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Milán abril 2016.

Nadie va a la montaña a morir, a la montaña se va para vivir. Lo saben todos aquellos que la aman, desde los alpinistas más extremos hasta los senderistas de refugio; no hace falta ser Bonatti para sentirlo. Para el alpinista la montaña se convierte en una forma de vivir, de sentirse vivo. ¿Qué empuja entonces a Carlos Marín, el protagonista de Después de la nieve, un alpinista de los grandes, a descender, abandonar la montaña y vivir como un vagabundo en su ciudad natal? ¿Por qué esa renuncia? ¿Por qué dejar de vivir?

A todas estas preguntas, nuestro narrador, un periodista de una revista de montaña, intenta dar respuesta aventurándose en un viaje por los suburbios donde encontrará varios ejemplos de marginalidad urbana: prostitutas, vagabundos, sin papeles y drogadictos, para descubrir poco a poco la vida de Carlos, desde sus primeras excursiones hasta las grandes hazañas.

Después de la nieve es una novela, como su protagonista, difícil de calificar. No es un libro de montaña pero contiene mucha montaña, con muchas alusiones a la historia del alpinismo y sus protagonistas, vías y montañas famosas, técnicas y léxico especializado, y sin embargo no, no es un libro de montaña, o no solo. Presenta elementos de la novela policíaca como la resolución de un misterio pero tampoco lo es. Podríamos incluso considerarla como una obra de carácter social, escrita para denunciar la marginalidad, con todos esos personajes tan bien perfilados… Este libro, como Carlos Marín, es difícil de encuadrar, por eso me gusta.

Jorge e hijos

.Jorge Rodríguez Marroyo nació en Valladolid en 1977, apasionado de montaña y literatura, después de vagar de aquí para allá terminó en Milán, donde reside desde hace 15 años.

Maquetación 1

Un periodista se acerca a la ventana de un pasillo de hospital y se fija en las huellas blancas que manchan los cristales. “Intento limpiar un poco esas impresiones de dedos utilizando la manga de mi jersey y descubro que no se han hecho desde el interior. Alguien ha plantado sus manos contra el cristal por la parte de fuera. Es extraño, dado que las huellas apuntan hacia lo alto y para estamparlas, tal y como están dibujadas, sería necesario asomar el cuerpo entero, exponerse a una caída, sacar los pies al vacío. Además, no soy el mayor experto, pero ese tono de polvo blanco, que en un principio pensé que se trataba de tiza, juraría que es magnesio. (…) Ya sé que es extraño, pero juraría que un guerrero de la roca, un profesional de la escalada, ha trepado por el exterior del hospital para colarse dentro a no se qué hora de la noche”.

Así arranca la novela Después de la nieve, finalista del Premio Desnivel de Literatura.

Ricardo_MartinezRicardo Martínez Llorca es uno de los escritores de nuestro país especializado en viajes y aventuras. Sumando los meses en los que ha cargado con la mochila al hombro por el mundo, se puede decir que ha sido vagabundo durante un total de cuatro años. Después de la nieve sigue la estela de alguna obra anterior de su autor. Con El precio de ser pájaro demostró que podría afrontar el reto del relato de aventura, centrado en personajes reales a los que iba entrevistando. En Hijos de Caín –donde ya se da a conocer al narrador que dará voz a esta novela– la ficción ocupa el lugar de la realidad para elaborar un ejercicio semejante.  … leer más

Milán abril 2016.

En este relato, el autor, Ricardo Martínez Llorca, narra su encuentro casual y extraño con el protagonista, el afamado escalador Carlos Marín, a quien descubre después de una ascensión clandestina de éste por la pared de un hospital :

Pag. 11 :“Se parecía demasiado a alguien que yo había conocido en algún lugar. Y ese lugar tenía que ser las montañas.”

A partir de este encuentro, el novelista averiguará la vida y las experiencias del escalador, cuyas generosas hazañas poco a poco aparecen en la narración. El tema fundamental del relato es, sin lugar a dudas, la identificación del ser humano con la naturaleza, con la que el protagonista comparte una dura lucha por la vida, desde un lugar a otro de las cordilleras de medio mundo, pasando también por unas escabrosas travesías a lo largo del más sórdido microcosmo urbano.

(Pag.20) “ No podía detenerse,. No debía mirar atrás, no debía perder un solo segundo. Si todo salía a pedir de boca, a las cuatro de la tarde tendría que estar en la cumbre. Y a continuación le esperaba lo más complicado, lo más temible.”

(pag.46)“Carlos me mostró arroyos en los que vivían lirones y me subió a cerros , en compañía de cabras montesas, para ver desde lo alto los valles inundados de tanto sol que se borraban las formas- dijo Laura.”

(Pag. 63) “ Negar que somos naturaleza es negarnos la felicidad “– dijo Carlos- que atribuía buena parte del malestar del hombre a su empeño en mantenerse sedentario, en transformar su inmovilidad en una cosecha estéril, sin creación, sin coraje, sin generosidad.

