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René Avilés Fabila
(Ciudad de México, 1940)

http://www.reneavilesfabila.com.mx

 

 desaparicion_de_hollywood55c92969c11d8_300hLOS FANTASMAS Y YO

Siempre estuve acosado por el temor a los fantasmas, hasta que distraídamente pasé de una habitación a otra sin utilizar los medios comunes.

René Avilés Fabila, La desaparición de Hollywood (y otras sugerencias para principiar un libro), 1973


SOBRE TIRANOS

El tirano subió las escalerillas del avión; una orquesta militar interpretaba el himno nacional: generales, ministros y banqueros, con lágrimas en los ojos y enseñas patrias en las manos, lo cantaban.

El tirano se detuvo a contemplar el patriótico espectáculo. También él lloraba. A lo lejos se escuchaban disparos y exclamaciones libertarias. Cuando la música hubo concluido, el tirano quiso dirigirse por última vez a los suyos y con voz de Júpiter tonante y acentos oratorios de plazuela, en pose heroica, dijo:

—¡Sálvese el que pueda! —antes de abordar apresuradamente el avión.

René Avilés Fabila, Pueblo en sombras, 1978


LOS DOLIENTES

René Avilés Fabila, Hacia el fin del mundoOtro ser humano destruido por el cáncer; su agonía fue lenta, dolorosa. El velorio, aunque muy concurrido, careció de brillo fúnebre. En domingo inhumaron a la mujer víctima de la enfermedad. Regresando del cementerio, hubo reunión de los parientes más allegados a la que fuera centro familiar (hijos exclusivamente); tenían los ojos húmedos, los rostros compungidos. Subieron casi sin ruido a la habitación de la difunta: sólo se escuchaba el roce producido por varios pares de zapatos. De súbito, la habitación fue invadida por figuras luctuosas. Ocasionalmente se oían murmullos, apenas perceptibles, que intentaban ser rezos, pero nada más. Por fin, el hijo mayor, después de visibles esfuerzos para tranquilizarse, habló con voz hueca: respetemos la memoria de nuestra madre que en paz descanse. No debemos llorarla. Recuerden que ella, en su bondad, nunca quiso que sufriéramos. Los hermanos asintieron. Después, también siguiendo las indicaciones del mayor, todos comenzaron a hurgar en cajones de roperos y cómodas, entre los libros, debajo de los muebles, en el colchón y en las cobijas. Nadie lloraba.

René Avilés Fabila, Hacia el fin del mundo, 1969


FRANZ KAFKA

René Avilés Fabila, Cuentos y descuentos,Al despertar Franz Kafka una mañana, tras un sueño intranquilo, se dirigió hacia el espejo y horrorizado pudo comprobar que:

a, seguía siendo Kafka.

b, no estaba convertido en un monstruoso insecto.

c, su figura era todavía humana.

Seleccione el final que más le agrade marcándolo con una equis.

René Avilés Fabila, Cuentos y descuentos, 1986


CORRECCIÓN CINEMATOGRÁFICA

Cuando el aterrado público esperaba ver al inmenso King-Kong tomar entre sus manazas a la hermosa Fray Wray, el gorila con paso firme salió de la pantalla, y pisoteando gente que no atinaba a ponerse a salvo, buscó por las calles neoyorquinas hasta que por fin dio con una película de Tarzán. Sin titubeos — y sin comprar boleto—, con toda fiereza, destrozando butacas y matando espectadores, se introdujo en el film y una vez dentro, ansiosamente buscó su verdadero amor: Chita.

René Avilés Fabila, Cuentos y descuentos, 1986


EL FLAUTISTA ELECTRÓNICO DE HAMELIN

Como no quisieron pagarle sus servicios, el flautista, furioso, decidió vengarse raptando a los niños de aquel ingrato pueblo. Los conduciría por espesos bosques y altas montañas para finalmente despeñarlos en un precipicio. Sus padres jamás volverían a verlos. Para ello no era suficiente su flauta mágica, sino algo más poderoso. Optó, entonces, por prender el aparato televisor: los niños encantados lo siguieron hacia su perdición.

René Avilés Fabila, Cuentos y descuentos, 1986

Marco Denevi
(Sáenz Peña, Buenos Aires, 1922 – Buenos Aires, 1998)

“Moraleja de todas las fábulas: el hombre es un animal.”

 

 FÁBULA EN MINIATURA

Los lobos, disfrazados de corderos, entraron en el redil y empezaron a murmurar al oído de las ovejas:

«Hemos sabido, de muy buena fuente, que el perro es un lobo disfrazado».

Marco Denevi, Brevedades


LA BELLA DURMIENTE DEL BOSQUE Y EL PRÍNCIPE

La Bella Durmiente cierra los ojos pero no duerme. Está esperando al Príncipe. Y cuando lo oye acercarse simula un sueño todavía más profundo. Nadie se lo ha dicho pero ella lo sabe. Sabe que ningún príncipe pasa junto a una mujer que tenga los ojos bien abiertos.

Marco Denevi, Antología precoz, 1973 (?)


