Reflexión cultural (por Vicente Games)   

AGUDEZA Y ARTE DE INGENIO (2TOMOS)

El Arte de ingenio es un tratado de retórica barroca, firmado por el escritor jesuita Baltasar Gracián. 

En realidad, Gracián escribió dos tratados: uno en 1642, Arte de ingenio. Tratado de la agudeza; y otro en 1648, bajo el título Agudeza y arte de ingenio, revisión y ampliación del anterior. En él se incluyen, además, traducciones al castellano de los Epigramas de Marcial. 

Concepción barroca conceptista de gran y sutil inteligencia. 

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ASÍ SE DICE: Recomendar o no recomendar

Hace unos días, en un telediario español se decía lo siguiente: “Los médicos no recomiendan su ingreso en prisión debido al cáncer que padece”. En este caso, el periodista que ha escrito la noticia (no es un error de improvisación oral) ha querido decir otra cosa: “Los médicos recomiendan que no ingrese en prisión”. Evidentemente, no es lo mismo “no recomendar algo” que “recomendar que no se haga algo”. 

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Arte de ingenio  

AGUDEZA Y ARTE DE INGENIO (2TOMOS)

El Arte de ingenio es un tratado de retórica barroca, firmado por el escritor jesuita Baltasar Gracián. 

En realidad, Gracián escribió dos tratados: uno en 1642, Arte de ingenio. Tratado de la agudeza; y otro en 1648, bajo el título Agudeza y arte de ingenio, revisión y ampliación del anterior. En él se incluyen, además, traducciones al castellano de los Epigramas de Marcial. 

Concepción barroca conceptista de gran y sutil inteligencia. 

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Las bicicletas son para el verano  

Las bicicletas son para el verano, película de Jaime Chávarri de 1984, es una adaptación de la homónima obra teatral de Fernando Fernán Gómez, por la que recibió el Premio Lope de Vega en 1978. 

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ASÍ SE DICE: Uso inapropriado del verbo «repercutir»

De un tiempo a esta parte notamos que en España se está difundiendo un uso erróneo del verbo “repercutir”. Es un verbo que se construye con la preposición “en” y solamente puede tener un sujeto inanimado: alguna cosa repercute en alguien o en algo. Por ejemplo: “la subida del precio de la luz repercute en el aumento de los costes de producción”, “las palabras del ministro repercutieron en las decisiones posteriores del gobierno”. Veamos qué nos dice el Diccionario de la lengua española de la RAE respecto a este verbo, en sus acepciones cuarta y quinta:

4. intr. Dicho de una cosa: Trascender, causar efecto en otra.

5. tr. Hacer que un impuesto, un coste, etc., recaiga o tenga efecto sobre otra persona distinta de la que lo paga inicialmente.

Como se ve, en ambos casos se señala que el sujeto es una cosa, no una persona. Pues bien, el uso erróneo que queremos comentar consiste precisamente en eso, en construir este verbo con un sujeto animado, con el añadido de emplear la preposición “a” después, cosa también equivocada, así como el hecho de formarlo como reflexivo, con un “se”. Es un error que hemos escuchado más de una vez en boca de periodistas, como en estas frases pronunciadas en sendos telediarios: “El problema es que ese impuesto se repercuta en los ciudadanos”, “Los precios podrían repercutirse al bolsillo de los consumidores” (aquí tenemos dos de los errores: se usa como reflexivo y con la preposición “a”). El verbo correcto en estos dos casos es “trasladarse”: “se traslade a los ciudadanos” y “podría trasladarse al bolsillo de los consumidores”, respectivamente.

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El Señor y lo demás 

El Señor y lo demás, son cuentos es una obra de Leopoldo Alas, «Clarín», publicada en 1893.

El Señor y lo demás, son cuentos es una obra de Leopoldo Alas, «Clarín», publicada en 1893.

Contiene un puñado de narraciones de gran interés, en las que la prosa del magnífico escritor zamorano, afincado en Oviedo, campea victoriosa por sus páginas.

Uno de los más destacables, Adiós, Cordera, cuenta, de un modo lírico y preciso, la historia de dos niños gemelos, Pinín y Rosa, que tendrán un destino similar, metafórico o no, al de la vaca con la que jugaban en el prado durante su infancia.

Buena literatura.
Merece la pena leerlo.

David Baró

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ASÍ SE DICE: Rebajas y descuentos gramaticales:

“Los inquilinos con calefacción central van a rebajar un descuento del 50%”. Esta es la frase que le oíamos el otro día a un periodista en un informativo español de máxima audiencia. Por querer decir dos cosas al mismo tiempo, termina metiéndose en un laberinto sintáctico incomprensible. ¿Qué es “rebajar un descuento”? Evidentemente, el periodista quería decir “tener un descuento” o “tener una rebaja”. Sin embargo, lo más grave del asunto es que no se trataba de un error debido a las prisas, la improvisación o “las cosas del directo” (excusa tras la que suelen escudarse), sino que se trataba de un texto leído y, por tanto, escrito mal por algún “redactor”; o acaso se trataba de una lectura a lo loco por parte del presentador. En el primer caso, el sedicente “redactor” no sabe redactar; en el segundo, cabría preguntarse para qué sirve un presentador cuya función es leer las noticias y falla en eso mismo.

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Sobre el fútbol y sus aledaños 

Los periodistas deportivos son los sofistas contemporáneos. Pueden decir una cosa y su contraria en cuestión de minutos sin apenas despeinarse, según el color de la camiseta de la que se trate. Francamente, resulta cómico (tragicómico, más bien). Un verdadero espectáculo o farsa escénica que, si no aporta mucho, a lo menos entretiene. Esta peculiar tramoya alcanza el culmen de la exacerbación en los programas de debate balompédico; auténticas batallas de no muy elevada dialéctica, eso sí. Una hoguera o feria de egos y vanidades contrapuestos. Pasión, lo llaman. Demasiada. Toda una seudoreligión. A veces, incluso, da la impresión de que el deporte en sí es lo de menos (¿vano pretexto de sombra y luz?). Eso sí, en el manejo de la lengua son impecables (o no tanto, a qué engañarse.Con frecuencia incurren en flagrantes fueras de juego lingüísticos). Pero esa, por supuesto, es otra historia (de terror). 

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ASÍ SE DICE: Problemas tormentosos

Una periodista del tiempo pronuncia la siguiente frase: “una situación atmosférica, la del domingo, que podrían darse tormentas”. Es evidente la falta de concordancia entre los elementos de la frase, esta vez en grado sumo. Realmente, no se comprende por qué esta persona ha tenido tantas dificultades para decir lo que quería decir. Se podría haber expresado sin mayor dificultad: “una situación atmosférica, la del domingo, en la que podremos tener tormentas” o “podrá haber tormentas” o “podrán generarse tormentas”. 

Por un lado tenemos el problema de la elección léxica: “darse tormentas” es una expresión torpe. Las tormentas no “se dan”: se generan, se forman, se originan, hay tormentas… 

Por otro lado, no es posible lanzar un relativo “que” sin tener en cuenta que a veces se necesitan preposiciones y artículos delante, como es el caso: una situación en la que podrán formarse tormentas, no solamente que

Andrés Ortega

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