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«A comienzos de los años cincuenta del siglo pasado, un profesor interino de un instituto de Milán imaginó la historia de una joven e inexperta muchacha que tiene que lidiar con una circunstancias adversas, fuertemente marcadas por una complejidad metropolitana en constante mutación». (Leonardo Vilei)

Ese profesor fue Elio Pagliarani, figura para muchos, incluso para mí, desconocida hasta que un buen día, acabé desayunando en un bar cerca de la Plaza Mayor de Madrid con un amigo, Ignacio Vleming, que acababa de presentar la traducción al español de una obra de este autor y me regaló una copia del libro.

Aquel libro, titulado «La muchacha Carla» viajó en mi maleta de vuelta a Milán, con mucha expectación por mi parte después de los comentarios entusiasmados de mi amigo Ignacio.

Fue todo un descubrimiento.

Elio Pagliarani escribió este poema como un relato en verso, convirtiéndolo en pieza fundamental del neovanguardista Grupo 63, del que formó parte y que defendía la vanguardia nacida de la vida cotidiana. Pagliarani vivió algunos años en Milán donde ejerció como profesor en un instituto hasta que se trasladó a Roma donde falleció en 2012.

Leyendo este poema, que parece un relato o incluso el guión de una película, – se lee con mucha facilidad incluso para aquellos que se acercan normalmente a la poesía – nos adentramos en la vida cotidiana de Carla Dondi, una chica que vive con su familia en un barrio de la periferia sur de Milán (en un bocacalle de Via RIpamonti) y que encuentra trabajo en una empresa ubicada cerca de la Plaza del Duomo. Vemos el mundo a través de sus ojos.

Es curioso como, además del personaje principale de Carla, Pagliarani logra captar en sus versos la esencia de una ciudad que intenta proyectarse hacia el futuro, una ciudad con muchas contradicciones y que, en este libro, se convierte en un personaje más de la obra:

«A la sombra del Duomo, a un flanco del Duomo
Las luces coloridas de los semáforos las partículas hidroeléctricas móviles
sobre la fachada del viejo caserón de la esquina entre el infeliz corso Vittorio Emanuele y Santa Radegonda, Odeon bar cinema y teatro
Un caserón maltrecho y decadente que será La Rinascente […]

Son momentos bonitos: hay silencio
Y el ritmo de un pulmón, tras los cristales
Esa gente que marcha a su trabajo
Derecha interesada necesaria
Con tanto aliento cálido en la boca
Al decir buenos días
La gente es quien decide
Y es cosa suya
No hay nada que decir […]

Carla vive dentro de cada chica milanesa. Todas revivimos en sus inquietudes. Todas soñamos con un mundo mejor, con un futuro digno gracias a un trabajo digno. Todas somos Carla.

Gracias a Ignacio Vleming por reconciliarme con mi Milán, que últimamente tenía un poco abandonada. Y enhorabuena por este trabajo, muy fiel, muy cercano a la versión original y muy acertado.

La traducción, a cargo de Ignacio Vleming y Leonardo Vilei, publicada por Editorial La Bella Varsovia recibió en 2016 el Premio Nacional Elio Pagliarani al Mejor Proyecto de Traducción, que concede en Italia la asociación en homenaje al creador. En el mes de noviembre del pasado año, se presentó en el Instituto Cervantes de Roma.

Una lectura totalmente recomendada.


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Laura Pollachini García