Etiquetas

, , , , , , , , , , , , ,

La Columna de Jean Claude Fonder

En el 2009 descubrimos a Claudio Abbado.

Obviamente ya lo conocíamos antes, pero sólo como el nombre que aparece en un sello de música. Abbado fue el sucesor de Karajan en la dirección de la orquesta de Berlín y como él,  publicaba muchos discos para la discográfica Deutsche Grammofon con su famoso sello de color amarillo. Marie Louise se acuerda de un concierto suyo en Bruselas que la emocionó mucho en los años 80, aunque no sabe precisar qué pieza interpretaba ni qué orquesta dirigía. En aquella época este Maestro no estaba entre mis preferidos porque estaba más interesado en las interpretaciones históricas de Furtwangler  o las lecturas innovadoras de las orquestas de Escuela Barroca que utilizaban instrumentos antiguos.

En cambio, cuando clamorosamente dimitió de su cargo vitalicio como director del Berliner y después supimos que lo hizo porque sufría cáncer, nos afectó mucho, nos dio a entender que era una persona muy peculiar. Además, viviendo en Italia, país al que nos trasladamos en el 1992 podíamos acceder más fácilmente a todo lo que se publicaba sobre él. De este modo empezamos a conocerlo mejor, supimos de su obra en la Scala y en la ciudad di Viena, por ejemplo. Lo seguimos durante su recuperación de la enfermedad y a lo largo de la última fase de su carrera, periodo en el que fundó varias orquestas y en particular la del Festival de Lucerna. Una orquesta excepcional compuesta de los mejores instrumentistas de sus otras orquestas incluida las de Berlín y de Viena, un orquesta compuesta por sus amigos, como decía él.

A pesar de ello, redujo mucho su actividad. Era casi imposible encontrar  entradas para verlo y a Milán no venía nunca así que decidí ir a Lucerna, y, allí por suerte sí que pudimos asistir a su concierto del 21 de agosto del 2009. Un concierto dedicado a Mahler con la soprano Magdalena Kožená que interpretaba por primera vez este tipo de repertorio. Fue extraordinario, la sala del KKL de Lucerna es mágica y el público excepcional.

Aquí abajo tenéis el video de la cuarta sinfonía de Mahler. Observad como al final el Maestro concluye su interpretación dirigiendo prácticamente el silencio:

Después de este silencio el público se puso de pié y le dedicó un larguísimo aplauso. Nos emocionamos mucho. Ha sido la mejor interpretación de una sinfonía de Mahler que hemos escuchado en toda nuestra vida.

A partir de este momento buscamos todas las ocasiones para verlo otra vez.

Lo conseguimos en la Abbazia de Morimondo en un concierto de beneficencia organizado por la FAI, una organización totalmente privada que recoge fondos para mantener el patrimonio arquitectónico italiano. Cuando llegué a Italia, inmediatamente contribuí a esta iniciativa fantástica que ha salvaguardado y sigue haciéndolo con muchas obras imperdibles.

Fue una noche extraordinaria, de mucha emoción, con la belleza al estado puro de la música y del canto en un sitio precioso. Abbado es una persona de una gran humanidad que la comunica en sus interpretaciones excepcionales, y Sara Mingardo en mi opinión es la mejor contralto que existe en la actualidad, una voz femenina que te conmueve hasta las lágrimas. Las obras que eligieron son simplemente fundamentales:

Abbado a Miramondo

Por último, tuvimos la suerte de poder asistir al concierto por el 70 cumpleaños de Daniel Borenboim. Fue un acontecimiento histórico. La vuelta de Claudio Abbado a La Scala después de 17 años de ausencia. En esa ocasión dirigió  la orquesta filarmónica de la Scala junto a su orquesta Mozart que fundó en Bologna. En la primera parte, Barenboim, tocó el concierto nr. 1 de Chopin para piano: nos gustó muchísimo su tacto de terciopelo y la emoción que sabe transmitir aunque a veces sea un poco impreciso. Abbado nos regaló su interpretación magistral de la sexta sinfonía de Mahler como sólo él sabe hacer: un verdadero redescubrimiento de Mahler.
El éxito fue inmenso, nunca habíamos visto algo así: todo el público de pié aplaudiendo sin parar y multitud de pétalos de flores que llovían sobre el escenario. Una verdadera declaración de amor por parte de Milan a su maestro Claudio Abbado.

El pasado 27 de enero, Daniel Barenboim en una sala vacía como lo requiere la tradición Scaligera, dirigió La Marcha Fúnebre de la tercera sinfonía de Beethoven. Las puertas estaban abiertas y una inmensa multitud escuchaba en un silencio conmovedor.

Claudio Abbado había fallecido el 20 de enero del 2014. Siempre nos quedará su magnífico recuerdo.

JEAN CLAUDE FONDER

Piazza della Scala 27:1:2014 Abbado