El microrrelato de los viernes: Un cuento breve del Diablo sabe mi nombre

EL LOCO

Se despierta una mañana, se levanta. Se dirige hacia el armario (no desayuna, no bebe ni un vaso de agua). Saca un pañuelo rojo (¿un paliacate?, ¿una seda?) y lo extiende sobre su cama. Recoge objetos de su habitación, objetos que para otros serían tonterías/fetiches/amuletos, pero que para él son sus más valiosas pertenencias: un mechón de cabellos de su amada, una fotografía arrugada de cuando era niño, una piedra recogida en un río, un collar de semillas de colores, un bigote de su gato, un reloj que no funciona.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de Cristina Peri Rossi

CRIANZAS

Siempre imagino que mi madre tiene nada más que venticinco años (la edad que ella tenía cuando yo nací), de ahí, que me enfurezca si la oigo arrastrar los pies, cloquear, toser o pensar como una vieja. No entiendo por qué a los venticinco años le han salido arrugas ni me explico cómo siendo tan joven se acuesta tan temprano.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de normas de inseguridad

SOLEMNE

Boato. A uno y otro lado de las bancadas, los familiares de los novios contienen la respiración con la última nota del órgano, la que da paso a la liturgia.

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El microrrelato de los viernes: Un relato breve de Franz Kafka

PROMETEO

De Prometen nos hablan cuatro leyendas. Según la primera, por
haber revelado a los hombres secretos de los dioses, fue encadenado en el Cáucaso, y los dioses enviaban águilas que le devoraban el hígado, que siempre volvía a crecer.

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El microrrelato de los viernes: un cuento breve de Alejo Carpentier

El entierro de Henri Christophe

El gobernador entreabrió la hamaca para contemplar el rostro de Su Majestad. De una cuchillada cercenó uno de sus dedos meñiques, entregándolo a la reina, que lo guardó en el escote, sintiendo cómo descendía hasta su vientre, con fría retorcedura de gusano.

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de Pedro Crenes Castro

Gánsteres
Para Doménico Chiappe, que estaba allí.
—El primero siempre es el más difícil le dije.
—En mi caso es el último —contestó llevándose la pistola a la sien.

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El microrrelato de los viernes: Un cuento breve de Clarice Lispector

Ruido de pasos
Tenía ochenta y un años de edad. Se llamaba doña Gandida Raposo.
Esa señora tenía el deseo irresistible de vivir. El deseo se acentuaba cuando iba a pasar los días en una hacienda la altitud, lo verde de los árboles, la lluvia, todo eso la acicateaba. Cuando oía a Liszt se estremecía toda. Había sido bella en su juventud. Y le llegaba el deseo cuando olía profundamente una rosa.

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El microrrelato de los viernes: Un cuento breve de Clara Obligado

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El pescadero exhibía una sirena dentro de una pecera. Ella, ajena al tumulto, masticaba con sus dientecillos afilados peces de plata que el hombre lanzaba de tanto en tanto al tiempo que gritaba: ¡compren, compren una sirena, la única en el mercado!

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El microrrelato de los viernes: Dos micros de Raúl Brasca

Eloísa y Abelardo

Separados, cada uno en su convento, Abelardo y Eloísa se piensan:

Abelardo, ensimismado, alarga su mano en el aire mientras Eloísa recuerda esa mano mucho tiempo atrás desviándose del libro hacia sus senos y siente desatarse la misma pasión que él quiere revivir ahora y no puede,…

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El microrrelato de los viernes: Un cuento breve hallado en Una presencia ideal

ARLETTE GRENON (Médica)

Mi hermano menor quería ser escritor, como usted. Pero murió muy joven, a los veintitrés años. Llegó a escribir varios poemas, dos o tres cuentos y el esbozo de una novela, eso fue todo. Mi padre era médico, igual que yo, igual que mi hermano mayor y que mi abuelo. Es una tradición familiar. Mi hermano menor decía que él era el Gustave Flaubert de la familia. Conoce la historia de la familia Flaubert, ¿verdad? Su padre y su hermano eran médicos.

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