Etiquetas

, , , , , , , , , , , ,

6.

Descargar las diapositivas en PDF  –  Descargar los textos en PDF


Juan Ramón JiménezJuan Ramón Jiménez   (Moguel, 1881–San Juan, Puerto Rico, 1958)

“Escribir largo, ancho y seguido (tendido) es mucho más fácil (lo pueden intentar todos los que lo duden) que breve, corto y aislado (separado)”
(Ideolojía, 1897-1957)

ESTIO

Fue un amor momentáneo, sin pasado y sin porvenir; triste porque lo dio todo sin esperar nada, porque surgía porque sí. Viviendo a su alrededor y maltratando.
Desde lo alto del mirador se veía el campo y el río, confusamente, con vaguedades verdes, y de plata, entre la bruma sombría de la noche. Por el naciente, sobre los negros pinos recortados en un cielo blando, nacarino y como hollado, la luna subía dramática y celeste… Y del jardín bajo subía una penetrante esencia de jazmines moriscos, y las fachadas lascivas de las casas eran, sobre el azul de terciopelo de la noche, espectrales, goyescas, encendidas por el resplandor de la iluminación de la plaza en feria y por las bengalas azules, amarillas, granates de los fuegos artificiales…
Una música de metal amarillo elevaba a los luceros su vals agrio y romántico, lleno de anhelos estériles, de nostalgias sin eco, de dolor bajo y sin consuelo.
Es un recuerdo de estío, que está en mi vida como un jazmín blanco, isla de mar y sombra.

(Juan Ramón Jiménez, ¿DM?)


EL RAYITO DE SOL

Al niño chico lo ha despertado en la cuna un rayito de sol que entra en el cuarto oscuro de verano por una rendija de la ventana cerrada. Si se hubiera despertado sin él, el niño se habría echado a llorar llamando a su madre. Pero la belleza iluminada del rayito de sol le ha abierto en los mismos ojos un paraíso florido y mágico que lo tiene suspenso.
Y el niño palmotea, y ríe, y hace grandes conversaciones sin palabras, consigo mismo, cogiéndose con las dos manos los dos pies y arrullando su delicia.
Le pone la manita al rayo de sol; luego, el pie —icon qué dificultad y qué paciencia!—, luego la boca, luego el ojo, y se deslumbra, y se ríe refregándoselo cerrado y llenándose de baba la boca apretada. Si en la lucha por jugar con él se da un golpe en la baranda, aguanta el dolor y el llanto y se ríe con lágrimas que le complican en iris preciosos el bello sol del rayo.
Pasa el instante y el rayito se va del niño, poco a poco, pared arriba. Aún lo mira el niño, suspenso, como una imposible mariposa, de verdad para él.
De pronto, ya no está el rayo. Yen el cuarto oscuro, el niño —¿qué tiene el niño, dicen todos corriendo, qué tendrá?— llora desesperadamente por su madre.

(Juan Ramón Jiménez)


LA NIÑA ENGAÑADA

Su madre le ofreció una naranja si hacía aquello que ella quería. La niña lo hizo con esfuerzo sonriente. Entonces la madre, carcajada soez de ojos y dientes, se comió la naranja y le tiró a la niña la piel.
La niña cojió la piel y se quedó mirando por la ventana ¿a Dios? Tenía atravesada una letra de una palabra nueva en la garganta. Y sus ojos, como si la dosis de pena de toda su vida se le hubiera subido anticipadamente a ellos, como si hubieran visto, vivido en un segundo toda la vida, miraban, plomos, fijos, densos, gastados, como los de una vieja.

Juan Ramón Jiménez, Historias y cuentos (1900-1952), 1994


COMO EN UN SUEÑO

Narciso iba paseando por el campo cuando, de pronto, vio que algo lo miraba.
Era un ojo de la naturaleza, un ojo del suelo, ojo de agua serena y sonriente; y miró al ojo con sus ojos y, de pronto, también se miró dentro de él. Y vio que él era de la naturaleza madre, como es un hijo.
Entonces se echó en el seno maternal, como un hijo que era, y se hundió para siempre, en la madre de la que había salido, como en un sueño universal.

