Club de lectura: Tierra de campos de David Trueba

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Lunes, 8 de octubre de 2018 18h

Tierra de campos de David Trueba

Club de lectura
Coordinadora:

Valeria Correa Fiz

Biblioteca del Instituto Cervantes, via Dante, 12

(Reserva obligatoria.)

  • Este libro puede comprarse en Librería Il libro, Via Ozanam, 11 (MM1 Lima) 022049022

A los niños les encantan las rutinas, decir y hacer las mismas cosas siempre, puede que tenga que ver con su pánico a lo imprevisible. Cuando Ryo ve a un taxista con la bandera le gusta que yo le explique el mismo cuento.
Es la historia de un taxista que lleva muchas horas al volante y de pronto ha olvidado dónde está, qué ciudad es ésta y hasta quién es él y en qué trabaja. Entonces mira al asiento de los pasajeros y los ve a ellos, a Maya y a Ryo, a dos niños japoneses, y alarmado piensa que está en Japón, y el tipo no tiene ni idea de decir una sola palabra en japonés, entonces se agobia, porque nada agobia más a un español que dejar de serlo, y de pronto, zas, ve la bandera colgada del retrovisor y se dice ah, sí, soy español, uff, qué alivio. Este cuento, que explica por qué los taxistas llevan la bandera española colgada del retrovisor, se lo tenía que contar a Ryo en cada ocasión. Le bastaba con señalar la banderita para exigírmelo. Mira, papá, la banderita española. Yo lo contaba muy bajito para que los conductores no lo oyeran, aunque a veces por las risas de mi hijo trataban de enterarse de lo que hablábamos.

Mi madre era pacífica. Su catolicismo, que en los curas de mi colegio era siempre amenazante, inquisitivo, feroz y represor, en ella era una dedicación plácida. Rezaba casi siempre para sí, en diferentes momentos de la jornada. En el colegio rezábamos al empezar el día y al acabar, guiados por un altavoz color verde camuflaje situado en cada aula sobre la pizarra. Rezábamos con disciplina militar. Por las tardes, el rezo siempre coincidía con la urgencia por ir al baño. Con la mano en la entrepierna alguno se agitaba para calmar la vejiga a punto de desbordarse. Así aprendimos que las necesidades fisiológicas acaban por vencer a las espirituales.

Con el objetivo de enterrar a su padre en el pueblo donde nació, Daniel emprende un viaje en un vehículo muy particular, un coche fúnebre, conducido por un chófer ecuatoriano, pintoresco y charlatán, de la mejor estirpe cómica. ¿Quién es de verdad Dani Mosca? Quizá, como sostiene él mismo, es sólo un tipo que hace canciones, sobre todo canciones de amor. Pero es también el niño que creció en un barrio humilde; que encontró la amistad más profunda de esa manera accidental en que uno encuentra las grandes cosas de la vida; que viajó y disfrutó de su oficio en la música hasta que la tríada clásica de los excesos (sexo, drogas y rock and roll) desintegró el grupo que había formado con sus amigos del alma; y cuya vida se sostuvo en un equilibrio precario pero resistente entre el deseo y la realidad.

Ésta es una novela que a ratos se lee como una canción. Contiene la visión personal de un tiempo y unos lugares en los que Dani Mosca se construyó una identidad propia a fuerza de ideales y sueños, y también de algunos autoengaños y mentiras. Un viaje profundo e intenso, sensible y directo, donde se perciben las huellas y las cicatrices del paso del tiempo. David Trueba vuelve a desplegar, bajo una estructura poderosa y zigzagueante, hecha de hilos que se entrelazan, su prodigioso pulso narrativo para proyectar una mirada aguda y reflexiva sobre las paradojas y las perplejidades que rodean nuestra existencia y adentrarse con lucidez en el laberinto de los afectos y los sentimientos. El resultado es un libro deslumbrante en cada una de cuyas páginas palpita la vida.

