
DAVID ROAS (Barcelona, 1965). El texto escogido pertenece al libro “Intuiciones y delirios”, Vodevil Ediciones, 2015.
REVOLUCIONARIO DEL SIGLO XXI
………………………….. (epitafio)
Incapaz para la acción, su vida fue un continuo sopor, salpicado de siestas y breves cabezadas, sólo interrumpido por las horas del sueño nocturno.
¿EL TERROR NO TIENE FORMA?
(Pequeña alteración de un cuento de Thomas Bailey Aldrich)
Una mujer esta sentada sola en su casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto. De pronto, llaman a la puerta. La mujer, terriblemente asustada, se levanta y, casi sin atreverse a mirar, abre.
— ¿Conoce usted la revista Atalaya?

Cantos de ballena
Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices.
La noche de los feos. Mario Benedetti.
Todas las noches, un joven, extremadamente flaco —le decían silbido de culebra— y de gruesos lentes de aumento, en la soledad de su habitación, acompañaba con su silbido un dulce, triste y ubicuo canto que, después de darle la vuelta al planeta varias veces bajo las estrellas, entraba a su cuarto y lo arrullaba hasta dormirse. Entonces cesaba, se silenciaba, para recomenzar al otro día, apenas oscurecía. Prácticamente, la melodía, era la única posesión del joven.
Un día, el muchacho decidió investigar el origen de ese bello canto. Preguntó y preguntó, pero nadie, a excepción de él, lo había escuchado. Viajó: navegó los siete mares; escaló las más altas montañas; acampó en selvas y desiertos, visitó impersonales y frías megalópolis en lejanos países… pero nada. Hasta que el cantó lo llevó a una cabaña en lo más profundo de un bosque. Entró y, cual maja desnuda, vio, acostada en un sofá como una inmensa foca, presa de su obesidad, a una bella joven que lloraba desconsoladamente. Se acercó y le preguntó por las causas de su llanto.
–¡Todas las noches escucho un bello silbido que, viniendo desde muy lejos, bajo las estrellas, me arrulla y acompaña en mi soledad! ¡Y quisiera conocer al que tan bellamente silva! Pero mi gordura me lo impide, no puedo moverme; estoy presa en este sofá.
Entonces el joven silbó la melodía y ella lloró su canción.
Autor: pedro Querales
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