El realismo sincero y sólo aparentemente paradójico del autor nos lleva, a menudo con ternura poética, desde la durísima e inhóspita pureza del mundo alpestre hasta la ferocidad y el cinismo de los feos suburbios, donde Carlos percibe más claro el dolor de la humanidad y las injusticias; su amor para la naturaleza más apartada dará al escalador la fuerza y el coraje para sobrevivir al drama de la pérdida de su pareja y del nacedero y enfrentarse a la violencia de las barriadas, en cuyos rincones más obscuros se mueven personajes desequilibrados : psicópatas brutales como los skinheads, infermos e inmigrados, camellos y prostitutas, a veces atrevidos o tímidos como Laura, Mónica y el Muchacho. Su actitud de hombre aferrado al desafío le permitirá expresarse de manera directa en el mismo lenguaje desproporcionado del suburbio , como ocurre en el cruel juego de los trenes.

(pag.42)“Es Mónica. Su camello. O al menos nosotros sospechamos que sea su camello. Porque no sabemos muy bien lo que se traen entre manos cuando trapichean una pastillas azules.”

(Pag.43)” Y el juego debía hacerse de noche , en una estación de las afueras, donde apenas hubiera vigilancia, donde a nadie llamara la atención ver los destellos de dos linternas frontales caminando por vías prohibidas.”

Guido Rossa, alpinista y dirigente sindical italiano del los años ’70 del siglo pasado, asesinado por los terroristas de las Brigadas “rojas”, escribía que más coraje tenían muchos obreros de las acererías en su lucha cotidiana para los derechos laborales y humanos, que él mismo en la paredes verticales del Lirung himalayano. Nada más exacto a la brutal realidad de los suburbios que Ricardo Martínez llorca recorre siguiendo las huellas de Carlos Marín. Asimismo las inquietudes sicológicas del autor le empujan a asumir siempre más carácter protagónico en la narración ; Ricardo se ve a su vez envuelto en una red de situaciones aparejadas a los pensamientos y a las peripecias de Carlos :

(Pag.59) “ Me tuve que decir que ya no estaba en condición de intentar salvar la humanidad, porque no sabía muy bien qué hacer con los apuntes que iba tomando sobre las comunidades violentas.

Pag.71 “ ¿De Lord Jim? ¿ Qué conclusión sacaste?” – Que tener conciencia es un infierno…La banda sonora de una ciudad araña las raíces del sistema nervioso.

(Pag.94) “ En mis estanterías se acumulaban folios y folios que trataban de las vías que había escalado Carlos, de los lugares a los que fue, de los especialistas en solo integral; pero también del tráfico de órganos, de las drogas de diseño, porque no me cabía duda de que Carlos intentaba ayudar al Muchacho a salir de esa miseria; y de la inmigración ilegal, por el socorro con que atendía a Burkina…”

Y finalmente no se puede pasar por alto la capacidad que demuestra el autor manejando el lenguaje : el uso de habla culta y callejera-coloquial, muy ricas en imágenes, su profundo conocimiento del universo de la aventura, alcanzan el equilibrio necesario para una correcta y feliz comprensión de la obra:

(Pag.35-36) “ Pasó un tren sin detenerse en la estación. En el aire quedó un gruñido de lamento de final del mundo, patinado de mecanismos, y un hedor eléctrico. “

(Pag.43) “…Carlos recoge el bolso de la mujer y se lo entrega junto a los mejores deseos , junto al ofrecimiento de poner a su servicio una fuerza bruta capaz de trepar dos mil metros de pared vertical en condiciones invernales, y una lealtad a prueba de bombas, fraguada gracias a la línea de vida que une al escalador con el compañero que le asegura.”

Sólo una reflexión tengo que añadir, que sale directamente de mi corazón de ambientalista: acordémonos que en las paredes verticales de las montañas no estamos solos , compartimos esta misma dimensión con otros seres vivientes que, como nosotros, tienen el derecho a vivir en paz.

En un artículo del diario “El Mundo” del 25 de marzo, un guardia forestal de la Sierra de Tramuntana, en Mallorca, confirmaba que :” El año pasado se perdió la reproducción de al menos cinco parejas de buitre negro respecto a 20/4 y se encontró muerto un pollo en un nido aparentemente abbandonado debido a actividades próximas de escaladores. Los ejemplares con crías son muy sensibles a la presencia humana…”

Para nosotros el acantilado, los farallones, la pared vertical pueden ser simplemente un desafío, aunque empapado de amor a la naturaleza ; para ellos son su casa, su mundo y las ventanas por donde se asomarán a la vida.

 

Nando Pozzoni, hispanista apasionado de la historia y la literatura, escribe cuentos y da clases de lengua española: el Instituto Cervantes de Milán publicó su libro Tras las huellas de la Milán española y sigue colaborando con ellos en diversas investigaciones histórico-literarias.