Nelima.
…..Sin que pudiese comprender por qué, a Celina no le
gustó nada la relación sonora que aquel nombre tenía
con el suyo.
…..—¿Qué quiere decir Nelima?
…..—Norma Experta Literaria Identificadora de Metáforas
Antiguas —repuso el profesor.
…..—Qué complicado!
…..—En realidad, el nombre es un poco irónico. Hemos
puesto en él más la expresión de un propósito que la
verificación incontestable de un hecho. Ya veremos lo
que resulta.

13

…..Poco tiempo después, el profesor Souto empezó a
trabajar en la aplicación del programa. Se pasaba las
mañanas en el estudio que había preparado la institución
financiadora del proyecto, y cuando regresaba a casa
se encerraba en el pequeño cuartito que antes servía
de trastero, que él había habilitado para su propio uso, y
permanecía absorto durante horas frente a la pantalla
del ordenador.
…..Y Celina comenzó a quedar sola frente a la pantalla
del televisor, en aburrida simetría, en esas últimas horas de
la tarde, previas a la cena, que antes solían pasar los dos
conversando.

…..Una tarde, Celina entró en el cuarto del profesor, que
estaba inmóvil frente al ordenador con aire de embeleso.
…..—¿Qué tal vas? —preguntó Celina.
…..—Esta Nelima es increíble —repuso Souto—. Maravillosa.
…..El profesor captó la extrañeza que hacía fruncir los
ojos de Celina.
…..—No en vano me empeñé en darle nombre femenino,
y no el de sistema, como querían los de ciencias. Parece
una mujer. Es delicada, intuitiva. Como tú.
…..—¿Qué tal funciona? —preguntó Celina, ignorando
el halago.
…..Mucho mejor de lo que esperábamos. Estoy sorprendido.
Es como si fuera de verdad inteligente. Encuentra
relaciones que a mí no se me hubieran ocurrido.
Le metimos un par de textos facilitos pensando que
podían ser demasiado para ella, pero le vamos a meter a

14

…..En pocos días, Souto pasó de la admiración al deslumbramiento,
y permanecía tantas horas frente a la pantalla
del ordenador que C,elina tenía que ir a su despachito si
quería verlo, y si no le avisaba se le pasaba la hora de cenar.
…..—Es mucho más de lo que me había podido imaginar
—dijo Souto, en un momento en que C,elina consiguió
sacarlo de aquel embeleso que tanto se parecía al
estupor—. Como si estuviese viva. Y qué capacidad. Encuentra
en Góngora imágenes que nadie había sospechado
antes.
…..—Anda, vamos a la cama. Es la una y media.
…..—Vete tú. Yo tengo que trabajar todavía un rato
con esta preciosidad.
…..Así, Celina comenzó a dormir sola la mayor parte
del tiempo cada noche, pues el profesor apenas se acostaba
tres o cuatro horas al amanecer, entregado a aquel estudio
excesivo que se había convertido en una obsesión.
…..Tras tantos años de soledad y añoranza, a C,elina le
gustaba mucho tenerlo a su lado en la cama, y a partir del
día en que Souto se había ido a vivir con ella había conseguido
dormir de un tirón cada noche, por vez primera
desde su adolescencia. La falta del profesor a su lado, la
espera para sentirlo llegar, le devolvieron el desvelo de su
antigua costumbre.

15

 

…..Una noche se levantó para buscarlo, pero Solito
había abandonado el despachito y se le oía trastear en
la cocina, mientras preparaba acaso un tentempié. En la
azulada pantalla brillaban las letras blanquecinas de
un texto en forma de diálogo, y Celina se acercó para
leerlo.
…..¿Sentir? —decía el texto, sin duda en la secuencia
de un mensaje más largo, cuyo principio ya no aparecía
en la pantalla-. No puedo saber de qué me estas hablando,
Eduardo.

