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Me llamo Bil, Bil Conerado, bienvenido Profesor Russel, bienvenido en nuestra granja “Naturaleza chistosa”. Yo soy vuestra guía personal para satisfacer todas vuestras curiosidades inherentes la organización y el funcionamiento de nuestra comunidad.
Si acaso ustedes están de acuerdo empezaría a ilustrar nuestro sistema de viviendas. Como ustedes puede observar todas están estructuradas en diferentes maneras para conformarse con las distintas morfologías de lo inquilinos.
Arquitectos de grande reputación han colaborado a la construcción de estos edificios. El edificio a su derecha, lo de los Carvagre, es nuestro orgullo. Fue construido por el gran arquitecto japonés Kientekaga. Desgraciadamente se murió durante la edificación y fue enterrado en los cimientos.
El gran edificio a su izquierda es el palacio nombrado “Armonía total” donde todas las diferentes comunidades se encuentran durante las fiestas. Cada ano tenemos muchas fiestas, pero la más importante es la del agradecimiento. No, no Profesor Russel, ¡nada a que ver con la de los Estados Unidos!
Cada dos de noviembre festejamos nuestro bienhechor, nuestro protector y maestro, su Eminencia Benolfo Mussolitler. Comemos, cantamos, bailamos todos juntos. Confieso, distinguido Profesor, ¡que en aquella noche nacen los más barrocos de los amores!
Su Eminencia veo con benevolencia aquella mezcla de géneros. El siempre está en búsqueda de nuevos ejemplares para agrandar su singular colección.
Os ruego Profesor Russel, no me entienda mal. Su Eminencia nos quiere muchísimo. Como ustedes puede notar no nos falta nada. Por cierto, a veces no es físicamente fácil establecer una atracción sexual entre ejemplares tan distintos.
Por ejemplo, si ustedes me permiten una confianza personal, el ano pasado osé enamorarme de una Corvagra. ¡Tenía dos ojos come dos faroles! Pero necesitaba estar siempre bajo del agua y yo, a pesar de que sea un buen nadador, gracias a mi cola estupenda, me reencontraba perennemente calenturiento y resfriado. Así, al final, la oportunidad de crear una nueva especie de cachorros desvaneció.
Cuando nace, y si nace, un nuevo ejemplar se hace una gran fiesta con una lotería. Quien adivina la tipología del cachorro puede adoptarlo y crecerlo aprovechando de facilitades y privilegios.
Al contrario, tenemos una ley para el control de los nacimientos de los cachorros “comunes” que dice que cada cinco cachorros “comunes” uno hay que matarlo. ¿Le parece cruel? Confieso que a mi también esta ley me cae mal, pero la ley es la ley.
¿Sabéis guardar un secreto? A veces, cuando nace un cachorro “común” los padres lo esconde hasta que tenga un tamaño que pueda confundirse con el grupo. Es un acto muy peligroso. Los vigilantes son rigurosos con los que violan las leyes.
¿De verdad queréis visitarlo? Os acompaño, pero sólo para observarlo de afuera. A mi aquel maldito laberinto me cae fatal. Es un fetiche de su Eminencia. Lo hizo construir después haber leído un libre de un autor, probablemente famoso, ni siquiera me acuerdo su nombre, y se encaprichó de la idea. Traté de atravesarlo sólo una vez y me quedé encastrado por horas. ¡Odio aquel inútil vaivén!
Si no tenéis prisa Profesor Russel, me gustaría mostrarle nuestras piletas, los jardines, los invernaderos… ¡Vaya Profesor tenéis una vista de águila!
¿Las torretas, el cerco de alambre? ¡Por supuesto Profesor! Son medidas para protegernos de los curiosos.
¿Ganas de huir? ¿Y porque huir? Aquí tenemos todo lo que nos necesita.
Sí, sí, alguien intentó escaparse pare ver la cara del mundo afuera, pero terminó en un circo. Todo el mundo se reía de ellos. Sufrieron crueldades y al final regresaron.
¡No, por favor, Profesor no se vaya! Tengo que presentarle a su Eminencia.
¿Porque no queréis conocerlo?
¿Porque me estáis hablando de libertad?
No conozco esta palabra y no se puede echar de menos algo desconocido.

Iris Menegoz