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¡Que vuelva a nacer la tierra!
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Hace unos días fuimos al Palazzo della Ragione de Milán a ver la exposición Génesis de Sebastiäo Salgado curada por su mujer Lélia Wanick Salgado. Casualmente en un cine de Milán proyectaban el documental que realizó Wim Wenders con Juliano Salgado, hijo de la pareja, sobre la obra de este inmenso fotógrafo. Así que decidimos ir a verlo.

La exposición muy impactante, no conocíamos a este fotógrafo, es posible que hubiéramos visto algunas de sus fotografías, pero sin saber que eran obra suya. Nuestra intención era ver una exposición de fotos a la que le quedaban pocos días (ahora está en el CaixaForum de Barcelona hasta el 8 de febrero de 2015) y que nos habían dicho que era muy bonita, así que decidimos desafiar las colas e ir a verla. Preciosas las fotos, es más, diría que son esenciales. Al principio (la primera parte trataba del sur del planeta), vimos unas imágenes de la naturaleza absolutamente excepcionales hasta el punto de que uno se pregunta cómo fue posible sacarlas.Papou hilare de Nouvelle-Guinée brandissant son koteka (étui pénien) Prosiguiendo el recorrido, se veían también pueblos indígenas incontaminados por nuestra  “civilización” moderna que Salgado inmortaliza en la práctica genuina de sus usos y costumbres. Una foto me impactó particularmente, la de un papú de Nueva Guinea, risueño mientras está blandiendo su koteka (estuche peniano) delante de sus compañeros.

Con su proyecto Génesis, Sebastião Salgado  busca los orígenes del mundo y del planeta que habitamos. Está compuesto por 245 fotografías presentadas en cinco apartados: los confines del sur, los santuarios, África, las tierras del norte y la Amazonia. Descubrimos muchos tesoros: las especies animales y los volcanes de las Galápagos; los pingüinos, los leones marinos, los cormoranes y las ballenas del Antártico; los caimanes yacaré y los jaguares de Brasil; los leones, leopardos y elefantes africanos; la tribu de los zo’e, aislada en lo más profundo de la selva amazónica; la neolítica etnia korowai de Papúa Occidental a la que pertenece el tipo sonriente al que hice referencia antes; los nómadas ganaderos dinka en Sudán; los trashumantes nenets y sus manadas de renos en el Círculo Polar Ártico; las comunidades selváticas de los mentawai en las islas al oeste de Sumatra; los icebergs del Antártico; los volcanes de África Central y de la península de Kamchatka; los desiertos saharianos; los ríos amazónicos Negro y Yuruá; las gargantas del Gran Cañón; los glaciares de Alaska… y otras cosas más.

Esta exposición esencial nos recuerda que hay regiones vastas, remotas e intactas, en las que sigue reinando la naturaleza. Una naturaleza que los hombres  aceptan como un medio en el que se integran sin violentarlo.  Las fotografías de Génesis pretenden revelar esta belleza y representan un homenaje a la fragilidad de un planeta que todos tenemos el deber de proteger.

Cuando salimos de lo que creíamos que iba a ser una simple exposición de fotos bonitas, nos dimos cuenta de que esta pareja nos había suscitado una profunda reflexión, así que cuando supimos del documental sobre los Salgados no dudamos en ir a verlo.

Se trata de la película que Wim Wenders, también fotógrafo, realizó con el hijo de Salgado, Juliano, que acompañó a su padre en sus últimas travesías. Por una buena parte, la cinta se dedica a ilustrar los viajes que hizo Salgado durante estos treinta últimos años para realizar sus libros más importantes.

La_sal_de_la_TierraMientras el fotógrafo hojea sus obras recuerda lo que hizo para realizarlas y el contexto en el que las llevó a cabo, lo que permite captar, detrás de la imagen, la realidad histórica en su crudeza más obscena. Desde las minas de oro de Serra Pelada (50 000 hombres hormigueando  en un inmenso agujero en busca de una pepita), hasta los campos  de refugiados en Etiopía   durante la hambruna,  pasando por los éxodos rwandés y yugoslavos. La obra de Salgado representa la diversidad de los destinos humano, una falsa diversidad, porque los sufrimientos africanos y europeos se corresponden, demostrando, si fuera necesario, la unicidad de los hombres ante la guerra, el miedo y la muerte. Viendo paso a paso sus fotos, uno no puede más que emocionarse al igual que hace él, conmoverse y al mismo tiempo indignarse. Los eventos los conocíamos, pero el modo en que Salgado nos los muestra perturba nuestras  buenas consciencias. En blanco y negro las fotos nos enseñan la continuidad en la crueldad y que el holocausto no se ha acabado aún.

El documental cuenta cuando al volver exangüe de los numerosos conflictos y horrores que ha inmortalizado, Salgado decidió retirarse víctima de una profunda depresión a la granja de familia que dejó de joven huyendo de la dictadura. En ese momento descubrió que la propiedad se había convertido en un desierto árido y de ahí nace el proyecto de volver a dar vida a este lugar y devolverle su flora y su fauna originales. Desde este época Lélia y Sebastião Salgado se dedicaron a esta tarea con un cierto éxito  plantando  millones de árboles hasta tal punto de convertir el terreno en un parque natural nacional con un centro de estudio. Esta historia hizo que me viniera en mente el cuento de Jean Giono, El hombre que plantaba árboles.

En 2004, Sebastião Salgado decide  volver a la fotografía para provocar una reflexión sobre la naturaleza y el destino de nuestra planeta. Así nació el proyecto Génesis que está dando la vuelta al mundo.

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