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Entre los diferentes libros sobre la Guerra Civil española, me ha interesado una historia de la guerra dibujada por el viñetista Antonio “Forges” Fraguas, La guerra incivil (desde el desastre del 98 y la II República). Casi 240 páginas de viñetas humorísticas correspondientes a episodios singulares de la historia y la crónica, explicados por numerosas glosas. Los dibujos están en orden cronológico desde la Primera Guerra de Marruecos (1859-1860) hasta el final de la Guerra Civil. Hoy, época en que está de moda la novela gráfica, pienso que este tipo de libro no puede tener gran éxito. La idea de Forges de traducir la historia de España en historietas divertidas es interesante y es un trabajo encomiable. Creo que sería mejor clasificarlo como método de historia y, de hecho, en la segunda edición (junio 2006, Ediciones Espejo de Tintas) se dice “Obra declarada como Texto de Apoyo para Bachillerato por el Ministerio de Educación para el área de historia”.

Forges Historia de aquí.

En los primeros cinco capítulos es donde, para mi gusto, ha logrado la reconstrucción histórica con mejores resultados. En ellos se explican las vicisitudes del ejército español en Marruecos, la pobreza de España bajo la monarquía de Alfonso XIII de Borbón o los primeros sucesos de la Segunda República Española: Forges es bastante preciso dibujando las causas más lejanas y sistémicas de la Guerra Civil. En cambio, echo de menos los movimientos sociales y nacionales/regionales tanto en este periodo como cuando describe la Guerra Civil. Tampoco profundiza en el análisis de la vida política de la Segunda República. Forges no describe las causas de los sucesos más funestos para la vida de la República y de la población. Prefiere hacer crónicas de sucesos notables – de gran importancia política y social o simplemente extravagantes – de los años ‘30.

Forges la-guerra-incivil-marruecos

No he encontrado nada nuevo para mi estudio sobre el anarquismo. Aunque Buenaventura Durruti Dumange – ¡a la par que José Antonio Primo de Rivera! – sea presentado como un hombre bueno que deseaba “una España mejor”, se repite el cliché del anarquista como vándalo sin ideas políticas dignas de mención o como bandolero que, a veces, inexplicablemente, demuestra gran humanidad o heroísmo. No se habla mucho de los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona, aunque sí se menciona al desaparecido – por los estalinistas – Andrés Nin. No me gusta entrometerme demasiado en los diferentes discursos de la memoria de la Guerra Civil, por lo tanto no me pronuncio sobre la apología de la primera Falange, antes de la intervención de Franco en su estructura. Pero me molesta – y no poco – que en la página 208 de esta edición se lea un recuerdo a los caídos de las milicias fascistas italianas, cuyo objetivo final era intentar someter España a Italia en su política imperialista mediterránea. Creo que Guido Picelli, Camillo Berneri, Carlo Rosselli – comandante militar parmesano muerto en la batalla de Algora (Guadalajara), el primero; intelectual anarquista asesinado por los estalinistas el segundo, y por los fascistas, en Francia, con su hermano, el tercero – y todos los antifascistas italianos que se enfrentaron a la dictadura en Italia o que llegaron a España no estarían muy de acuerdo con este homenaje. No me parece apropiado en la Italia de después de 1945.

En cualquier caso, el trabajo de Forges es agradable. Lo que no acaba de gustarme es su intento de hacer una memoria dibujada de toda la guerra cuyo objetivo principal parece ser demostrar que todos los bandos tuvieron responsabilidades perfectamente equivalentes. Así, en la descripción de la revolución de Asturias y de la Guerra Civil, cada crimen cometido por un bando tiene la representación de otro crimen equivalente del bando contrario. El intento de conciliar a la ciudadanía es loable pero, a mi juicio, no es así que se escribe seriamente una reconstrucción histórica.

Giulio Amadei

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