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Enric MarcoNacido en un manicomio de madre loca. Mintió hasta sobre la ficha de su nacimiento. Construyó la simulación y la modeló con partes de realidad. Vivió así durante treinta años llegando a ser tan famoso como una estrella de rock. Luego cayó. Y se hizo mucho daño. Hoy, con casi 100 años, no le cabe en la cabeza cómo se descubrió que mentía, y por qué no se apreció el bien que sus mentiras hicieron a la sociedad.

Sin duda es necesario ser un genio para hacer de la propia vida lo que hizo Enric Marco. Como un novelista se describió como clandestino antifranquista, exiliado en Francia, detenido en Marsella por la policía de Pétain, deportado a Alemania y preso en el campo de concentración de Flössenburg. Para finalmente llegar a ser presidente de la asociación española de supervivientes de los campos de exterminio nazis, ardiente orador en centenares de conferencias, con un conmovedor discurso en el Parlamento español y habiendo obtenido honores y decoraciones.

En cambio, la dura realidad es que durante la guerra había ido voluntariamente a Alemania como parte del acuerdo entre Franco y Hitler con el que la España falangista “pagaba” la ayuda alemana a la Guerra Civil, y allí fue detenido por razones privadas, pero en seguida liberado; una vez en España fue secretario de la CNT, el sindicato anarquista, en los años setenta. Nunca pisó un campo de concentración.

Cercas - El impostorEl impostor de Javier Cercas cuenta la parábola de este hombre, “admirable y valiente”. En 2005, por sólo tres meses, Marco no pudo hablar oficialmente en las celebraciones de los 60 años de la liberación de Mauthausen ante del jefe del gobierno español, José Luis Zapatero, porque un obstinado historiador, Benito Bermejo, consiguió sacar a la luz esta mentira tan antigua. Con la misma sensibilidad que caracterizó Anatomía de un instante, Cercas se pregunta (y se contesta) cómo fue posible que este anciano señor tuviera en jaque a toda la sociedad española (y no solo) con esta bola increíble.

Es cautivadora bajo todos los puntos de vista la búsqueda de la verdad del escritor y profesor universitario español. El punto de partida es que es necesario ser un genio para pensar y hacer todo esto. Y Enric Marco lo fue. Con la inteligencia que demuestra que la mentira funciona sólo si se mezcla con ingredientes más o menos verosímiles, que pueden ser probados con facilidad dando así verosimilitud a toda la estructura.

Marco explotó la suerte encarnando dos modelos en una sola figura: la víctima y el testigo. Durante muchos años fueron ellos los únicos archiveros de la memoria sobre el Holocausto. Mucho más que los historiadores. El hombre empezó embelleciendo su pasado, luego aliñándolo con mentiras en las que acabó creyendo. Así como Alonso Quijano llegó a ser Don Quijote, Enric Marco Batlle (su nombre completo) llegó a ser uno de los paladines de los supervivientes del horror de los campos nazis sin recordar que en realidad nunca había sido deportado. Su pasado se convirtió simplemente en una dimensión de su presente, dúctil a las exigencias del momento.

Su impostura, por desgracia (para él naturalmente), tuvo un alto eco mediático que lo expuso impúdicamente. La confianza en sus mentiras y el narcisismo del seductor lo habían convencido de su infinita infalibilidad. Adoraba ser entrevistado, hablar en los medios de comunicación, ser reconocido por la calle, ser el centro de la atención. Había entusiasmado a masas de jóvenes que, gracias a él había renegado de posiciones revisionistas e incluso negacionistas. Contribuyó a dar gran éxito a la asociación que presidía. Por todo ello, un intelectual como Claudio Magris lo absolvió defendiendo las verdades que había dicho sobre el horror nazi y su labor de persuasión y difusión entre el público descreído. Como dijo Voltaire: “Una mentira es un vicio sólo cuando hace daño, es una gran virtud si hace bien”.

Sea como sea, su afán de protagonismo lo llevó a una investigación ad personam. El batacazo fue planetario. Los negacionistas destaparon vino tinto, cava, vino blanco, cerveza, sidra y brindaron durante meses. Enric Marco se pregunta todavía por la razón de este ruido. Y, combativo como es, no pasa un día (repito, el señor va a por el siglo de vida) sin luchar por su rehabilitación.


Corrado Ori Tanzi

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