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Hay novelas cuyos títulos suenan bien en idiomas diferentes y no hace falta buscar algo que sea más cercano a la cultura de la lengua de llegada. Resultan evocadores y universales. A veces son poéticos, conceptuales y a la vez describen un acto tan sencillo que todo lo hemos hecho al menos una vez en la vida: por ejemplo el de cambiar lado a la almohada cuando hace calor, el sudor te empapa el cuello y buscas una pizca de refrigerio en la funda de algodón sobre la cual descansas en una noche ajetreada.
«En la noche apoyamos la cabeza en la almohada; como todo lo blando, la almohada cede a la presión. Se hunde, se calienta. Buscamos entonces su lado más fresco y mullido y ¿qué es lo que empieza?»
Así lo explica Belén Gopegui en el Lado frío de la almohada, una novela de 2004. He leído en el sitio del Instituto Cervantes que la escritora estará en Milán el 18 de marzo.

El lado frío de la almohada

No existen novelas cuya traducción pueda considerarse fácil. En El lado frío de la almohada hay párrafos introspectivos, disfrazados de cartas al director, que siguen el flujo de la conciencia. El estilo de Belén Gopegui es denso y reflexivo. Muchas son las referencias políticas y históricas, las sugestiones literarias … «Un beso son dos lenguas que se frotan y recorren la boca ajena, pero la literatura dice: boca que vienes de lejos a iluminarme de rayos. Cito para usted a Miguel Hernández y no importa sobre todo el poeta, el poema, la historia, el personaje. Importa el incremento» escribe Gopegui. Y aquel «un beso son dos lenguas que se frotan y recorren la boca ajena» ya tiene un matiz poético.

Siempre cuando traduzco una novela tengo encuentros inesperados. En el texto de Gopegui me vinieron al encuentro dos jiribillas: una era la revista cubana digital que entonces tenía pocos años, y la otra era un ángel muy travieso, el ángel de la jiribilla de Lezama Lima.
Si buscamos en la Red, encontramos el sitio de la Academia Canaria de la Lengua que nos da dos definiciones: jiribilla. 1. f. Desazón, inquietud que se manifiesta con un exceso de movilidad. Le entró una jiribilla, que no paraba en casa. 2. com. Persona muy inquieta. A pesar de los años que tiene, sigue siendo un jiribilla.

Palabras como estas, hacen que el traductor se vuelque en su almohada, como si le entrara una jiribilla, en busca del lado más fresco, más mullido, consciente como es de que no basta con decir simplemente lo que cada palabra significa. Y eso es el lado interesante.

SILVIA SICHEL.

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