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Una pareja de jóvenes apuestos, acuciados por pasiones urgentes como la vida, se mira a los ojos al bailar un tango aún  no escrito, en el salón silencioso y desierto de un transatlántico que navega en la noche. Trazando sin saberlo, al moverse abrazados, la rúbrica de un mundo irreal cuyas luces fatigadas empiezan a apagarse para siempre.

Cuando era niña me gustaba esconderme debajo de la cama de mis abuelos y ver los viejos álbumes de fotos. Me fascinaban las fotos en blanco y negro en las cuales se veía a las personas de los tiempos remotos, vestidos y peinados  de modo tan diferente de la época de mi infancia. Unos años más tarde, cuando vi de nuevo estos álbumes sentí  una melancolía y una atmósfera decadente y crepuscular de un mundo que ya no existía. Parecidas sensaciones me ha provocado el último libro de Arturo Pérez–Reverte ”El tango de la Guardia Vieja”. Leer este libro era como hojear las amarillentas fotos de mi familia y volver  por un instante a los tiempos ajenos del siglo pasado.

portada-tango-guardia-vieja_grande[1]”El tango de la Guardia Vieja’’ es una novela  sentimental y conmovedora, una novela  que trata de amor,  aventuras y espionaje, pasiones e intrigas, música y baile,  pillerías y perversiones. Es una novela elegante, llena de meticulosas descripciones desde las costumbres y la música hasta las prendas de vestir y los perfumes de aquella época. Lo que hace extraordinaria esta novela son las diferentes perspectivas temporales a través de las cuales el autor nos desvela el pasado, el presente y el futuro de los personajes. El libro recoge tres breves pero muy intensos encuentros entre Max Costa, un bailarín mundano, encandilador de mujeres, gigoló, ladrón  y Mecha Inzunza, la distinguida y bella esposa de un famoso compositor.

Los dos se conocen en 1928, a bordo del Cap Polonio, el transatlántico que los lleva a Buenos Aires. Allí bailan su primer tango. Al llegar al destino de su viaje en los arrabales porteños, en las tavernas del tango nace la atracción entre ambos personajes. El segundo encuentro tiene lugar en Niza, en 1937 en una ciudad cosmopolita, en la cual algunas adineradas familias españolas encontraron su refugio durante la Guerra Civil. En la Riviera francesa, Max se ve envuelto en una intriga de espionaje  que lo involucra en el robo de unas comprometedoras cartas relacionadas con las primeras operaciones militares de la sublevación franquista. El último encuentro ocurre en 1966 en Sorrento donde el lector es testigo de un famoso torneo de ajedrez, en el cual el joven aspirante a campeón mundial es  Jorge Keller, hijo de Mecha.

arturoperezreverte2[1]Arturo Pérez–Reverte nos proporciona una detallada caracterización de los dos protagonistas,  quienes a lo largo de sus fugitivos encuentros  experimentan una constante evolución física, psicológica y moral.  Merece la pena mencionar una meticulosa descripción de la belleza del tango, de sus orígenes y su proceso de trasformación desde el baile de las clase bajas, un tango turbio y lujurioso hasta el baile  de los salones, elegante y sensual. Hay que reconocer también el tema de ajedrez en la novela. Gracias a las magistrales descripciones de las partidas y del estudio de la psicología de los ajedrecistas, el autor nos introduce en este sofisticado mundo del juego.

En esta novela el lector puede apreciar la elaborada técnica literaria del autor que nos cuenta una historia de amor que puede parecer sencilla,  puede olernos a cine, a películas clásicas, pero indudablemente oculta una densa y compleja arquitectura narrativa. La podemos notar no sólo en las distintas perspectivas temporales, sino, sobre todo, en los elaborados diálogos que según mi opinión son magistrales, tensos, llenos de cinismo, de melancolía, de frases acertadas y de silencios que no les comprometen.

Resumiendo, si os gusta el tango y os atrae el ajedrez os recomiendo que emprendáis este simbólico viaje al pasado a bordo de un transatlántico que os llevará a Buenos Aires, a los rincones más oscuros de esta ciudad, del alma y la mente humana.

¡Buena lectura!

Ilona Cieniuch