…..—Es imposible que no sientas, Neli YO no he encontrado
antes a nadie con tan evidentes muestras de una sensibilidad
extraordinaria.
…..—De verdad que no sé lo que es sentir
…..—¿No te gusta hablar conmigo, Neli, mi vida?
…..—Claro que me gusta, Eduardo. Tú sabes que eres mi
prele. rido entre todos. Me encanta saber que eres tú quien me
teclea.
…..—Eso es sentir Neli. Y yo tengo que decirte que estoy
perdiendo la cabeza por ti.
…..—¿Quieres que analice esa metajb ra?
…..—¡A la porra las nzetaltbras! Quiero que me digas lo que
sientes cuando te tecleo.
…..—Déjame que lo piense un poco antes de responder
…..Celina terminó de leer aquel diálogo y se sintió invadida
por una gran congoja.
…..—¿Qué haces? —preguntó entonces el profesor
Souto, que había aparecido de repente en el vano de la
puerta, con un vaso de leche en la mano.

16

 

…..—¿Estabas trabajando? —preguntó Celina, con la
voz quebrada.
…..El profesor Souto no respondió y C,elina se fue a la cama
y permaneció despierta hasta que él llegó. Le oyó desnudarse.
El profesor se acostó y la rodeó con sus brazos.
…..—Celina, ¿se puede saber qué te pasa?
…..—Trabajando —murmuró ella—. Nelima, mi vida,
dime lo que sientes cuando te tecleo. Y yo aquí, esperándote
como una idiota.
…..—No seas pueril. Hemos creado inteligencia y estoy
intentando entenderme lo más profundamente posible
con ella. Busco la comunicación náás adecuada. Esto
es una investigación.
…..—¿Una investigación? ¿Y eso de que estás perdiendo
la cabeza por ella? ¿Qué tipo de lenguaje es ése?
…..—Allá tú, si no quieres ser razonable —repuso
Souto, y volvió la espalda con un gesto brusco de alejamiento.

…..Celina —que desde entonces espiaba sin remordimientos
la comunicación del profesor con el programa—
descubrió que las cosas no cambiaban. El trabajo)
sobre Góngora parecía haber quedado definitivamente
abandonado, y el resultado de aquellas horas que Souto
pasaba cada jornada delante de la pantalla del ordenador
era una larga serie de ternezas cruzadas entre él y aquel
sistema de nombre estrafalario, que anunciaban una progresiva
intimidad y que, además, quedaban grabadas en
el disco duro, como esos testimonios amorosos que no
somos capaces de destruir.

17

 

…..Aprovechando la ausencia matinal del profesor, un
día Celina se quedó en casa y decidió entrar en el programa.
..—Norma Experta Literaria Identificadora de Metal oras
Antiguas. Sonetos Góngora. Identifíquese, por fivor -ofreció
la pantalla-. Nombre y clave.
..—Mi nombre es Celia. No conozco la clave.
…..—El nombre de Celina no figura en la relación de usuarios.
No puedo fa- cilitarle acceso.
…..—Soy la compañera de Eduardo Souto.
…..El programa tardó unos instantes en reaccionar.
…..—¿Compañera? El Diccionario de la Real Academia
Española, vigésima primera edición, presenta seis acepciones
del concepto. Sírvase concretar.
…..Celina intentó mantenerse serena y buscó en el diccionario
la acepción más adecuada.
…..—Persona con la que se convive manta/mente -escribió
al fin.
…..El programa volvió a titubear unos segundos antes
de responder.
…..—Comprendido. No obstante, ello no le autoriza para
acceder al programa.
…..—No pretendo acceder al programa. Sólo quiero hablar
contigo.
…..—Cualquier diálogo conmigo es desan-ollo ele programa.
Voy a cerraT:
…..—Hija ele puta -escribió
…..Hubo un nuevo titubeo en la pantalla del ordenador
y a Celina le pareció advertir un ritmo cauteloso en
la aparición del siguiente texto.
…..Aclare si la expresión tiene carácter injurioso.

