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Con la visita de Antonio Muñoz Molina (Úbeda, Jaén, 1956) y el debate de su novela Sefarad, concluye el ciclo de “Clubes de Lectura con Autor” de este año en el Instituto Cervantes de Milán.

El 2014 ha sido un año de prolíficas lecturas, donde el exilio y la violencia se han erigido como temas centrales. En la orilla (Rafael Chirbes), El libro de los viajes equivocados (Clara Obligado), La habitación oscura (Isaac Rosa), La tristeza del samurái (Víctor del Árbol) son algunos de los libros en torno a esta temática que han sido objeto de discusión por los integrantes del club de lectura. Sefarad -una obra coral que narra distintas experiencias reales y ficticias de desarraigo, expulsión, expatriación y opresión- ha venido a aportar la particular visión del tema del escritor ubetense y a cerrar magistralmente el ciclo.

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La trama de Sefarad se centra en tres contextos históricos bien definidos: la expulsión de España de los judíos en 1492, las huidas y deportaciones provocadas por el nazismo y el estalinismo, y el exilio republicano español durante o tras la guerra. Pero en sus páginas también convoca a los exiliados políticos provenientes del cono sur o de la dictadura de Ceausescu. La novela retrata también otras formas de expulsión, tales como el rechazo familiar y amoroso, la pobreza, o el autoexilio, tal es el caso del ensimismamiento típico de quienes se encuentran realizando una actividad creadora. Sefarad narra el exilio mediante sinécdoque, pero tiene vocación enciclopédica e intenta abarcar todo el fenómeno en sus diversas dimensiones: política, social, económica y psicológica.

El epígrafe inicial de la novela pertenece al libro “El proceso” de Franz Kafka (“Sí”, dijo el ujier, “son acusados”. “¿De veras”, dijo K. “Entonces son compañeros míos”). El autor checo es un magnífico maestro de ceremonias porque ha experimentado en carne propia mucho de lo anteriormente enunciado. Kafka: judío, escritor, amante, enfermo, incomprendido por su padre; Kafka: el escritor checo que escribía en alemán.

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Si bien la charla se desarrolló principalmente en torno a la novela, el autor abordó también otras temáticas, como la situación política-económica actual de España. De suerte tal que Sefarad funcionó como una metáfora que evoca no sólo la España de la tierra perdida por los judíos expulsados hace siglos, sino también la España de las épocas de bonanza y estabilidad económicas

Milena Jesenská, Walter Benjamin, la Pasionaria, Primo Levi, Evgenia Ginzburg son algunos de los personajes reales cuyas vidas Muñoz Molina retrata con precisión y una enorme condensación poética, razón por la cual el encuentro en la biblioteca se pobló de preguntas acerca de las técnicas de escritura, la dificultad de narrar lo real y la función de la intertextualidad. El arte pictórico y, en particular, el “Retrato de una niña” de Velázquez que aparece en el capítulo final de Sefarad, también fueron objeto de preguntas y debate.

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Sefarad es una novela enorme que trasciende la pura ficción para erigirse en una especie de placa de bronce, como la que recuerda a los muertos, que nos informa de las bajas causadas pero también nos advierte del peligro. Porque como decía Primo Levi: “hay que saber lo que pasó, porque fue posible y puede volver a ocurrir”. Escrita con un tono melancólico, deprimente, que no da respiro, Muñoz Molina nos demuestra la cruda verdad: todos podemos ser víctimas, pero también verdugos. A pesar del desasosiego que produce, los lectores estamos agradecidos.

Valeria Correa Fiz