Hombres de Carne y Hueso de Antonio Íbero Layetano

-HOMBRES  de CARNE  y  HUESO-

Aseguran que la historia se repite siempre, así es que aprovecho la ocasión para escribir un artículo relacionado con la situación actual y con pedazos de otro  escrito años atrás. Es un modo de riciclar en tiempos de crisis.

Se terminaron las vacas gordas, regresaron las vacas flacas… ¿La culpa? ¡La del señor ladrillo! No siendo un material comestible los nuevos pobres están obligados a espabilarse si quieren llenar la panza, e ir en busca de los lugares donde se practica la caridad, naturalmente no pueden solicitarla a los bancos con los cuales contrajeron la deuda, estando así obligados a acudir a los conventos donde los frailes distribuyen su gallofa a los pobres.

Las calles europeas, como las americanas se hallan abarrotadas de gente, que sobre el cemento  instalaron su cama.

Algunos, avergonzados de esta paupérirma situación se ahorcan, otros, los poseedores de armas de fuego se pegan un tiro, mientras hay quien se lanza en el vacío desparramando los sesos sobre el asfalto… Luego los conducirán a su última morada.

Aquel artículo escrito hace años iniciaba así: “Este verano, vagando por la campiña he podido observar el comportamiento de varios cuadrúpedos de los cuales, nosotros los mamíferos humanos deberíamos imitar el ejemplo. Eran tres cabras y dos caballos, los cuales comían juntos en paz y en harmonía el heno que el agricultor les había distribuído, -comían y dejaban comer-, algo que no siempre sucede entre nosotros los humanos.

Los períodicos y la televisión nos bombardean diariamente con comunicados sobre los desembarcos de emigrantes clandestinos, considerados los invasores del continente europeo, los nuevos bárbaros.

Deseo citar aquí una frase del filósofo español Miguel de Hunamuno, que decía: “Hombres de carne y hueso, hombres que nacen, sufren, y aunque no quieran morir mueren; hombres que han de ser lo que son, y no otros, hombres en fin, que buscan eso que llamamos la felicidad”. Esto es lo que buscan los hombres que diariamente arriesgan su vida para conseguirlo.

Decíale Don Quijote a Sancho Panza: “El hambre es muy mala consejera”, y tenía muchísima razón.

Los pancistas, los obesos barrigudos, los tragones y los tragaldabas, aquellos que ayunan después de hartos, prefieren ignorar los motivos que empujan a estos desesperados, que desafiando las iras del mar se juegan el pellejo en busca del pan. Tan grande puede ser la desesperación, que este verano se ha visto desembarcar en una playa italiana a un paralítico marroquí sobre una silla a ruedas.

A veces me pregunto si el ser humano no sea el animal más egoísta de este Planeta, y digo esto porque últimamente he leído en un períodico la siguiente noticia:  “Moscú- Criado de los perros durante los dos primeros años de vida. Ha vivido la mitad de su vida, es decir dos años, con la sola compañía de perros errantes”; el niño ruso, cuando al final ha aprendido a hablar ha dicho: Estaba mejor con los perros, ellos me amaban y me defendían”.

 El filósofo Voltaire escribía: “El hombre es un perro que ladra con los otros perros”.

Para refrescar la memoria a los que gozan de una relativa prosperidad, -a los que hoy comen a dos carrillos, pero no desean que los otros lo hagan-, les recuerdo estas pocas líneas: “Ante los ojos asombrados de las familias europeas que llegaban al puerto de Nueva York, padres robustos y madres con el hijito al seno, la estatua de la Libertad asemejaba a una imagen milagrosa, élla parecia prometer libertad y felicidad a las masas desesperadas del Viejo Continente, como dice la inscripción puesta en el zócalo de la estatua.

El rápido desarrollo industrial americano había ejercido su attracción sobre millones de artesanos y agricultores europeos, veían en el Nuevo Mundo la tierra en la cual se realizarían sus esperanzas de mejoras económicas. (Este es el sueño-espejismo en el cual creen los emigrantes clandestinos, que diariamente desembarcan  en las playas mediterráneas). Para muchos de los emigrantes europeos, que creían que en América se ataban los perros con longaniza, sus esperanzas se transformaron en una triste realidad.

Regresando a mi viejo artículo cito el siguiente párrafo: Viajando por Europa en autoestop, casualmente en tierras helvéticas pude asistir a un concierto en beneficio de Terre des Hommes (Tierra de los hombres), un organismo no gubernamental, que se ocupa de cooperación con Latinoamérica, que me ofrecieron una revista en alemán, idioma que conozco poco, pero una fotografía de una pintada de San Salvador atrajo mi atención, así decía:

¿Por qué el rico vive del pobre, y el pobre vive de ilusiones? 

Concludo con una citación latina que Miguel de Unamuno resumió de la siguiente manera: “Soy hombre, y a ningún otro hombre estimo extraño”.

Antonio Íbero Layetano
(alias el Bicho raro).

2013-04-23 10.41.26