COSMOpoética: Valeria Correa Fiz, recita María Morales

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Valeria Correa Fiz a quien los lectores de esta pagina conocen bien por sus apreciadas columnas, ha publicado un nuevo poemario “Museo de pérdidas” (Editorial La Palma, 2020).

María Morales recita sus poemas “Ella”, “Fuerzas de Flaqueza”,  “Hoteles imprecisos” y “Plegaria salvaje” para Cosmopoética

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ELLA
me alisaba suavemente las solapas
del abrigo
a modo de despedida.
En el tendedero
las camisas alzaban sus mangas vacías en forma de súplica.

Para rogar también hay que ser valiente.

Yo usaba mi coraje, en cambio,
para apretar los dientes. Y cuando me marchaba,
a medio camino hacia ningún sitio,
la felicidad de un perro al sol
conseguía atenazarme las tripas.

Será mejor que detengas esta locura,
me decía a mí mismo.
Pero, es sabido,
que a nadie le gustan los consejos.

Yo no sé qué tenían sus manos
que podían con la misma suavidad
alisarme el remolino de la frente
que sujetar a la Bestia del Apocalipsis por el morro.
La dulzura es, también, un arma.

FUERZAS DE FLAQUEZA

Por el túnel grave de la noche
en negro copiosa
llego yo al fondo de tu sueño
y abrazo tu cuerpo y tus miembros tristes
que duermen con ella,
que sueñan sin mí.

Los que son capaces de contener el deseo
que puede destruirlos,
¿son más fuertes que nosotros?

¿O es acaso su deseo

más débil que el nuestro?

HOTELES IMPRECISOS

Me gustan las cosas que otros rechazan:
las bolsas de náilon que vuelan los días de tormenta,
la semilla desnuda por la rapacidad del pico,
las grúas quietas (tanto óxido repentino en la constancia de la intemperie);
tu risa exagerada en un garito escondido, tus manos ásperas (quieto, quieto);
la hipérbole, el drama, el frenesí de tus excesos;
la comida recalentada, la lluvia idiota del Norte de España,
el olor a tienda de mascotas de nuestra cama en todos los hoteles furtivos después del
sexo;
las colillas platónicas de los cigarros que no fumas en todos los ceniceros,
tu ropa arrugada (la ropa nos duele y por eso la arrancamos) en el centro de un poema.

Me gusta el revés de lo que nadie mira
y lo curvo (tu nariz napoleónica)
y lo que nadie sabe (caballo de Troya):
que me despeines, que me despeines, que me despeines (quieto, quieto),
Me gusta hasta tu nuca
que pasa fugaz por todos los espejos cuando ella te llama

y te alzas (ahora corres)
abandonas la cama y el hotel
hacia un alba remota,
lejos de mí.

¿Quién no desea acaso lo que ha desaparecido?

PLEGARIA SALVAJE

vVen a mí, no te encierres, ni me des tregua,
no permitas que duerma
o sueñe.

Desespérame.
No seas sonrisa, pan ni guante.
Sé un ángel y una bestia enfurecidos: fauces, saliva, plumas.

Que cada dolor y sacrificio en mi carne
seas tú (tajo, sangre y cicatriz)
que vuelves.

No te encierres, embísteme.
Pulsa mis nervios con tus pezuñas.
En plena luz del día, ciégame, hazme escamas.

Corta mi lengua, mi carne, dame todas sus espinas
Que con cada corte tuyo yo renaceré

lentamente.

Sea para mí la liturgia de tu furia,
lo que a nadie enseñas,
lo que escondes hasta el hueso (cal, lágrimas ácidas).

Oblígame a saber quién soy.

Oblígate a pronunciar por fin tu nombre

entre mis piernas.