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No sé por dónde empezar a la hora de hablar de este libro. Me lo he leído dos veces. Me ha dejado sin palabras, estupefacta, anonadada. La primera vez que lo leí fue estando de vacaciones en España, una de esas mañanas que te despiertas temprano pero te apetece remolonear en la cama antes de desayunar. No podía dejar de leerlo. Y según avanzaba, más me apasionaba. Lo acabé de un tirón. La segunda vez, después de tres semanas, ya en Italia, antes de escribir esta reseña y también lo leí sin respiro. Creo que nunca había leído un libro tan duro y tan apasionado a la vez, un libro que habla de la vida con una fuerza extrema y justo después de la muerte con tanto respeto y delicadeza. Nada de sentimentalismos, nada de falsos mitos sobre el nacimiento y la muerte. Nada de nada. Solo la cruda realidad de la vida misma. Todo ello en tan solo noventa páginas.

fotoKotzwinkle

Su autor, William Kotzwinkle, era totalmente desconocido para mí. Estadounidense, escritor de género, conocido, sobre todo, por haber escrito la versión literaria de E. T. El extraterrestre y el guión de la cuarta parte de Pesadilla en Elm Street,  escribió este breve libro después de la muerte de su primer hijo. La novela se publicó en 1975 pero años después cayó en el olvido hasta 2012, cuando el escritor Ian McEwan la citó en su última novela de espías. A partir de ahí, volvió a despertar interés y a publicarse. Llegó a España en el otoño de 2014 gracias a la editorial Navona que lo incluyó en una colección llamada Los ineludibles. La edición es preciosa, con una portada color naranja, rígida con ese aire misterioso, para pocos adeptos, ya que en ella no encuentras ni sinópsis ni demasiada información sobre el autor. Y cuando lo empiezas, no lo sueltas.

IMG_6581Rápido entras dentro de la historia de los dos protagonistas en el momento en que Diane, embarazada, rompe aguas y Laski la lleva corriendo al hospital, en una noche de invierno, con su camioneta destartalada. Empiezas a alegrarte por la llegada de su hijo, vives cada momento del parto, te empapas en cada instante del fuerte sentimento que despierta la llegada de un bebé y, de repente, un segundo después, al saber que ese hijo, tan anhelado y tan esperado, ha nacido muerto, te sientes impotente, aniquilado, parado, sin fuerzas. La sensación que te deja este libro es la misma que cuando subes a unas montañas rusas. Las subidas, bajadas y la velocidad de las montañas rusas pueden provocar fuertes emociones, entre ellas euforía y energía, pero más de una persona termina con vértigo, mareo o temor. Un torbellino de emociones.

Si un libro se define clásico por su manera de tratar temas globales, que se pueden aplicar a cualquier período de tiempo, sin lugar a dudas, creo que El nadador en el mar secreto puede ocupar un espacio en nuestra lista de imprescindibles, no solo por acercarnos al tema universal de la vida y la muerte, sino por su estilo riguroso y por su alta calidad artística. Más que una novela, es poesía pura. Totalmente aconsejado.

Conoce más sobre la novela y el autor:

http://www.elcultural.com/noticias/letras/William-Kotzwinkle-la-sobriedad-de-la-muerte/7060


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Laura Pollachini García