Etiquetas

2

Escrito y publicado a principios del nuevo siglo, Mientras escribo, como confiesa el mismo autor, es un curriculum vitae más que una autobiografía.

Stephen King lo escribió aún dolorido por el accidente que padeció el 19 de junio de 1999 cuando, yendo por la Route 5, fue expulsado por un 4 x 4 cuyo conductor estaba distraído. Su distracción se debía a que su perro, en el asiento posterior, amenazaba con comerse la carne que había comprado. Pulmón colapsado, pierna derecha fracturada en diez partes, cuatro costillas rotas, pelvis desviada, fue el diagnóstico. Meses y meses de dolores insoportables y el deseo irrefrenable de escribir sobre si mismo.

1De la convalecencia salió este volumen, imprescindible para quienes gustan de Stephen King y para aquellos que quieran escribir. Una primera parte está dedicada a su educación juvenil, el periodo entre infancia y adolescencia, salpicada con anécdotas divertidas. Como aquella de su mastódontica baby sitter que adoraba tirarlo en el sofá, sentarse con su enorme culo sobre él y disparar poderosos cuescos que ella acompañaba gritando «Bang!», dejándolo mareado, si no temporalmente exánime, solo para ver el efecto del peculiar ataque sobre el niño. Verdadera escuela de vida, según el novelista, porque después de sobrevivir a una metralleta de gases de un quintal de mujer nada te puede aterrorizar, y te vuelves inmune a las agresivas criticas de, por ejemplo, el Village Voice.

La segunda parte se centra en el oficio de escritor. Empieza definiendo las herramientas fundamentales: diccionario, grámatica, estilo de escritura y técnicas para contar una historia. Y una explicación: la vida no tiene que ser un soporte del arte. Es el arte que, a lo sumo, puede enriquecer la vida.

Así, página tras página, se viaja en el universo de King y la escritura. Primera clase: nunca maquillada. (Sería como poner al propio perro un traje de ceremonia). La palabra es la única representación de un sentido que la escritura nunca puede coger perfectamente. Por eso, ¿para qué complicarse la vida buscando una palabra si conocemos otra más clara y humilde?

Y luego: la gramática la aprendemos solo leyendo y hablando de otra manera; nunca podemos decir que la conocemos. La lectura ayuda al aprendizaje del proceso de creación y quienes dicen que no tienen tiempo nunca podrán tenerlo para escribir. Los verbos: alejarse de los verbos en forma pasiva. El adverbio: nunca es vuestro amigo.

Mientras EscriboY al final, la narración. Las historias no se compran en un Supermercado de las Ideas. Se crean de la nada: dos pensamientos desunidos que se cruzan y se anudan. Nada de iluminación del cielo sino capacidad de reconocerlos cuando se presentan. La descripción crea la realidad que se cuenta, los diálogos dan vida a los personajes. La historia manda, no la profundización psicológica. Ninguna piedad hacia los cursos de escritura creativa (muy buenos solo para los bolsillos de los que enseñan). Y elegir el proprio lector ideal es como buscar un editor or un agente.

No hacen falta ejemplos de páginas horrorosas de sus colegas (lo mismo hace con las suyas). Y la sentencia final: el mal escritor nunca puede convertirse en un escritor decoroso, ni es posible que un buen escritor sea excepcional. Pero sí es posible que un autor decente se convierta en uno válido.

Y un último consejo: no te enamores de tu supuesto talento. Sigue leyendo y escribiendo, sigue siendo curioso. Y vuelve a leer y a escribir. No es necesario llegar a ser escritor. La escritura no es vida. Aunque puede convertirse en un instrumento de resurrección.


Corrado Ori Tanzi

Portada Vivere e morire a Milano