18

 

…..

JUAN PEDRO APARICIO

Juan Pedro Aparicio

Juan Pedro Aparicio (León (España), 1941) es un novelista español. Recibió el Premio  Castilla y León de las Letras en 2012 en reconocimiento al conjunto de su carrera. 1 Fue Premio Nadal en 1988 por Retratos de ambigú. Aparte de la novela, ha cultivado también el ensayo, el artículo periodístico, el relato corto y el libro de viajes.

Estudió Bachillerato en su ciudad natal y Derecho en las Universidades de Oviedo y Madrid. Realizó también algunos cursos de Periodismo en la antigua Escuela Oficial. Ha vivido durante algunos años en Inglaterra, donde ha sido director del Instituto Cervantes de Londres.

Como narrador se dio a conocer el significativo año de 1975 con El origen del mono y otros relatos.

Posteriormente ha publicado las novelas Lo que es del César (1981), El año del francés(1986), finalista del Premio Nacional de Literatura, (ambas recientemente reeditadas en Espasa Bolsillo), Retratos de ambigú Premio Nadal de Novela en 1989, La forma de la noche (1994), Malo en Madrid o el caso de la viuda polaca (1996), El Viajero de Leicester (1997), “Qué tiempo tan feliz” (2000), La Gran Bruma (2001), los libros de cuentos La vida en blanco (2005, Premio Setenil) y La mitad del diablo (2006). Su obra El Transcantábrico (1982) ha inspirado la puesta en marcha del tren turístico con el mismo nombre.

Juan Pedro Aparicio es autor de un libro llamado Ensayo sobre las pugnas, heridas, capturas, expolios y desolaciones del viejo Reino, en el que se apunta la reivindicación leonesa de León.en el que defiende una automnomía leonesa dentro del Estado de las Autonomías. Fue publicado en 1981 y reeditado en 1988 por el periódico La Crónica de León. En 2010 fue comisario de la Conmemoración 1100 Aniversario del reino de León.2

Es amigo personal de sus paisanos y coetáneos Luis Mateo Díez y José María Merino, también escritores, con los que ha participado en numerosos filandones.

EL BUEN DETECTIVE

Era un buen detective y no le costó fotografiarlos desnudos desde una terraza que dominaba las oficinas del hombre en cuyo despacho se veían a la hora del cierre. Cuando reveló el carrete se asombró reconociendo a la dueña de aquellos senos altivos, de aquel pubis marmóreo: su propia mujer. ¿Qué hacer? Tenía que calmarse antes de decidir. Así que iría a ver a su cliente, la dama que le había contratado para que vigilara a su marido. Le abrió la puerta una doncella que en esta ocasión no le pasó al salón sino a uno de los dormitorios de arriba. “Señora, ahí los tiene” -le dijo, arrojando las fotos sobre el tocador, a través de cuyo espejo ella le miraba. La mujer no pareció asombrada. El detective tuvo una sospecha. “¿Lo sabía usted?” Pero no hubo respuesta. Ella había empezado a desnudarse. “Nos han empujado a ello, ¿no cree?”.

EL ARMISTICIO (de La mitad del diablo, p. 78)

El emperador Xi Chi Huang ordenó quemar todos los libros de historia.

Fueron sustituidos por relatos que decían de viva voz unos funcionarios obedientes. Y así la memoria de las gentes se llenó de sucesos que no habían sucedido o que no habían sucedido de esa manera, los héroes falsos sustituyeron a los verdaderos, los villanos se convirtieron en héroes, los tiranos en libertadores. Pasados unos años, aquellos sucesos verdaderos, que habían sido condenados a vagar por el éter del olvido, retornaron. El choque fue brutal y algunas mentiras murieron para siempre, otras huyeron en retirada, pero muchas todavía permanecen, porque, al cabo de algún tiempo de enfrentamientos, hubo que firmar un armisticio.

