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Desde el sitio Biblit (ideas y recursos para traductores literarios), que me manda información sobre lo que pasa en el mundo de la traducción, informan de que un grupo de investigadores de la Escuela Superior de Ciencias Aplicadas de Zúrich (ZHAW) está analizando el lugar de trabajo de los traductores y los problemas de salud relacionados con éste. El cuestionario está traducido a seis idiomas y se tarda aproximadamente unos 15 minutos en rellenarlo. Su objetivo es «mejorar las condiciones laborales de los traductores a largo plazo». La encuesta se concluirá a fines de 2014.

No sé si lo hacen para una empresa, para crear una nueva silla, un nuevo producto, o un despacho especial donde encerrar a los traductores para que no pierdan tiempo hablando de su trabajo y se dediquen ocho horas al día a traducir, o si realmente la salud de los trabajadores interesa a la ciencia.

Voy a controlar el sitio de la universidad y, entre sus encuestas, encuentro «a study financed by the Swiss National Foundation, Cognitive and Physical Ergonomics of Translation».

No tengo ningun problema de postura, por ser muy aficcionada al deporte y por suerte, pero estoy convencida de que son importantes tanto las condiciones del lugar de trabajo, como la investigación científica, y además me picaba la curiosidad; por eso he contestado.

Las preguntas son breves y están divididas en seis bloques. Contestar ha sido interesante porque me han hecho reflexionar sobre algunos de los elementos planteados por el cuestionario.

Pongo unos ejemplos:

1) ¿Me considero mecanógrafa? Mas o menos. No sé cuántas veces miro el teclado mientras traduzco. Muchas veces no. Pero en eso ayuda también el corrector ortográfico que corrige automáticamente mientras estoy cometiendo errores.

2) ¿Soy diestra? Sí, lo soy. Y de eso depende la posición donde pongo el libro o las fotocopias que tengo que traducir. En eso sí me había fijado.

3) ¿Trabajo con un portatil o un fijo? Con los dos. En verano me gusta más el portatil, porque puedo trabjar al aire libre.

4) Quieren saber si el texto original está impreso y el texto meta está visible en la pantalla. Yo procuro siempre que sea así. Ya he perdido la vista con una sola pantalla, mirar a dos me niego.

5) Y la distancia entre la pantalla y mi cara, ¿menos de un brazo o más? Por la mañana un brazo, después de unas horas el ordenador y yo nos abrazamos.

Pero la pregunta que me llama más la atención es cuántas horas traduzco al día, que es muy diferente de cúantas páginas traduzco al día. Me lo han preguntado ya muchas veces y no sé que contestar.

Traducir (hablo en mi caso de traducción literaria) significa, entre otras cosas, leer de manera profesional una novela. Analizarla, solucionar problemas… Pero, aun si significara solo leer, ¿cuántas horas se puede leer un libro prestando atención a todo lo que nos ofrece? Si quiero terminar rápidamente una novela policiaca porque me muero por saber quién es el culpable, me voy a perder todo detalle que me lleve al asesino. Yo acostumbro a traducir hasta que siento que lo hago con cuidado. Claro que con mi libertad va a interferir la fecha en la que tengo que entregar la traducción a la editorial que me la ha encargado.

En fin, contestar a las preguntas de la encuesta, incluso a las que parecen tan sencillas, ha sido una manera para reflexionar sobre mi modo de trabajar, sobre los pequeños detalles que durante el día pasan desapercibidos.

A continuación va el enlace al cuestionario de la Escuela Superior de Ciencias Aplicadas de Zúrich, y una pregunta mía: ¿Cuántas horas pueden leer ustedes antes de perder la concentración y con ella el placer de la lectura?

http://gibbon.zhaw.ch/limesurvey/index.php/478455/lang-es

SILVIA SICHEL.