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El rincón de Antonio Carnabuci

 

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La iglesia di Santa María della Scala se hallaba en el lugar del actual “Teatro alla Scala”. En el mismo lugar, mucho años atrás se encontraban las viviendas de la poderosa familia Della Torre o Torriani, que nel febrero de 1311 fueron saqueadas y destruídas por la población enfurecida, encabezada por Matteo Visconti.
Beatrice della Scala (della famiglia degli Scaligeri di Verona), llamada “Regina”, esposa de Bernabó Visconti, quiso edificar sobre el mismo solar, donde se levantaban las casas de los Torriani, la iglesia de Santa Maria la Nueva, llamada también  Santa María della Scala, en honor de la familia de la generosa fundadora.
Esta no fue la única denominación, habitualmente los ciudadanos llamaban la iglesia Santa María delle case rotte, como aparece en algunos documentos medievales o de Santa Veronica, porque muy cercana a un prestigioso oratorio con el mismo nombre.
El 7 de septiembre de 1381, el arzobispo de Milán, Antonio di Saluzzo, bendijo la colocación de la primera piedra de la nueva iglesia, el mismo arzobispo, apenas cinco años atrás, había bendecido la primera piedra que puso en marcha la “Fábrica de la Catedral”.

El gasto por la edificación de la iglesia de Santa María della Scala, dedicada  a la “Asunción de la Virgen”, fue de 15.000 florines, la iglesia fue consagrada en 1385, el año de la muerte de Beatrice della Scala, que antes de fallecer recomendó a su marido de completar la construcción.
El 9 de marzo de 1385 fue redactado el documento de donación, con el qual Bernabó Visconti cedía la iglesia, el terreno y los edificios anexos a la ciudad, pero en el mismo año murió asesinado, víctima de una conspiración urdida por su sobrino Gian Galeazzo. Tal vez, por eso el claustro fue realizado después de muchos años, al principio del 1400.
En aquella época Santa Maria della Scala gozaba de numerosos privilegios, era iglesia colegial y capilla real, pero el más importante era la posibilidad de liberar, el día de la Asunción de la Virgen, dos condenados a muerte.

“La Madonna della Scala” fresco de un pintor anonimo del S. XV°
En origen la virgen tenía dos imagenes laterales: el arcángel San Miguel y San Juan Battista
El fresco hoy está guardado en la iglesia de “San Federe della Scala”

 

La iglesia con todos sus edificios anexos constituía una grande manzana religiosa, colocada en el corazón de la ciudad. La entrada estaba rodeada por un muro, que protegía un pequeño cementerio y la canónica.
La fachada de la iglesia “miraba” la plazuela donde se encuentra el actual Museo del Teatro (ex Casino Ricordi), tenía forma de “cabaña” y estaba dividida, horizontalmente en dos partes,  la parte inferior estaba recubierta con placas de precioso mármol blanco.
Una ancho portal al centro de la fachada, daba paso al interior del templo, era caracterizado por un arco de medio punto, adornado con sutiles columnas marmóreas.
Un grande rosetón de mármol blanco, colocado sobre la entrada daba luz a la iglesia, cinco pináculos colocados por encima del tejado enriquecían la fachada.
Las paredes del templo estaban renforzadas por siete contrafuertes exteriores, de forma rectangular.
El interior de la iglesia estaba constituido por tres naves, separadas por cuatro columnas redondas, la nave central era ancha más del doble de las laterales.
En la zona presbiteral estaba colocado el altar mayor y a su lado dos capillas alineadas con las naves menores.
El campanario era de forma octógonal, cada lado tenía una alta ventana geminada, con una esbelta columna central. Más arriba se notaba una doble cornisa y desde allì se levantaba un pináculo cónico, sobrepasado por una balón de piedra con una cruz.
El lado izquierdo de la iglesia era paralelo al borde de la calle, que sucesivamente fue llamado “pasillo del jardín”, correspondiente a la actual calle Manzoni.
El claustro medía 26,40 metros por 26,40 metros y tenía ocho columnas por cada lado. Delante de la fachada de la iglesia estaba el Sagrario, rodeado por un alto muro, tenía dos puertas y la principal dominaba la contrada San Damiano, la actual calle Filodrammatici.

La iglesia de Santa María della Scala siempre gozó de la protección de las autoridades y eso le permitió acumular grandes beneficios, además, ocupando una posición céntrica se había convertido en el lugar más importante de la ciudad.
El 25 de febrero de 1450 fue el lugar de reunión de los capitanes y de los defensores de la libertad, que convocaron todo el pueblo para decidir el destino de la ciudad. Decidieron de rendirse a los Sforza, que el día siguiente entraron en Milán.
Durante la dominación española el prestigio de la iglesia no se redujo, Carlo V° confirmó todos los beneficios que la iglesia había recibido por los Duques, incluido Francisco II°.   Además, con un documento del 14 de junio de 1545 (privilegium) Carlo V° mandó que se respetaran todas sus inmunidades y exenciones.
El 7 de abril de 1546 Carlo V° donó a los canónigos la propiedad del terreno que estaba detrás de la iglesia. Esta fecha coincidió con el inicio de los trabajos de ampliación del ábside.

El 15 de julio de 1776 llegó al gobierno de Milán el decreto de la emperatriz Maria Teresa, que mandaba demoler la iglesia de Santa María della Scala y poner en marcha los preparativos para construir el nuevo “Teatro Ducal”, llamado sucesivamente Teatro alla Scala, en sustitución del viejo teatro destruído por un incendio.
El arquitecto Piermarini, que había tomado la dirección de los trabajos, antes de la demolición, hizo trasladar los monumentos sepulcrales, las lápidas, los frescos, incluida la capilla real de la antigua iglesia viscontea, a la cercana iglesia de San Fedele, recientemente abandonada por los Jesuitas a causa de la supresión de la “Compañia de Jesús”, por manos del Papa Clemente IV°, el 21 de julio de 1773.
La decisión de derribar el antiguo templo de Santa Maria della Scala era imputable a la estabilidad de la iglesia, gravemente perjudicada por el torrente “Cantorama”, que fluía cerca del antiguo edificio religioso.
En 1647 el ingeniero Francesco María Richini hizo un control meticuloso y comunicó que la iglesia se estaba hundiendo lentamente y era necesario fortalecer los pilares y al mismo tiempo desviar el curso del torrente. Quizá, a causa de las dificultades, la decisión de actuar fue postergata “sine die”.
El problema se presentó de nuevo en el 1690 y 1762.   En 1763 el ingeniero Bartolomeo Calastri, después de una atenta inspección, confirmó la teoría de su predecesor, pero, una vez más, nadie tomó una decisión.
El problema se solucionó en la manera más simple: trasladar todo a la iglesia de San Fedele y derribar el viejo edificio religioso de Santa María della Scala , que se realizó sin publicidad y en perfecto silencio, tal vez por la vergüenza de haber escogido la decisión peor.

Antonio  Carnabuci