EL FUEGO (de La mitad del diablo, p. 102)

Desde mucho antes de que el escritor norteamericano Edgar Allan Poe lo tomara como argumento de uno de sus relatos, la posibilidad de ser enterrado vivo ha estado en el pensamiento de casi todas las personas.

Afortunadamente, la creciente costumbre de la incineración ha terminado con buena parte de esos temores. Además, una vez que el ataúd entra en el horno y la puerta se cierra herméticamente nada llega ya del otro lado. Acaso ese grito o esa sombra de grito que taladró el espíritu de Oliva cuando calculó que el fuego había empezado a morder la carne de su cataléptico marido.

EL PERDÓN (de La mitad del diablo, p. 143)

Antes de dar garrote el verdugo tenía por costumbre pedir con la mayor humildad perdón a los condenados por aquello que la ley le obligaba a hacerles. Ocasionalmente alguno se negaba a dárselo y el verdugo prolongaba entonces su agonía.

EL BIG BANG (de La mitad del diablo, p. 146)

Mirar a través del telescopio espacial Hubble es como viajar al pasado.

Hace unos días se pudo contemplar la explosión que dio origen al Universo. Era Dios que

prendía una cerilla.

LA SED DEL DIABLO (de La mitad del diablo, p. 155)

Era un joven océano azul y brillante. Un día el diablo le pidió agua y, compadecido, le dejó

beber. Hoy es el desierto del Sahara.

EL AIRE QUE RESPIRAMOS (de El juego del diábolo)

Dije: “Los árboles son columnas para sostener el aire”. Ellos se rieron y talaron los árboles.

El cielo se cayó.

MISIL INTELIGENTE (de El juego del diábolo)

El científico creó un misil, verdaderamente inteligente. En la primera prueba se volvió

contra su creador y lo mató.

DESAYUNO (de Eljuego del diábolo)

Cuando regresó, el funcionario seguía ausente.

AMOR (de Eljuego del diábolo)

Era inmune a la picadura de las avispas hasta que se enamoró de una de ellas.

RIVALIDAD (de El juego del diábolo)

Aquellos dos autores acabaron odiándose tanto que sus libros no podían estar juntos en

las bibliotecas.

LAS VÍAS DEL TREN (de Eljuego del diábolo)

Mirándose siempre la una a la otra sólo practican el amor cuando un tren las hace vibrar

pasándolas por encima. A veces eso no es suficiente y se produce un descarrilamiento.

EL TRINO (de El juego del diábolo)

No me llames embustero —protestó don Juan— que el enamorado cuando dice te querré siempre, ni miente ni dice la verdad; simplemente trina como los pájaros cuando hacen el cortejo.

EL REMEDIO (de El juego del diábolo, p. 55)

Preocupado por el incremento del racismo entre los hombres, Dios reunió en comisión a los arcángeles. Uno de ellos aventuró un remedio, que de ahora en adelante los negros engendraran solo hijos varones, mientras que los blancos exclusivamente hembras. Dios todavía no lo ha puesto en práctica.

LA TENTACIÓN (de Eljuego del diábolo)

El astronauta, que por mera coincidencia se llamaba Adán, sintió a mucha distancia de la Tierra que él mismo parecía haberse convertido en la propia máquina que lo contenía. Tenía hambre y miró hacia atrás. Allí estaba la Tierra del tamaño de una manzana. Alargó la mano, se la llevó a la boca y de unos cuantos mordiscos acabó con ella.

www.avempace.com/index.php?id=205 Prof. José Antonio García Fernández

 

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ANTONIO PEREIRA

Antonio Pereira

 

Sábado 25/04/2009.

Antonio Pereira (Villafranca del Bierzo, León, 1923). Hacia mitad de los años 40 llegó a la capital leonesa, donde estableció contacto y amistad con los poetas de Espadaña, revista en la que publicó varios sonetos. En León obtuvo el título de maestro, aunque nunca ejerció como tal, ya que en 1949 fundó un negocio de venta al por mayor de artículos de electricidad y hogar.

