Cuando arden las pérdidas. Una semblanza crítica de Antonio Gamoneda.

Valeria Correa Fiz banner

Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) ha sido durante muchos años un poeta prácticamente desconocido en los ambientes más relevantes de la poesía española, ya que era considerado un “poeta de provincias”, como al propio autor le gusta comentar. No ha sido hasta la tardía publicación del libro Edad (Poesía 1947-1986), por la editorial Cátedra, cuando su obra ha llegado a un público más amplio. A partir de entonces, el reconocimiento ha sido unánime.

 

gamoneda

 

Toda la obra de Gamoneda está sustentada en un constructo artístico de bases sólidas, cuyos ejes son una visión particular del universo y una atención especial a la “conducta musical” del lenguaje.

 

¿Cuál es esa visión del universo que alimenta y da sentido a su obra? El propio Gamoneda ha afirmado al respecto lo siguiente: yo soy un hombre que escribe desde el miedo, y el miedo se refiere siempre a algo que va a ocurrir, no es algo que esté sucediendo -a lo que está sucediendo no se le tiene miedo, se huye de ello (…)-, el miedo es siempre hacia allá; entonces: yo estoy en la contemplación de la muerte; se trata, por tanto de una proyección hacia el futuro. El pensamiento de Gamoneda coincide plenamente con el postulado central del existencialismo filosófico. Para los existencialistas, la muerte reside en el interior del ser humano como peculiaridad propia definitoria de su existencia. La muerte no es sino la última posibilidad del hombre, es la posibilidad de la imposibilidad de su existencia (Heidegger). Ese ir hacia la muerte es en Gamoneda, también y al mismo tiempo, reflexión. Esta idea no abandonará jamás al poeta, y será una constante de toda su obra. Al respecto, dirá: la contemplación de mis actos en el espejo de la muerte”, (en Descripción de la mentira); o Siéntate ya a contemplar la muerte (Lápidas); y también, Ya sólo hay luz dentro de mis ojos (Libro del frío), por citar algunos de sus muchos versos en torno a esta idea.

 

lapidas

 

La resignada amargura que subterráneamente corre junto a la melodía de cada poema responde a esta impregnación de substancia mortis. Se entiende entonces que la memoria sea fundamental en su obra poética. Porque la memoria es conciencia de pérdida del presente (Amé todas las pérdidas./ Aún retumba el ruiseñor en el jardín invisible – Libro del frío), conciencia de tránsito y también, conciencia de ir hacia la muerte (Soy el que ya comienza a no existir/ y el que solloza todavía./ Es horrible ser dos inútilmente – Lengua y herida). No es casual, entonces, que la poesía para el poeta ovetense no sea otra cosa más que es el arte de la memoria en la perspectiva de la muerte. En otras palabras, el conjunto de su poesía no es más que el relato de cómo el poeta se dirige hacia la muerte. Acaso esta conciencia trágica, presente en toda su obra, tenga su germen en la muerte de su padre, también poeta, muerto en 1932, cuando nuestro autor apenas contaba con un año de edad. Acaso haya que añadir a esto la terrible experiencia de la Guerra Civil para un niño de corta edad; al respecto, ha dicho: Fui un testigo dolorosamente privilegiado en cuanto a la contemplación de la muerte en la guerra civil española y en la posguerra.

 

libro del frio

 

 

 

Sin perjuicio de lo anterior, cabe aclarar que para el poeta en la generación del poema, la actividad de la memoria y del pensamiento son posteriores a un impulso musical. En El cuerpo de los símbolos afirma: Yo no poseo mi pensamiento hasta que no me lo hace sensible / inteligible mi propia escritura, o, dicho de otra manera: sólo sé lo que digo cuando está dicho”. Esta conducta musical del lenguaje presente desde sus primeras obras (Primeros poemas y Sublevación inmóvil) se intensifica y se vuelve explícita ya desde el título en su tercer poemario Blues castellano. A propósito del cual, el autor ha dicho: A través de la música y el ritmo jazzísticos encuentro forma de armonizar intereses ético-sociales con los poéticos. En su libro siguiente, Descripción de la mentira, Gamoneda encontrará un modo más concentrado de expresarse hasta evolucionar en su dos últimos libros, Lápidas y Libro del frío, en “bloques rítmicos” (así ha denominado el autor ovetense a los párrafos de sus poemas; no hay versos, ni rima. Los bloques rítmicos intentan emular la fragmentariedad de la memoria).

 

descripcion de la mentira

 

Su voz, caracterizada por sus formas musicales lentas, detenidas, expresa un marcado compromiso ético y estético del yo lírico con el pasado inmediato de España, con la poesía y con su propio destino. La búsqueda poética de Gamoneda apunta siempre a la verdad histórica e individual (cuando nuestro poeta titula uno de sus libros Descripción de la mentira, está haciendo una declaración fuerte, nos está señalando su meta), aún cuando la verdad sea sólo la contemplación del horror, como lo indica en los siguientes versos: Todo exhala crepúsculo. Ante los muros blancos, voy a estudiar la agonía. Tú, de momento, cuida las sábanas mortales, mira los restos de la sombra. Es un don el dolor.

 

Esa búsqueda de la verdad, valor fundamental de su poesía que no sacrificará ante nada, ni aún ante la belleza, se transformó con el paso de los años en una camino de despojo (del mundo en sí mismo, pero también de las palabras) hasta convertirse en un sendero del olvido. El olvido, extremo opuesto de la memoria que el poeta ha tratado de recuperar a través de toda su obra, viene a tener entonces la última palabra. Sus últimos poemas constan de una única certeza, la certeza de que nos queda sólo el olvido. Porque (…) Todo es presagio. La luz es médula de sombra: van a morir los insectos en las bujías del amanecer. Así/ arden en mí los significados.

 

A continuación, una selección de poemas en la voz del poeta.

 

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Este semblanza crítica fue publicada en el número 10 de la revista “Traduzionetradizione, Quaderno internazionale di traduzione poetica”.