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PREFERENCIAS

El jade, las piedras pulidas y como húmedas, pero no brillantes, turbias no transparentes, el marfil, la luna, una sola flor en su maceta, las ramas de múltiples ramillas con hojitas delgadas, vibrantes los paisajes lejanos y envueltos en una bruma naciente, el canto (debilitado por la distancia) de una mujer, las plantas sumergidas, el loto, el croar del sapo en el silencio (no se llega a localizar nunca exactamente el ruido), los manjares insulsos, un huevo ligeramente pasado, los macarrón pegajosos, una aleta de tiburón, una lluvia fina que cae, un hijo que cumple los ritos del deber filial con una precisión enervante, insoportable, la imitación bajo todas sus formas, plantas de piedra, con flores cremosas, de corolas, pétalos y sépalos de una perfección irritante, representaciones teatrales en la Corte, por prisioneros políticos, obligados a tomar parte, crueldades deliciosas, he aquí lo que les ha gustado siempre a los chinos.

AMOR CHINO

El amor chino no es el amor europeo.

La europea ama con transporte, y de pronto olvida al borde del mismo lecho, pensando en la gravedad, en ella misma, o en nada, o bien simplemente conquistada por la “ansiedad blanca”.

La mujer árabe se porta como una ola. La danza del vientre, hay que recordarlo, no es una simple exhibición para los ojos; no, el remolino se instala sobre uno y lo arrastra y lo deja luego como beatificado, sin saber exactamente lo que ha sucedido, ni cómo.

Y ella también empieza a soñar la Arabia se levanta entre los dos. Todo ha concluido.

Con la mujer china, nada de eso. La china es como la raíz del banian, que se encuentra en todas partes, hasta en las hojas. Así, cuando se ha introducido en el lecho, se necesitan muchos días para desasirse.

HENRI MICHAUX (Namur, Bélgica, 24 de mayo de 1899 – París, 18 de octubre de 1984).

henri michaux