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LA PLENITUD DEL CÍCLOPE

ESTO ES la ciudad de los cíclopes.

Sin duda, un cíclope está siempre satisfecho. Allí donde posa su vista, eso es lo que llena todo su ser. Ni lo que sucede a su derecha, ni lo que acontece a su izquierda, inquieta su estado de ánimo.

Pero en la ciudad de los cíclopes también hay gente infeliz. Personas que en vez de uno, poseen dos ojos, lejanos, distantes, como arrojados groseramente dentro de su cara. Y no se sienten en absoluto satisfechos. Observan todo cuanto está a su alrededor con una nitidez aterradora. Eso les provoca sentimientos confusos, desasosiego, indecisiones. Podrían resignarse, podrían. Aunque para no sufrir tanto, preferirían tener sólo un ojo: uno enorme, de pausado pestañeo y párpado caído. Desearían ser cíclopes. Y se esfuerzan, tapando con una mano su ojo derecho, o quizá el izquierdo, o uno y otro alternativamente. Pero todo resulta inútil. Lo único que consiguen es angustiarse cada vez más, ahondando en el inmenso vacío que asola el centro de su frente.

OTROS ÁRBOLES

ESTO ES la jungla donde acecha lo insólito.

El hombre de la jungla vive saltando de liana en liana, acostumbrado al cobijo de unos cuantos árboles – sólo unos pocos de la inmensidad selvática -, en apariencia feliz. Pero no lo es. Le intimida el sol que se inmiscuye voraz entre las ramas. Desconfía de la calma árida que precede a las tormentas. Y no se siente en absoluto satisfecho. Lo único que posee son las lianas. La posibilidad de volar por el exiguo espacio al que dan bóveda las copas de esos árboles. Y el miedo. También el miedo. Por si una liana se quiebra y se rompe. Cada vez que eso sucede, anuda con desesperación los fragmentos. Los ata para, en cada salto posterior, sufrir la amenaza de un nuevo desgarro.

Sin duda, hay otros árboles más allá de los que frecuenta. Con lianas nuevas, más fuertes. Sabe que los hay. El hombre de la jungla podría incluso llegar hasta ellos, si no temiera enredarse en un desliz, o escurrirse, o hasta precipitarse en lo extraño.

TERE SUSMOZAS (Madrid, 11 de julio de 1974), del libro TERRESTRE OCÉANO, Ediciones Torremozas, 2015.

TERE SUSMOZAS