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Fue su último viaje a casa. Chile: amor, deseo y dolor (y vergüenza). Volvemos al año 1999. Roberto Bolaño regresa de España y quiere dar forma literaria a la herida, que sigue sangrando en Chile, abierta el 11 de septiembre de 1973. Él necesita ilustrar la noche de un entero país en las palabras finales de un hombre que justo antes de morir “vomita” todo lo que en su refinada y maldita vida no ha sido capaz de decir.

A Bolaño no le gusta el titulo Nocturno de Chile, piensa que no dice lo que las paginas cuentan. Él quiere titularlo Tempestad de mierda, que no convence a su editorial y a algunos amigos suyos. A él le gusta mucho la elección de los editores estadounidenses, By night in Chile, y piensa que también De noche en Chile podría estar muy bien. Nada, ese monologo sin fin (120 páginas y pico) será titulado como lo conocemos.

Roberto Bolaño – Nocturno de Chile¿De qué noche habla el autor? O mejor: ¿De dónde viene? La ausencia de sentimiento de culpa es el gran tema del libro. Bolaño mismo solía decir che el sentimiento de culpa es una de las pocas cosas que apreciaba de la religión católica. En el libro, el protagonista Sebastián Urrutia Lacroix, un viejo cura que carece totalmente de ella. Un pasado en el Opus Dei, poeta y crítico literario, el hombre tiene un pecado ancho como su país: se llama desidia. Comprometido con la dictadura de Pinochet, ha tratado de no poner en peligro su vida de rimas y disertaciones sobre libros y autores. Varias veces ha participado en maravillosas veladas literarias en una suntuosa villa en los alrededores de Santiago, en cuyos subterráneos los opositores del régimen eran torturados. Otras veces ha cerrado los ojos ante muchas infamias. Y ahora que él se está yendo, su pasado vuelve como una tempestad sucia, una Apocalipsis individual.

Mientras lo estaba escribiendo, el autor afirmó que vivir sin culpas es vivir afuera del tiempo en un presente sin fin y si él, víctima de la dictadura, se consideraba culpable por los crímenes del general Pinochet, no era posible que no se considerase responsable un hombre que fue cómplice de la dictadura con sus acciones y omisiones. Sebastián Urrutia Lacroix tiene reservado un lugar de honor en el museo de los horrores creado por Roberto Bolaño.


Corrado Ori Tanzi

Portada Vivere e morire a Milano