Etiquetas

, , , , ,

Aire nuestro ha llegado a cien mil seguidores. Es más, ¡ha superado con creces los cien mil!

Quién lo iba a decir. Empezamos hace 4 años y cada día seguimos creciendo.

¡Enhorabuena a todos! A vosotros por seguir leyendo nuestros artículos, por seguirnos en Facebook y Twitter y compartir con nosotros la ilusión por este proyecto. Y, enhorabuena a nosotros también, por creer en el poder de la lectura y demostrar que el amor por nuestra lengua y nuestra cultura siempre merece la pena.

Si pienso en cien mil personas, pienso a lo grande: una ciudad, una comunidad, un montón de gente unida, con los mismos valores y el mismo amor hacia la lengua que nos une.

octavio-paz-revistaojo

Foto de Revistaojo.com

Os dejamos con las palabras de Octavio Paz, Premio Nacional de Literatura en 1990, que inauguró el I Congreso Internacional de la Lengua Española en la ciudad mexicana de Zacatecas, organizado por el Instituto Cervantes y la Secretaría de Educación Pública de México en 1997.

“Mi experiencia personal y, me atrevo a pensarlo, la de todos los poetas, confirma el doble sentimiento que me ata, desde mi adolescencia, al idioma que hablo. Mis años de peregrinación y vagabundeo por las selvas de la palabra son inseparables de mis travesías por los arenales del silencio. Las semillas de las palabras caen en la tierra del silencio y la cubren con una vegetación a veces delirante y otras geométrica. Mi amor por la palabra comenzó cuando oí hablar a mi abuelo y cantar a mi madre, pero también cuando los oí callar y quise descifrar o, más exactamente, deletrear su silencio. Las dos experiencias forman el nudo de que está hecha la convivencia humana: el decir y el escuchar. Por esto, el amor a nuestra lengua, que es palabra y es silencio, se confunde con el amor a nuestra gente, a nuestros muertos, los silenciosos y a nuestros hijos que aprenden a hablar. Todas las sociedades humanas comienzan y terminan con el intercambio verbal, con el decir y el escuchar. La vida de cada hombre es un largo y doble aprendizaje: saber decir y saber oír. El uno implica al otro: para saber decir hay que aprender a escuchar. Empezamos escuchando a la gente que nos rodea y así comenzamos a hablar con ellos y con nosotros mismos. Pronto, el círculo se ensancha y abarca no sólo a los vivos, sino a los muertos. Este aprendizaje insensiblemente nos inserta en una historia: somos los descendientes no sólo de una familia sino de un grupo, una tribu y una nación. A su vez, el pasado nos proyecta en el futuro. Somos los padres y los abuelos de otras generaciones que, a través de nosotros, aprenderán el arte de la convivencia humana: saber decir y saber escuchar. El lenguaje nos da el sentimiento y la conciencia de pertenecer a una comunidad. El espacio se ensancha y el tiempo se alarga: estamos unidos por la lengua a una tierra y a un tiempo. Somos una historia.”

octaviopaz635


IMG_5009

.

Laura Pollachini García