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PREJUICIOS

Hace algún tiempo, mientras me lavaba los dientes, vi en el baño una especie de cucaracha. Lo consideré algo normal en un edificio que data de 1900. Respiré profundo y fui a buscar el insecticida. Cuando volví, ya caminaba por los azulejos en dirección al pasillo. Noté que su tamaño había aumentado. Le disparé con el esprai y creció una cuarta. Volví a disparar y duplicó su tamaño. Asustada, me encerré en el dormitorio.

No se lo creerán si les digo que, desde entonces, Gregoria, que así se llama, plancha mis faldas, hace la comida y me deja la bandeja en la puerta tres veces al día: desayuno, comida y cena. A veces prepara un bizcocho para la merienda. Es una excelente conversadora. Cuando la miro observo que su tamaño continúa aumentando. De seguir así, sé que moriremos asfixiadas. El problema es que cada vez que se acerca a la puerta, el corazón me da un vuelco. Creo que me estoy enamorando de Gregoria. Me preocupa cómo se tomarán mis padres nuestra relación cuando se la presente. Si es que alguna vez salimos de aquí con vida.

EL DIFERENTE

Muy Señores míos,

Conocedor de su seriedad y experiencia profesional, confío en que me puedan aportar soluciones al problema que sin más dilación paso a detallarles:

A juzgar por ciertas características anatómicas y fisiológicas que comparto con esta especie, pertenezco al grupo de los coleópteros, ya que por lo demás, soy un ser totalmente distinto. Mi gran tamaño, la facilidad para leer y escribir en diez lenguas, mi amor apasionado por la metafísica y las leyes, hacen de mi un ser, digamos, diferente. Cuando creo pertenecer a algún grupo definido, sale otro sabio o insensato, ¡soloDios sabe!, para refutar la tesis original y poner patas arriba el origen de mi existencia.
En honor a la verdad, debo considerarme afortunado, pues en esta comarca jamás encontré rechazo alguno por mis peculiaridades; se me ha respetado en extremo y he sido invitado a diversos foros de discusión natural de la más alta enjundia. En ningún instante he experimentado sentimientos de soledad o desaliento. El no pertenecer a la familia de los mamíferos, por ejemplo, me ha salvado de una infancia traumática. Pero se da el caso, y esto es lo que me preocupa, de que ahora, como adulto, dispongo sólo de veinte días en mi corto periodo reproductivo, para descubrir a mi par y, así, hacer que se perpetúe mi descendencia. Por eso me dirijo a ustedes, pues sé que el nivel de éxito en su agencia matrimonial está asegurado. Les envío foto reciente y currículum vitae, y quedo a su disposición, depositando en ustedes todas mis esperanzas.

Atentamente,
Gregorio Samsa
Praga. 28 de noviembre de 1912

INMA PORCEL (Granada, 1965). Los micros seleccionados pertenecen a “Otra vez el grillo anuncia el verano” (Ediciones El pez volador, 2018)