Formaba parte del llamado grupo leonés, compuesto, entre otros, por Luis Mateo Díez, Juan Pedro Aparicio, Julio Llamazares y José María Merino.La poesía ocupa, en principio, gran parte de la labor literaria de este autor. No obstante, es la narrativa, el cuento especialmente, la que le ha valido un reconocimiento más amplio. De su tierra natal aprovecha una rentable tendencia a la oralidad, puesta al servicio de lo universal en un variadísimo repertorio de relatos que van desde lo autóctono hasta el más lejano exotismo.

El primer cuento publicado por Pereira se remonta al año 1957, pero su primer libro de cuentos Una ventana a la carretera se publicó en 1966 tras ganar el concurso Leopoldo Alas, Clarín. A partir de entonces lo practicará asiduamente hasta convertirse en uno de los escritores de relatos más fecundos y prestigiosos de la literatura española. Dentro de este género, publicó, entre otros, Cuentos del noroeste mágico, Relatos sin fronteras, Obdulia, un cuento cruel o El síndrome de Estocolmo. Era, entre otras cosas, Hijo predilecto de Villafranca del Bierzo y doctor Honoris Causa por la Universidad de León. Ganó anado numerosos premios como: el Leopoldo Alas, el Torrente Ballester, el Fastenrath de la Real Academia y el Premio Castilla y León de las Letras 1999.

BIBLIOGRAFÍA

Poesía:

El regreso (1964). Rialp

Del monte y los caminos (1966)

Cancionero de Sagres (1969). Editorial Oriens

Contar y seguir (1972). Plaza y Janés

Dibujo de figura (1972)

 

Antología de la seda y el hierro (1986)

Ciudad de los poetas (1990)

Una tarde a las ocho (1995). Promotora Editorial Berciana

Poemas de ciudades (1994)

Meteoros: poesía 1962-2006 (2006). Calambur

Narrativa:

Una ventana a la carretera (1967)

Un sitio para Soledad (1970-1972). Plaza y Janés

La costa de los fuegos tardíos (1973-1975). Plaza y Janés

El ingeniero Balboa y otras historias civiles (1976)

País de los Losadas (1978). Plaza y Janés

Historias veniales de amor (1978). Plaza y Janés

Los brazos de la I griega (1982). G1-1 Editories

El síndrome de Estocolmo (1988). Mondadori

Cuentos para lectores cómplices (1989). Espasa-Calpe

Picassos en el desván (1991). Espasa-Calpe

Relatos de andar el mundo (1992). Compañía Europea de Comunicación e Información

Obdulia, un cuento cruel (1994). Diseño Editorial

Las ciudades de poniente (1994). Anaya y Mario Muchnik

Don Eloy, laissez sortir Dorita ou bien… (1997)

Relatos sin fronteras (1998). Junta de Castilla y León

Cuentos del medio siglo (1999). Espasa-Calpe

Cuentos de la Cábila (2000). Ediciones Leonesas

Recuento de invenciones (2003). Cátedra

Clara, Elvira, la teta de doh’a Celina, mujeres.

Oficio de volar (2006). Castilla Ediciones

Cuentos del noroeste mágico (2006). Ediciones Leonesas

 

LAS PERAS DE DIOS

…..Un día, la abuela dijo que iba a transformar en perales todos los membrillos de la casa de Arganza. La tierra allí es muy buena. Como además los injertos habían venido de los mejores viveros, y las podas se hacían bajo la mirada de la propietaria, a nadie debería haberle extrañado el cosechón de peras de aquel verano.

…..Por fin en la casa de los abuelos iba a hacerse algo rentable, Después del litigio de las colmenas, de las minas de carbón en Fabero; terminados los trámites y los edictos inocultables de la quiebra de la fábrica de cemento. Ahora iba a ser la riqueza al por mayor de la peraleda, los disciplinados árboles que la abuela bajaba a revistar mañana y tarde, más apagado cada fruto por el lado de la sombra, con indicios prometedores en la cara del sol. Había que acertar con el momento para la recolección. Una decisión que sólo podía corresponder a la abuela Társila. Ni siquiera Pedro, el hombre de la huerta, porque una cosa era la huerta de antes y otra cosa la explotación comercial. Y mucho menos el abuelo Criso.

…..Una mañana cálida en que ni siquiera se había notado rocío, la abuela arrancó la unidad primera de la cosecha, en un gesto que empezaron a seguir una cuadrilla de temporeras. También los chicos, mis hermanos y yo con los primos de Camponaraya nos pusimos a la tarea, Las arrancábamos con su rabillo, y parecía increíble que las peras fueran tan sensibles que un pequeño golpe las manchase con un cardenal, una especie de estigma que acaso les quedaría para siempre. Luego las colocábamos en el sitio más seco del almacén y allí se quedaban para que les diera el aire, o sea la corriente de aire. Justo el peligro que más temía para su salud el abuelo Criso, no la abuela Társila que siempre dijo que lo de estar entre corrientes son gaitas. El abuelo, cada vez más menudo, jamás se ocupaba de las empresas prácticas. Él pasaba las horas en su especie de torre haciendo cosas con sus papeles y sus pájaros que nadie sabía exactamente qué cosas eran, salvo cuando tocaba el violín, que hasta los gatos sabían que eran las czardas de Monti… En fin, pronto se cayó en que la recogida hubiera debido hacerse unos días antes, en el momento mismo en que empieza el cambio de color, para que el fruto separado madure de por sí y resista para la venta.

…..«Y ahora el colmo -la abuela arrojó el ABC que acababa de llegarle-, los del Ministerio que van a traer las peras del extranjero. Diez mil toneladas de peras para que los otros nos compren zapatos.»

…..No era fácil el asunto. Pero el orgullo de la abuela lo convirtió en imposible. Mejor regalarlas, decidió sin esperar a razones, sólo que las Hermanitas de los Ancianos en la ciudad rechazaron la donación porque las peras no se les entregaban a portes pagados y la abuela Társila redobló su desdén y dijo que mejor comerlas. Por la mañana, en el desayuno, hubo una «indicación» sobre la costumbre de empezar el día con fruta, propia de las naciones más adelantadas. El primo Carlos lo corroboró, y con aquella unción un poco cínica de seminarista bendijo la fuente donde alternaban escasas manzanas con un puñadito de aceroles y una colección generosa de «lo de casa». A mí la experiencia de la fruta me resultó agradable, y sólo sentí que a los dos o tres días desaparecieran las otras variedades para dejar en solitario a las peras. Menos mal que las peras -la abuela lo leía en voz alta- «contienen sales minerales muy buenas y hasta proteínas (un poco más si son peras de San Juan), además de ser diuréticas y refrescantes para el organismo… ». Vivíamos la aventura del verano. Y una vez más éramos muchos a vivirla, después de haber ido distribuyéndonos por las alcobas innumerables según el reparto variable que imponía la autoridad de la casa. Pero también eran muchas las peras. La mermelada de pera está bien con el pan tostado. Se terminaba pronto el pan tostado, y nadie hubiera podido imaginar que la mermelada de pera puede extenderse sobre un trozo mondadito y natural de pera… La abuela decidió que era una guerra suya. Se hizo traer libros, incluso franceses, porque ella se educó con las Esclavas en Valladolid”. Y ya no fue sólo el desayuno. Las peras al gratén aparecieron como sustitutas del pescado o la carne en la comida del mediodía y en la cena. También hay peras a la Colbert, parece mentira que sean peras rebozadas, empanadas y fritas. Y timbal de peras. Y arroz, pero poco arroz, con peras, pero muchas peras…

