
La moral es entendida, en este contexto ético-político, como la teoría de la doctrina del derecho, en tanto que la política sería la aplicación de esa doctrina; teoría y práctica, respectivamente.
De otro modo, si entendiésemos la moral como algo relativo, mudable e interesado, ya no sería, propiamente dicha, tal moral. Eso supondría la anulación – negación de la misma.
La auténtica moral ha de estar en armonía con la razón, pues, si bien ésta no puede penetrar en las causas que determinarán al fin lo acertado o no de ciertas acciones, de acuerdo con los inescrutables mecanismos de la Naturaleza —el dios – Destino es más determinante que el dios – Fuerza—, sí puede aprehender, sin embargo, la sabiduría, necesaria para el buen gobierno de la civitas, puesto que los problemas de adecuación constitucional, para implementar las medidas legislativas, no serán pocos.
Se reconoce así, explícitamente, la dificultad de adecuar la teoría a la práctica.
Aunar voluntades individuales como una sola voluntad común no está al alcance del legislador. A pesar de esa imposibilidad, según Kant, si la práctica se ejerce teniendo en cuenta los principios empíricos de la naturaleza humana en los que se funda, pueden llegar a asentarse unos cimientos sólidos, para actuar con prudencia y acierto en el desempeño del ejercicio político.
Entendemos que este postulado, esta premisa, implica ciertas contradicciones, si no en lo individual, sí en lo colectivo. La dualidad, o al menos la tendencia dual, de la naturaleza humana es un escollo ético difícilmente superable; cuánto más al intentar unificar voluntades. Esto plantea un nuevo problema de complicada resolución más propio de la dialéctica transcendental que de la práctica política. En relación directa con ello, se cuestionan los límites de la libertad; si bien el autor, en un planteamiento posibilista, aboga por situar el derecho como condición limitativa o rompeolas; muro de contención de la actividad política.
Establece, además, matices diferenciales entre el moralista político —al fin y al cabo un cínico— y el político moral. El auténtico político deberá remediar los vicios y actuar en el desempeño de su función conforme al derecho natural.

Retratos es un libro de poemas que, a modo de pictóricos lienzos, eternizan el momento pasajero. En él se disecciona, metafóricamente, una sucesión de instantes congelados por siempre sobre el tiempo. Pequeños retazos en remembranza de fugaces sombras preteridas

Un gran despliegue de relatos poliédricos que sorprenderá gratamente
a los lectores. Un ejercicio de talento literario e imaginación sin límite
alguno. Una vez que comience por el primero no podrá parar.