Juan Ramón Jiménez, Viajes y sueños ( 1915-1916), 2009


Rubén Darío

.

Félix Rubén García Sarmiento.

Rubén Darío.

(Chocoyos, 1867 – León, 1916)

.

NATURALEZA MUERTA

He visto ayer por una ventana un tiesto lleno de lilas y de rosas pálidas, sobre un trípode. Por fondo tenía uno de esos cortinajes amarillos y opulentos que hacen pensar en los mantos de los príncipes orientales. Las lilas recién cortadas resaltan con su lindo color apacible, junto a los pétalos esponjados de las rosas té. Junto al tiesto, en una copa de laca ornada con ibis de oro incrustados, incitaban a la gula manzanas frescas, medio coloradas, con la pelusilla de la fruta nueva y la sabrosa carne hinchada que toca el deseo; peras doradas y apetitosas, que daban indicios de ser todas jugo y como esperando el cuchillo de plata que debía rebanar la pulpa almibarada; y un ramillete de uvas negras, hasta con el polvillo ceniciento de los racimos acabados de arrancar de la viña.
Acerquéme, vilo de cerca todo. Las lilas y las rosas eran de cera y las peras de mármol pintado, y las uvas de cristal.
¡Naturaleza muerta!

(Rubén Darío, Azul…, 1888


EL NACIMIENTO DE LA COL

En el paraíso terrenal, en el día luminoso en que las flores fueron creadas, y antes de que Eva fuese tentada por la serpiente, el maligno espíritu se acercó a la más linda rosa nueva en el momento en que ella tendía, a la caricia del celeste sol, la roja virginidad de sus labios.
– Eres bella.
– Lo soy – dijo la rosa.
– Bella y feliz – prosiguió el diablo Tienes el color, la gracia y el
aroma. Pero…
– ¿Pero?…
– No eres útil. ¿No miras esos altos árboles llenos de bellotas? Ésos, a más de ser frondosos, dan alimento a muchedumbres de seres animados que se detienen bajo sus ramas. Rosa, ser bella es poco…
– La rosa entonces – tentada como después lo sería la mujer – deseó la utilidad, de tal modo que hubo palidez en su púrpura.
Pasó el buen Dios después del alba siguiente.
– Padre – dijo aquella princesa floral, temblando en su perfumada belleza -, ¿queréis hacerme útil?
– Sea, hija mía – contestó el Señor, sonriendo.
Y entonces vio el mundo la primera col.

(Rubén Darío, Azul…, 1888)


EN EL PAÍS DEL SOL

Junto al negro palacio del rey de la isla de Hierro—(ioh, cruel, horrible destierro!)— ¿cómo es que tú, hermana hannorriosa, haces cantar al cielo gris, tu pajarera de ruiseñores, tu formidable caja musical? ¿No te entristece recordar la primavera en que oíste a un pájaro divino y tornasol
en el país del sol?
En el jardín del rey de la isla de Oro-0°h, mi ensueño que adorol)—fuera mejor que tú, harmoniosa hermana amaestrases tus aladas flautas, tus sonoras arpas; tú que naciste donde más lindos nacen el clavel de sangre y la rosa de arrebol,
en el país del sol!
O en el alcázar de la reina de la isla de Plata (Schubert, solloza la Serenata…) pudieras también, hermana harmoniosa, hacer que las místicas aves de tu alma alabasen dulce, dulcemente, el claro de luna, los vírgenes lirios, la monja paloma y el cisne marques. La mejor plata se funde en un ardiente crisol,
en el país del sol!
Vuelve, pues, a tu barca, que tienes lista la vela—(resuena, lira, Céfiro, vuela)—y parte, harmoniosa hermana, a donde un príncipe bello, a la orilla del mar, pide liras, y versos y rosas, y acaricia sus rizos de oro bajo un regio azul parasol,
en el país del sol.

New York, 1893

(Rubén Darío, Prosas protanas,1897)


Tahiche Rodríguez Hernández