“Destaca la riqueza verbal del libro. Trueba tiene instinto para extraer del lenguaje sus paradojas y una gracia que nace de haber puesto el oído en el modo de hablar la gente. Hay mucho sabor popular (…) y situaciones hilarantes que recuerdan al mejor Azcona, además del plano reflexivo.  La novela gana enteros conforme la vida coquetea con la muerte y la balada se va tornando triste. Es como si la vida pugnase por no morir y Trueba la hubiese querido atrapar en el instante de tal lucha. El lector agradece tales fogonazos reflexivos de buen novelista.”
J.M. Pozuelo Yvancos, ABC

“Con humor y melancolía, con dolor y sabia ligereza, esta novela cuenta la historia del auge y la miseria de todos nosotros. Ahora los pedazos están dispersos, pero hay un núcleo que nunca deja de emitir luz: el arte de la amistad.”
Juan Cruz, El País

“Trueba escribe de lo cotidiano desde un lugar exento de cinismo y épica redentora y, al mismo tiempo, evita la pornografía sentimental (…) Trueba es un escritor mucho más seguro e impertinente con el lector de lo que parece mientras lo lees: quiere saber quién es él mientras tú te preguntas por qué todo lo suyo se parece tanto a ti sin serlo.”
Carlos Zanón, El País

“La novela puede leerse desde varias claves que se enriquecen recíprocamente: la de la dificultad de crecer sin arraigo, la de los surcos profundos que dejan el amor y el deseo, la de la identidad como proyecto en marcha y la de la conexión porosa entre la vida y el arte (…) Trueba, que no disimula un resabio melancólico por debajo de su eficaz sentido del humor, ha acertado a contar lo inapresable: cómo transcurren los años y como ‘el pasado está posado sobre nosotros como el polvo sobre los muebles’.”
Domingo Ródenas, El Periódico (Libro de la semana)

“Muestra algunas de las miserias y modestas grandezas de una vida, y la autocrítica del personaje resulta valiente, emocionante y creíble. Combina, con habilidad y un estimulante gusto por el riesgo, muchos registros: de la mitología del rock al melodrama familiar, de John Irving a Rafael Azcona, de Woody Allen a Pío Baroja. David Trueba ha escrito una novela divertida y amarga, llena de energía e inteligencia.”
Daniel Gascón, Letras Libres

“Un tratamiento original e irremediablemente moderno sobre la España rural (…) el único referente en la moderna literatura española de este modo de encarar el asunto (…) Una novela pasmosamente lúcida, bien escrita, de mirada elegante, distante pero no fría, aquilatada.”
Juan Ángel Juristo, La Vanguardia

“Una hermosa novela que alterna drama e ironía.”
Elisabetta Pagani, La Stampa


David Trueba (Madrid, 1969) estudió periodismo, profesión que nunca ha abandonado. Sus artículos de prensa están recogidos en distintas antologías, la última de ellas Érase una vez (Debate, 2013). Ha dirigido en televisión espacios tan singulares como El peor programa de la semana o la serie ¿Qué fue de Jorge Sanz? Su carrera cinematográfica, aparte de guiones para otros directores como Los peores años de nuestra vida o La niña de tus ojos, transcurre entre su exitoso debut con La buena vida en 1996 y Vivir es fácil con los ojos cerrados, que en 2014 se alzó con seis Premios Goya, entre ellos el de Mejor Película. Su trayectoria como novelista ha estado siempre ligada a la editorial Anagrama desde la publicación de su primer libro, Abierto toda la noche, en 1995. En 1999 apareció Cuatro amigos, que mantiene un idilio ininterrumpido con los lectores, y en 2008 su novela Saber perder conquistó, entre otros, el Premio de la Crítica y el de mejor libro del año según El Cultural de El Mundo. Fue finalista del Premio Médicis en Francia y sus novelas están publicadas en una docena de lenguas.


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