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Vivo a poco más de sesenta kilómetros de Milán, en un pueblo de 9.000 habitantes. A diario viajo en tren, como ya conté hace tiempo. El viaje dura una hora, una de ida y otra de vuelta. Reconozco que muchas veces se me hace largo y que me quita horas de sueño pero muchas otras se convierte en un momento para reflexionar y pensar.

Duermo, charlo, escucho música, a veces hablo por teléfono, mando mensajes, miro a través de la ventanilla y muchas otras leo. No solo, parece que también encontré a un chico estupendo y me casé con él.

Sí, como lo lees. Hace años, coincidí en el tren con un vecino que también, por aquel entonces, trabajaba en Milán. Me animó a que me sentara con él y con un amigo. Ese mismo día, ese amigo y yo nos volvimos a encontrar en el tren de vuelta a casa. Y así empezamos a hablar y a coincidir todos los días. El tren se convirtió en nuestro sitio de encuentro, donde fuimos poco a poco conociéndonos y descubriéndonos. Y poco a poco nos enamoramos. Porque viajar es extender la mano y volver a empezar, es intentar volar e intentar cambiar, como dice Gabriel García Márquez.

gianni-berengo-gardinFoto de Gianni Berengo Gardin

VIAJAR

Viajar es marcharse de casa,
es dejar los amigos
es intentar volar
volar conociendo otras ramas
recorriendo caminos
es intentar cambiar.

Viajar es vestirse de loco
es decir “no me importa
es querer regresar.
Regresar valorando lo poco
saboreando una copa,
es desear empezar.

Viajar es sentirse poeta,
es escribir una carta,
es querer abrazar.
Abrazar al llegar a una puerta
añorando la calma
es dejarse besar.

Viajar es volverse mundano
es conocer otra gente
es volver a empezar.
Empezar extendiendo la mano,
aprendiendo del fuerte,
es sentir soledad.

Viajar es marcharse de casa,
es vestirse de loco
diciendo todo y nada con una postal,
Es dormir en otra cama,
sentir que el tiempo es corto,
viajar es regresar.

Gabriel Garcia Márquez


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Laura Pollachini García