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Hay una dualidad en esta novela. Dos mundos diferentes y exagerados que se encuentran por voluntad de un escritor estupendo.
El mundo idealista, utópico, culto y desilusionado de los ex-comunistas,  descrito por un narrador omnisciente y que parece serio.
El mundo barroco, pícaro, corrupto y despiadado de los “hamburguesados”. El mundo del neoliberalismo en un país de criminales. Libre competición a balazos en libre empresa armada. Descrito por un narrador protagonista con una auto-ironía asesina.
En ambos la pluma de Dante Liano ejercita su humor británico y sarcástico con una maestría ligera y atractiva.

  • Extracto p 176

El Chita Ramos andaba papando moscas en el cuarto de al lado. Literalmente. Armado de un matamoscas de plástico, perseguía a los innumerables insectos que venían del mercado cercano, en donde la comida no distaba mucho de las grandes placas que dejaban los vendedores, afligidos por la falta de instalaciones sanitarias. Cuando no estaba pescando incautos para mí, el Chita había iniciado una guerra personal contra las moscas, y había probado de todo. Una vez, lo tuve que regañar duramente para que quitara del cielo raso las tiras de papel de goma atoradas de puntitos negros. Eran la trampa más eficaz contra sus enemigas, pero daba un asco infinito ver balancearse, con el humo de loa autobuses, la columna salomónica de papel enmielado. Su sueño dorado era comprar unas raquetas, que parecían de tenis, y que en cambio tenían electrizada la malla. Menos mal eran muy caras, pues ya me imanigaba al Chita Ramos dando brincos por todo el bufete, electrocutando moscas y rompiendo cuanto mueble se le cruzaba en el camino.

  • Extracto p 178

Julia Enríquez se había aburguesado. O como decía Chita Ramos sin intención irónica: se había “hamburguesado”. Se había comprado una casa muy por encima de sus posibilidades en la colonia que la clase media se había inventado como exclusiva para ricos y que los ricos despreciaban, y ahora le debía al banco el culo y las dos nalgas. Por si fuera poco, esa colonia estaba rodeada de supermercados, hipermercados, boutiques y un Price Smart, endeudándose con las tarjetas de crédito sin límite, en la caída precipitada de la clase media en los brazos de prestamistas, usureros y financieras, de modo que sus miembros se habían convertido en feroces depredadores, ávidos de dinero y sólo de dinero, tramposos diplomados en todo género de trinquetes, ostentosos de un estatus que no lograban mantener.

  • Extracto p 162 La historia de Julia y Ester

Era pleno día, la calle estaba llena de gente. Eso no fue obstáculo para que frenara, frente a ella, una jeep Bronco. Al reconocer el vehículo, quiso escapar. Demasiado tarde. Bajaron tres tipos que la alzaron como una pluma y la metieron en la parte de atrás. Antes de arrancar con chillido de llantas, uno de los tipos tapó las placas del jeep y se largaron. La vendaron y la golpearon. Luego la llevaron a un centro, que ella no sabía si era un cuartel o qué, y allí la torturaron. Cuando la regresaron a su celda, se encontró con que había otra mujer. No recordaba cuántos días pasaron allí. Con los ojos vendados, no  podían calcular las horas, ni el día ni la sabía ni siquiera a qué horas dormían. Se hablaban. Al principio no, porque desconfiaban. No fuera a ser una espía que les sacaba por confidencia lo que no se obtenía por la fuerza. Luego comenzaron a medirse, hasta entrar en confianza. La otra era Ester.
Fue Ester la que la animó. Apenas se escapamos, le dijo. Un día se armó un escándalo. Fuera, fuera, fuera, gritaban los militares. No era nada. Es que llegaban nuevos prisioneros y las llevaban a otro sitio más amplio. O ya habían obtenido la información, y las trasladaban a un centro permanente. Les quitaron la venda y las desataron. Estaban tan débiles por la tortura que no había necesidad de amarras. Comprendieron que las iban a matar, pues dejarlas ver dónde estaban significaba que los militares nunca las iban a dejar vivas. Salieron a la calle. Enfrente había varios carros, a donde subían a los prisioneros. Era una calle anónima podía ser cualquier zona modesta de la ciudad. En eso, llamaron desde adentro a los dos soldados que las empujaban. Ellos se regresaron sin pensar y ellas se vieron en la calle, sin ningún custodio cerca.


Miércoles, 25 de octubre de 2017 18h

El abogado y la señora de Dante Liano

(Puede comprarse en la librería Il libro, Via Ozanam, 11 (MM1 Lima) 022049022)

Club de lectura
Coordinadora:

Valeria Correa Fiz

Biblioteca del Instituto Cervantes, via Dante, 12, primer piso


. Dante Liano, Guatemala, 1948. Comenzó a publicar narrativa desde muy joven. En 1974, ganó el Primer Premio en la sección Novela, con Casa en Avenida, en los Premios Literarios Centroamericanos de Quetzaltenango. De 1975 a 1977 vivió en Florencia. En 1978 regresó a su país, donde publicó Jornadas y otros cuentos (1978). Otros libros de cuentos son: La vida insensata (1987) y Cuentos completos(2008). La persecución contra los docentes universitarios lo decidió a dejar el país en 1980. Se estableció en Italia, donde se dedicó a la enseñanza universitaria. Ha publicada varias novelas, entre ellas:El lugar de su quietud (1989), El hombre de Montserrat, (1994), El misterio de San Andrés, (1996), El hijo de casa (2004) y Pequeña historia de viajes, amores e italianos (2008). Con Rigoberta Menchú ha colaborado en la publicación de 6 libros de relatos mayas. Premio Nacional de Literatura (1991) de Guatemala.
Dante Liano tiene un blog muy seguido. Sus artículos hebdomadarios se publican también en el Facebook de Aire Nuestro: