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AMOR DESAPRENSIVO

Un amor relativo, sin piel, que no recorriera. Ni el deslizamiento, ni la presión, ni la lengua. Un acto separado y caballeresco. Las cortinas del teatro se levantan y el amor sube al escenario para consumarse. Amor que ciega con su espada final las vibraciones más pausadas, aquellas en las que la muerte se reconoce en la vida. Cierra la puerta sobre el último aleteo y se va. ¿Dónde se recupera, en qué sueños reaparece para armar el próximo escenario?

AMOR DESAPARECIDO

Lo mira insistentemente. Lo toca dejando perdurar sus dedos en las líneas de su boca. Lo besa con labios y lengua. El arrobamiento no aparece. Lo vuelve a abrazar, lo suelta, toma distancia para evaluar con el entendimiento lo que le niega la emoción. Él es el mismo pero ella ya no desentraña en él aquel brillo que otrora la iluminaba. Sus manos son las mismas y cuando las toma entre las suyas cree reconocer una tibieza conocida, pero, si bien la tibieza está, pareciera que de algún modo fuera segregada sin intención ni mensaje y existiera por su propio continente natural, las manos. Se aparta, observa la situación tratando de buscar el punto donde sea posible recomenzar. Se esfuerza por clavar su mirada en sus ojos y transmitirle una pasión incontenible; dice dos o tres frases vehementes intentando crear una situación de reacomodamiento amoroso; sonríe y entorna los ojos retrotrayéndose a gestos de seducción que antes bordeaban el desmayo pero que ahora se disipan, contra paredes muelles y sin resonancias; vuelve a poner sus labios en su boca queriendo extraer una sensación, al menos una distante sensación que vuelva a dibujar la forma del deseo; se aprieta contra su cuerpo y hace coincidir, como tantas otras veces, su pubis contra su sexo.
Él la besa, se aprieta contra su cuerpo, la mira con ojos profundos y susurra las palabras siempre, siempre. Se aparta, toma distancia y trata de reconocer en ella el paisaje anterior al desierto, el vergel en el que se amaban; insiste en el acercamiento y apoya su pecho en sus pechos buscando su morbidez, pasa su mano por la espalda de ella, llega hasta la cintura, cierra los ojos, busca el convencimiento.

TUNUNA MERCADO (Cordoba, 1939). Los relatos escogidos pertenecen al libro “Canon de Alcoba”. Seix Barral Biblioteca breve.