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Emil Nolde Dama con pieles (1918)

 Me preguntan a veces cuánto se tarda en traducir una novela.

Traducir lleva mucho tiempo. No existen textos fáciles (pero sí existen novelas muy difíciles para traducir) y eso porque no basta con traducir correctamente el contenido de la obra original. Si traducir fuera eso, sería muy fácil; bastaría con abrir el diccionario bilingüe. Sin embargo, ni siquiera basta el diccionario monolingüe, como es natural.

Muy a menudo pasa que estás traduciendo con gran gusto unas páginas en las que has logrado acertar el estilo, la estética, el registro del autor. El texto se desliza bajo las teclas del ordenador y de pronto te topas, como acaba de pasarme, con una palabra como sicalipsis.

Palabra del siglo pasado, que te lleva de inmediato a un ambiente diferente, porque el autor de la novela habla de la época de las flappers, del cabaret, de los sombreros de campana, y yo, traductora, no puedo tener el descuido de traducir su mero sentido. Tengo que encontrar una palabra correspondiente en mi idioma. Y si no existe semejante vocablo, buscaré una expresión, un adjetivo que den a mi traducción el mismo sabor del original, o pondré una palabra desusada que pertenezca al mismo abanico en otro punto del párrafo. Lo importante, para empezar, es estar segura de qué significa la palabra en todos sus matices.

Busco en el Drae: «sicalipsis. (Del gr. σῦκον, higo, y ἄλειψις, acción de untar, frotar).

  1. f. Malicia sexual, picardía erótica.»

Busco sinónimos: erotismo, obscenidad , picardía, sensualidad, sexualidad.

En interclassica.um.es/didactica/etimoclassica hay una entrada que cuenta: «El origen de este término fue objeto de vivo debate a comienzos del siglo XX. En 1919, Federico Ruiz Morcuende indicaba que ‘sicalíptico’ y ‘sicalipsis’, de aparente estructura griega, “no son sino dos vocablos modernos, inventados por un editor al hacer la propaganda de una de sus publicaciones”. Aporta un anuncio publicado en el diario madrileño El Liberal el día 25 de abril de 1902: “Dentro de poco tiempo se pondrá a la venta una nueva e interesante publicación, a 60 céntimos cuaderno, titulada Las mujeres galantes. Esta publicación es altamente ‘sicalíptica’. Para conocer la definición de esta palabra, completamente nueva, es preciso adquirir el primer cuaderno de Las mujeres galantes.” En nota a pie de página, Ruiz Morcuende informa de que dicha publicación, al parecer, fue dirigida por el ‘escritor festivo’ Félix Limendoux y de que la definición que prometía el anuncio no era otra cosa que una serie de fotograbados con desnudos más o menos artísticos. El 17 de junio de 1902 El Liberal publicó otro anuncio del citado cuaderno: “Este cuaderno es el colmo de la sicalipsis”. Ruiz Morcuende atribuye a estas palabras un “significado medio entre la relativa inocencia de lo picaresco y la descarada desfachatez de lo pornográfico” y acaba su breve nota indicando taxativamente que “del habla helénica no tienen más que su semejanza con las formas apocalíptico y apocalipsis, en las cuales se inspiró probablemente su inventor al crearlas”. .. Corominas se hace eco de la opinión de Ruiz Morcuende, apuntando que se trata de una “creación comercial arbitraria”, en cuya invención han podido contribuir otras palabras como sibarítico, apocalíptico, etc. Frente a esta opinión, el Diccionario de la Real Academia y el de María Moliner hacen derivar la palabra de las citadas del griego; los dos proponen las mismas palabras griegas: el DRAE es más literal en los significados de ambas, σῦκον ‘higo’ y ἄλειψις ‘acción de frotar untar’; sin embargo, María Moliner entiende σῦκον como ‘vulva’ y ἄλειψις como ‘excitación’. Es cierto que σῦκον es empleado por el comediógrafo Aristófanes con el valor de ‘vulva’, pero ἄλειψις y ἀλείφω no tienen ese valor de ‘excitación’ que indica Moliner: se emplean con el sentido general de ungir, frotar, y muy a menudo para referirse a la unción con aceite previa a los ejercicios gimnásticos. Difícil, por tanto, resulta determinar con seguridad la relación etimológica de estas palabras con el griego.»

La historia de “mi” novela se desarrolla en Francia, en el capítulo en cuestión se habla de teatro burlesco y también de espectáculos más eróticos.

Medir las palabras 16 9 2015

Sigo buscando. Encuentro un sitio (lasdosvidasdelaspalabras.com) donde han colgado la presentación de un libro: Culturas del erotismo en España 1898-1939 de Maite Zubiaurre de la Universidad de California y leo: «El término se consideró en su momento sinónimo de picante, verde, erótico o pornográfico. Amando de Miguel añade más datos a la rocambolesca historia de este terminajo picantón y bienhumorado: “La palabra sicalipsis es uno de esos cultismos que se inventan con acierto. De acuerdo con las indicaciones de Serge Salaüin, aparece en 1901 para describir la ‘ola erótica’ que por esas fechas invade pacíficamente la sociedad española. Seguramente fue un término que se acuñó en alguna tertulia. Juega con la etimología griega para indicar algo así como excitación o frotación del higo.” Es fácil comprender la broma y la ironía. La gracia está en que parece un término científico del psicoanálisis, que por entonces se veía como una exótica importación. Fue un término episódico, pero que sirve muy bien para designar una época. [También con este substantivo, como con su derivación adjetiva, sicalíptico] se calificaba a cierta literatura que no llegaba a pornográfica o a algunas mujeres que eran algo más que elegantes y atrevidas, pero sin llegar a ser cortesanas. El acierto del [término] se encuentra en la mezcla de ironía y ambigüedad. Contiene además ese ingrediente cultista que tan bien caracteriza a la jerga castiza del habla de Madrid. En efecto, en un primer momento, los términos “sicalíptico” y “sicalipsis” se aplicaron a textos e ilustraciones sólo “levemente” eróticas, y a mujeres tan sólo “parcialmente” liberadas. Sin embargo, con el paso del tiempo, la palabra “sicalipsis” pasó a englobar todas las gradaciones imaginables del erotismo (y de las mujeres que lo practican), desde el idilio y las coqueteadoras y demi-vierges más descafeinadas, hasta el sexo duro, las prostitutas profesionales y la pornografía más descarnada y explícita.»

Miro entre las imágenes que encuentro en la Red. Las de los años Veinte. Lo tengo todo claro. ¿Tenerlo todo claro significa tener la palabra justa en mi idioma? ¿Y cuánto tiempo me llevará decidir que es precisamente esa la que quiero poner?

Y mientras sigo pensando en lo de la sicalipsis, en los párrafos siguientes me topo con una suripanta y una peliforra. ¿Cuanto tiempo lleva traducir una novela?

SILVIA SICHEL.

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