
El libro de los Salmos es un conjunto de himnos y oraciones. Un libro de alabanzas a Dios que se acompañaban de salterio.
Forman parte del Tanaj y de la Biblia. Esta poesía salmódica era frecuente en Oriente Medio y en la tierra de Canaán.
Aproximadamente, la mitad de los Salmos fueron compuestos por David; el resto por Salomón, Moisés, los hijos de Coré, Asaf, Abraham, y otros.
En cuanto a la forma y estilo, los salmos destacan por su precisión y naturaleza elíptica.
La mayoría de los salmos van acompañados de un título o encabezamiento (más en la versión de los LXX que en el texto masorético). Esos títulos incluyen, además, precisiones sobre los instrumentos musicales que se han de emplear, e igualmente, a veces, sobre el momento en que se debían usar (diferentes celebraciones), así como el lugar y las circunstancias en las que se compusieron.
El idioma original de los mismo es la lengua hebrea. La traducción más antigua de ellos es la que se realizó al griego para la Septuaginta. También se tradujo al siriaco (Peshitta) y al arameo (Tárgum).
Posteriormente se tradujeron también al latín en diferentes versiones, y ya, después, con la Reforma protestante, a otros varios idiomas.
Se suelen dividir en cinco secciones. La temática es variada (la mesianidad, el poder de Dios, la realeza, etc..).
Son de gran valor, no sólo teológico, como es evidente, sino, además, por añadidura, estético literario. De lo mejor —si no lo mejor— de la poesía universal. Muchas son las obras artísticas, musicales y literarias, inspiradas por ellos.

Retratos es un libro de poemas que, a modo de pictóricos lienzos, eternizan el momento pasajero. En él se disecciona, metafóricamente, una sucesión de instantes congelados por siempre sobre el tiempo. Pequeños retazos en remembranza de fugaces sombras preteridas

Un gran despliegue de relatos poliédricos que sorprenderá gratamente
a los lectores. Un ejercicio de talento literario e imaginación sin límite
alguno. Una vez que comience por el primero no podrá parar.