Marco Denevi, Ceremonia secreta y otros cuentos

APOCALIPSIS

La extinción de la raza de los hombres se sitúa aproximadamente a fines del siglo XXXII. La cosa ocurrió así: las máquinas habían alcanzado tal perfección que los hombres ya no necesitaban comer, ni dormir, ni leer, ni hablar, ni escribir, ni hacer el amor, ni siquiera pensar. Les bastaba apretar botones y las máquinas lo hacían todo por ellos. Gradualmente fueron desapareciendo las biblias, los Leonardo da Vinci, las mesas y los sillones, las rosas, los discos con las nueve sinfonías de Beethoven, las tiendas de antigüedades, el vino de Burdeos, las oropéndolas, los tapices flamencos, todo Verdi, las azaleas, el palacio de Versalles. Sólo había máquinas. Después los hombres empezaron a notar que ellos mismos iban desapareciendo gradualmente, y que en cambio las máquinas se multiplicaban. Bastó poco tiempo para que el número de los hombres quedase reducido a la mitad y el de las máquinas aumentase el doble. Las máquinas terminaron por ocupar todo el espacio disponible. Nadie podía moverse sin tropezar con una de ellas. Finalmente los hombres desaparecieron. Como el último se olvidó de desconectar las máquinas, desde entonces seguimos funcionando.

Marco Denevi, Ceremonia secreta y otros cuentos, 1965


EL PRECURSOR DE CERVANTES

Vivía en El Toboso una moza llamada Aldonza Lorenzo, hija de Lorenzo Corchelo, sastre, y de su mujer Francisca Nogales. Como hubiese leído numerosísimas novelas de estas de caballería, acabó perdiendo la razón. Se hacía llamar Doña Dulcinea del Toboso, mandaba que en su presencia las gentes se arrodillasen, la tratasen de Su Grandeza y le besasen la mano. Se creía joven y hermosa, aunque tenía no menos de treinta años y las señales de la viruela en la cara. También inventó un galán, al que dio el nombre de don Quijote de la Mancha. Decía que don Quijote había partido hacía lejanos reinos en busca de aventuras, lances y peligros, al modo de Amadís de Gaula y Tirante el Blanco. Se pasaba todo el día asomada a la ventana de su casa, esperando la vuelta de su enamorado. Un hidalgüelo de los alrededores, que la amaba, pensó hacerse pasar por don Quijote. Vistió una vieja armadura, montó en un rocín y salió a los caminos a repetir las hazañas del imaginario caballero. Cuando, seguro del éxito de su ardid, volvió al Toboso, Aldonza Lorenzo había muerto de tercianas.

IMPOSTURAS DEL SEÑOR PEROGRULLO

Moraleja de todas las fábulas: el hombre es un animal.

EL NUNCA CORRESPONDIDO AMOR DE LOS FUERTES POR LOS DÉBILES

Hasta el fin de sus días Perseo vivió en la creencia de que era un héroe porque había matado a la Gorgona, a aquella mujer terrible cuya mirada, si se cruzaba con la de un mortal, convertía a este en una estatua de piedra. Pobre tonto. Lo que ocurrió fue que Medusa, en cuanto lo vio de lejos, se enamoró de él. Nunca le había sucedido antes. Todos los que, atraídos por su belleza, se habían acercado y la habían mirado en los ojos, quedaron petrificados. Pero ahora Medusa, enamorada a su vez, decidió salvar a Perseo de la petrificación. Lo quería vivo, ardiente y frágil, aun al precio de no poder mirarlo. Bajó, pues, los párpados. Funesto error el de esta Gorgona de ojos cerrados: Perseo se aproximará y le cortará la cabeza.

VERITAS ODIUM PARIT

Traedme el caballo más veloz, pidió el hombre honrado. Acabo de decirle la verdad al rey.

EL MAESTRO TRAICIONADO

Se celebraba la última cena.

–¡Todos te aman, oh Maestro! –dijo uno de los discípulos.

–Todos no –respondió gravemente el Maestro–. Conozco a alguien que me tiene envidia y que en la primera oportunidad que se le presente me venderá por treinta dineros.

–Ya sé quién es –exclamó el discípulo–. También a mí me habló mal de ti.

–Y a mí –añadió otro discípulo.

–Y a mí, y a mí dijeron todos los demás. Todos, menos uno que permanecía silencioso.

–Pero es el único –prosiguió el que había hablado primero–. Y para probártelo diremos a coro su nombre sin habernos puesto previamente, de acuerdo.

Los discípulos, todos, menos aquel que se mantenía mudo, se miraron, contaron hasta tres y gritaron el nombre del traidor.

Las murallas de la ciudad vacilaron con el estrépito, porque los discípulos eran muchos y cada uno había gritado un nombre distinto.

Entonces el que no había hablado salió a la calle, y, libre de remordimientos, consumó su traición.

EL TRABAJO NÚMERO 13 DE HÉRCULES

Según el apócrifo Apolodoro de la Biblioteca, <<Hércules se hospedó durante cincuenta días en casa de un tal Tespio, quien era padre de cincuenta hijas a todas las cuales, una por una, fue poniendo en el lecho del héroe porque quería que éste le diese nietos que heredasen su fuerza. Hércules, creyendo que eran siempre la misma, las amó a todas>>.
El pormenor que Apolodoro ignora o pasa por alto es que las cincuenta hijas de Tespio eran vírgenes.  Hércules, corto de entendederas como todos los forzudos, siempre creyó que el más arduo de sus trabajos había sido desflorar a la única hija de Tespio.

FALSIFICACIÓN DE LAS FALSIFICACIONES

Cuando, traducido por cierto Marco Denevi, este libro salió publicado en la República Argentina, los nombres de los autores habían sido eliminados y críticos y lectores, todos en la luna, atribuyeron las falsificaciones a su iverecundo traductor.

Marco Denevi, Falsificaciones, 1966


Tahiche Rodríguez Hernández