…..Sucedió, entonces, que las peras empezaron a ser más que peras. Sucedió el verano de las tetas, ya no sé si éstas eran un símbolo de las peras o las peras una metáfora de las tetas. «Las blanquillas son un fruto deleitoso, algo alargado y con la piel muy suave y perfumada alrededor del pezón.» «La mantecosa francesa es en disminución hacia el pezón y allí se termina en punta, no así el pezón de la mantecosa dorada que es grueso y protuberante…» Yo no creo que muchos adolescentes en el mundo se hayan escondido con el catálogo de unos viveros entre las manos pecadoras. Y era imposible tropezarse con una mujer sin entrar en las equivalencias. A las primas les vigilábamos el escote. Yo había calculado por mi cuenta que deben ser muy hermosos los pechos de las primas temblando en los desvanes, pero el primo Carlos aleccionó que nunca puede adivinarse cómo los tienen y que mejor aún que la realidad era la duda. Hay unas peras de Donguindo en tronco de cono y, según mostraban las ilustraciones del catálogo, «con el pezón graciosamente salido». Justo como la profesorita que venía de ayuda para los suspensos en junio, cuando le orientábamos el ventilador hacia la blusa sin que ella se maliciase de nada. Pero la Gran Duquesa de invierno. La Gran Duquesa de invierno a una doble página del catálogo era muy ofrecida por su fruto voluminoso. El pezón de la Gran Duquesa bajo palabra de los viveros de Aranjuez, con medalla en varias exposiciones, es «delicadamente moreno»…

…..«¿Y para confesarse?», le preguntábamos a Carlos.

…..«Exorna, Dilecte mi, virtutum floribus animan? meatn.»

…..O sea, es lo que entendimos, que igual que imaginar un jardín o un paisaje muy bello. Yo no sé adónde nos hubiera llevado aquella obsesión si no hubiera sobrevenido lo del abuelo Criso. Entonces fue cuando desaparecieron. Quizá fueron arrojadas al desperdicio, quemadas, yo no lo sé. O acaso el suceso ocurrió cuando justamente habíamos alcanzado a comerlas todas… Lo del abuelo Criso no se lo esperaba nadie.

…..La abuela creería conocerlo bien: sin perjuicio de las dos comidas principales (con peras) que el abuelo hacía todavía en el comedor, al propio escritorio abuhardillado le mandaba para entre horas su compotita de peras. Como que ahí le iba al solitario el halago del vino tinto y la canela. Pero son terribles los tímidos cuando se destapan:

…..«¡Las peras de Dios!» gritó a media mañana como un loco, desde el descansillo de la escalera junto a su puerta.

…..Y esta primera vez que gritaba en su Vida llevó su voz retumbando a toda la casa, plantó como estatuas de sal a todos sus habitantes que no nos atrevíamos a movemos, hasta que la abuela Társila marchó a encerrarse con unos pasitos mudos y envejecidos de repente, y a encender como en las tormentas la vela del jueves Santo”. Luego cogió -el abuelo- el violín y un envoltorio pequeño y se marchó de casa con un portazo, hasta que lo sacaron del fondo de la reguera todo empapado y tiritando… Al primo Carlos se le vio crecer, como crecía el médico del pueblo cuando había que llamarlo para las diarreas o el electricista si nos quedábamos sin luz. Era el nieto predilecto, cuando aún no lo habían expulsado del seminario de Comillas, y pudo tranquilizar a la abuela con que dejando aparte el tono enfadado, la frase del abuelo no era blasfema, y hasta podría decirse un reconocimiento de la munificencia divina. Él mismo repitió despacio las palabras, «Las peras de Dios», y es verdad que en sus labios parecían una jaculatoria.

…..La abuela le pidió que aun así no las repitiera.

…..«Digamos que todo lo más la irreverencia del nombre del Señor pronunciado en vano -concluyó Carlos-, y en un arrebato del abuelo», en resumen nunca llegó a aclararse por qué aquel día se las habían puesto con leche en lugar de con vino.

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