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(Crónica de un viaje a España, abril – mayo de 2019)

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CUENCA
26 de abril de 2019, viernes

Es nuestro primer día en Cuenca y nos despertamos con mucha calma. Una primera ojeada a través de las rejas de la ventana (el hotel en que alojamos se encuentra en un antiguo convento) nos permite atisbar un pequeño trocito de cielo azul, pero las pocas personas que vemos en la calle van muy abrigadas… Leo la temperatura: son 3 grados, así que vamos a ponernos encima todo lo que llevamos en la maleta y salimos a visitar el casco histórico. 

Fachada Catedral

La Catedral de Nuestra Señora de Gracia fue el primer edificio que se comenzó a construir tras la reconquista, en el lugar donde se emplazaba la antigua alcazaba musulmana, entre los años 1182 y 1189 (siglo XII) continuando las obras durante todo el siglo XIII. Se considera como la primera catedral gótica realizada en Castilla, pero tuvo varias fases en su edificación, reformas, ampliaciones y variaciones: sobre todo el exterior ha perdido su carácter gótico debido a las innovaciones introducidas durante el Renacimiento. Lo que más llama la atención del turista, sobre todo en los días despejados, son los recortes de cielo azul índigo que se entrevén a través de los arcos ojivales que rematan los portales de al lado.
Entramos, pero tenemos la mala suerte de llegar justo en el momento en que el organista está probando el instrumento para el concierto del sábado siguiente, así que no oímos prácticamente nada de lo que dice la audioguía. Afortunadamente, tenemos un mapa de la catedral con todas las explicaciones… La iglesia es de planta de cruz latina y tiene un ábside poligonal de siete lados. Las vidrieras desaparecidas han sido sustituidas con vitrales abstractos y la verdad es que, a pesar de que yo no aprecio muchos las intervenciones demasiado modernas en los edificios antiguos, tengo que reconocer que, esta vez, los nuevos elementos armonizan perfectamente con el conjunto.

Vidrieras

El triforio es un resto de la estructura normanda original; es el único en España y además la decoración sirve para contrarrestar el empuje de las bóvedas. Merece la pena gastar algunos euros más y subir por la empinada escalera no solo para admirar el interior de la Catedral desde un punto de vista diferente, sino también salir al exterior y observar la plaza desde lo alto.

Triforio

Cuando se habla de Cuenca, se piensa en las famosas “Casas colgadas”. Llamadas también “casas volantes” o casas del Rey, son un conjunto de edificios civiles que se denominan así por poseer una parte de ellas en voladizo, o grandes balcones, sobresaliendo en la alta cornisa rocosa de la hoz del río Huécar. Los únicos tres ejemplos que todavía perduran son “La casa de las sirenas” y las dos “casas de los Reyes” construidas entre los siglos XIII y XV, en las que se ubica el Museo de Arte Abstracto.
Desde la plaza de la Catedral, hay que bajar a la hoz del río Huécar para tener la mejor vista sobre las Casas… pero casi siempre los lugares demasiado renombrados decepcionan y esta no es la excepción que confirma la regla. Para empezar, hay obras, y se sabe que los andamiajes le podrían quitar encanto a cualquier lugar con ángel. Además, a parte del valor histórico, no hay nada en las casas que llame verdaderamente la atención.

CASAS COLGADAS

Lo que realmente me deslumbra es el entorno natural, son las “rondas”- que ofrecen la mejor vista de las hoces de los dos ríos – o sea, las sendas empinadas a lo largo de los barrancos, bordeadas de lirios violeta y de amapolas. Me alegra la vista de las golondrinas que zumban en el cielo azul entre los nubarrones plomizos, y todo el casco antiguo y la estructura misma de la ciudad me fascinan más que este símbolo de la ciudad tan afamado. Así que tomamos una de las rondas y volvemos a subir hacia la parte más alta de la ciudad, la zona del Castillo – aunque en realidad del antiguo castillo del que toma el nombre el barrio solo queda un tramo de muralla – desde la que se goza de una buena vista de la ciudad y nos han dicho que hay buenos restaurantes…

RONDA Y AMAPOLAS

Lamentablemente no tenemos suerte y lo que nos sirven tendría que ser un arroz negro con sepia y calamares, pero en realidad es un plato de sal con un poco de arroz, sepia y calamares…
Por la tarde retomamos el coche y nos dirigimos a la “Ciudad encantada”, un paraje natural de formaciones rocosas calcáreas formadas a lo largo de miles de años, que se encuentra cerca de Valdecabras, en una amplia zona de pinares de la parte meridional de la Serranía de Cuenca y a una altitud de 1500 metros. La acción del agua, del viento y del hielo ha hecho posible este fenómeno natural, y la heterogeneidad de las rocas es lo que ha permitido el desgaste desigual de las mismas por los elementos atmosféricos. El resultado es una serie de esculturas naturales en las que la fantasía popular ha querido reconocer formas de animales (los osos, el perro, la tortuga, la foca) de creaciones humanas (las naves, el convento, el puente romano) y de seres humanos también (la cara del hombre y los amantes de Teruel).
Hace frío, pero no tanto como para que haya hielo en el suelo, así que con nuestras chaquetas de invierno y nuestras botas de montaña estamos suficientemente abrigados. No hay casi nadie y la luz oblicua de la tarde es perfecta para visitar este lugar sorprendente.

CIUDAD ENCANTADA

Volvemos a Cuenca a la puesta del sol y visitamos la Torre Mangana, un edificio que ha sufrido varias remodelaciones a lo largo de su historia: la última, en 1970, le restituyó el carácter fortificado y defensivo que, como parte de la vieja muralla, había tenido en su origen.

Cuentapasos: 17.138 (10,7 kilómetros)
Temperatura 3 -14


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Silvia Zanetto

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Opere dell’Autore:

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Sandrino e lo gnomo

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L’alpino sulla riva del mare

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Ma Francesco dov’è?