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SEMEJANZAS

Se habla mucho del efecto anímico de Theo van Gogh en su hermano Vincent, pintor posimpresionista. Pero quien determinó el rumbo psíquico y estético de su obra fue otro hermano, homónimo suyo y fallecido antes de que él naciera. Se dice que ambos eran idénticos y que los famosos autorretratos de Vincent son retratos verosímiles del difunto. Tan opresiva era la sombra del muerto que el menor se cortó la oreja para diferenciarse. Descansan en la misma tumba, mezclados los huesos.

 

EL SENTIDO DE UNA OBRA

Hijo de Flora Tristán, la primera feminista importante que registra la historia, Paul Gauguin huyó a Haití buscando la distancia suficiente como para poder acostarse con mujeres sin sufrir remordimientos de conciencia. También fue sobrino de Pio Tristán, último virrey del Perú, que comandó el regimiento realista que fue derrotado por Manuel Belgrano en la batalla de Salta, aunque contaba con mejores armamentos y más soldados. Gauguin pasó parte de su infancia en la casa de su tío, en Lima. Entonces había una ley que eximía de impuestos a quienes dieran alojamiento a un loco. Como en Lima no llueve nunca, todo el mundo tenía un loco viviendo en la terraza de su casa. A los locos les gustaba bajar despacito en la noche para observar a los durmientes.

LOS DERVICHES DE NERÓN

Cada artista tiene su propia ceremonia para establecer contacto con las musas y llegar a la iluminación. En su madurez, Piet Mondrian se ubicaba en el centro de su estudio y empezaba a girar sobre sí mismo, siguiendo la técnica que había observado en los danzarines del grupo pseudo derviche de Gurdjieff. Carente de equilibrio, terminaba desparramado por el piso. Si no se había fracturado un hueso, se ponía a trabajar. Eso explica por qué su pintura se compone solo de líneas rectas y planos ortogonales.

Por su parte, C.B. siempre fantasea con quemar su obra pictórica más temprana, compuesta en su mayor parte de paisajes que bien podrían representar la antigua Roma. En soledad, dispone esos trabajos a su alrededor como si efectivamente se trataran de una maqueta de la ciudad, se envuelve con una sábana, toca tres o cuatro notas en un clarinete de plástico y recita algo en el latín que aprendió en la escuela secundaria. Las similitudes con Nerón son débiles y C.B. nunca pasó de encender y apagar alguno que otro fósforo, pero lo fascina ese momento de indeterminación en que sus pinturas dependen de un gesto, ese momento de poder supremo. Lo detiene la certeza de que no todo pirómano es un buen crítico.

 

DANIEL GUEBEL (Buenos Aires, 20 de agosto de 1956)