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El “cadáver exquisito” nació como un método de creación colectiva de textos. Cada participante debe escribir una o más frases sin conocer las frases precedentes y sin preocuparse de la coherencia o el sentido que el resultado final pudiera tener. Este juego literario, que pronto pasó de la escritura al dibujo y de ahí al collage, fue inventado en Paris por los escritores surrealistas, según cuenta la historia, en la calle Châteu, número 54, en una casa donde vivían Marcel Duhamel, Jacques Prévert et Yves Tanguy.

 

Ejemplo de dibujo realizado bajo los reglas del cadáver exquisito.

Ejemplo de dibujo realizado bajo los reglas del cadáver exquisito.

El juego recibe su nombre de la que se considera que fue la primera oración creada a partir de este método: “El cadáver exquisito beberá el vino joven”. Los teóricos y asiduos al juego (en un principio, Robert Desnos, Paul Éluard, André Bretón y Tristan Tzara) sostenían que la creación, en especial la poética, debe ser anónima y grupal, intuitiva, espontánea, lúdica y en lo posible automática.

 

Fotomontaje realizado por Man Ray

Fotomontaje realizado por Man Ray

En una de nuestras últimas clases del taller de escritura creativa del Instituto Cervantes de Milán, trabajamos bajo esta consigna. La practicamos con una variante: cada participante escribía una o más frases y antes de pasarle el papel al compañero siguiente, dejaba al descubierto la última palabra escrita. He aquí el texto colectivo de mis alumnos.

Pero, ¿te acuerdas de aquella vez que Pablo con su amante, emigrada del Congo, se fueron al cine? Se escondieron en la última fila, empezaron a comer las palomitas compradas antes de entrar, pero eran demasiado grandes para sus bocas. De repente, se apagó la luz. Ella se sobresaltó. Tenía miedo a la oscuridad, pero era necesario buscar la salida. Intentó recordar dónde estaba la biblioteca y empezó a caminar palpando los libros que le indicaban la salida. Llegó hasta la plaza. En el centro de la plaza, había una fuente de agua caliente. La multitud se daba un baño relajante. De pronto, todas las arrugas se fueron y las caras se volvieron suaves como la piel de los niños. Entonces, se dio cuenta de que había dejado a sus niños encerrados.

Pero, ¿qué podía sucederles en casa?

Se calmó un poco. La pipa no era real.

Es asombrosa la coherencia interna que guarda el texto, a pesar de ser una creación colectiva a ciegas. ¿Las musas impregnan la atmósfera de los que escriben y dictan sus palabras a quienes saben oírlas, como le hubiera gustado pensar a los griegos?

Miembros del Taller de Escritura Creativa- Instituto Cervantes, Milán, 2015

Miembros del Taller de Escritura Creativa- Instituto Cervantes, Milán, 2015