
Entre el millar de obras Johann Sebastian Bach, los seis motetes que en el catálogo de sus composiciones –conocido con las siglas BWV (Bach-Werke-Verzeichnis, a saber, ‘Catálogo de las obras de Bach’)– ocupan los números del 225 al 230 se encuentran entre lo más sublime jamás escrito para coro mixto. Concebidos como música para servicios religiosos fúnebres, no tienen nada que ver con la idea que nuestros oídos actuales se han formado de la música para estas ocasiones, imagen sonora modelada a partir del Requiem de Mozart, la Marcha fúnebre de Chopin o el Adagio de Barber –este último siempre presente de manera un tanto ñoña (no por la música, genial en sí misma, sino por el uso y abuso que de ella se hace) en reportajes televisivos sobre devastaciones generalmente resultado de guerras–.
Los motetes de Bach, en cambio, aun con una fuerte carga emocional que puede reconducir al drama, como en el caso de Jesu, meine Freude y de Komm, Jesu, komm, albergan e/o irradian una alegría incontenible en muchos de sus pasajes o incluso en la totalidad de la obra. ¿Qué mayor exaltación vitalista que la contenida en cada una de las notas de Singet dem Herrn ein neues Lied, verdadera “nueva canción” de imparable energía, rematada con un intrépido ‘Alelluia’ final? Otro tanto se puede decir de los motetes Lobet den Herrn alle Heiden, Der Geist hilft unser Schwachheit y Fürchte dich nicht, ich bin bei dir, piezas maestras de efervescente emoción, júbilo y regocijo. Detrás de esta aparence contradicción está el hecho de la profunda religiosidad de Bach, que convierte la muerte en ocasión de nueva y eterna vida.
Personalmente, una y una sola es la versión de estas obras: la dirigida por sir John Eliot Gardiner en 2011, publicada al año siguiente por su propio sello, SDG. El disco incluye también el motete Ich lasse dich nicht, du segnest mich denn, BWV Anh. 159, que Gardiner considera que puede ser atribuido a Johann Sebastian, a pesar de las dudas acerca de su autoría, que algunos estudiosos asignan al primo mayor de nuestro compositor, Johann Christoph (1642-1703) –añado este dato porque la sacrosanta wikipedia atribuye el motete en cuestión al homónimo hijo de Johann Sebastian, en vez de al primo (¡!)–. La versión que Gardiner nos ofrece de los motetes de Bach es un lujo de polifonía, expresividad y detalles. Verdaderos fuegos artificiales, con un virtuosismo rayano en lo imposible que convierte al prodigioso Coro Monteverdi dirigido por Gardiner (nada que ver con la actual formación con ese nombre –ya nunca más dirigida por sir John–, aunque se pongan al frente de ella grandes eminencias) en un funambulista del contrapunto, como bien deja ver la acertada foto de cubierta del disco.
Gardiner ya había grabado los motetes en 1980, añadiendo entonces el BWV 231, Sei Lob und Preis mit Ehren, hoy día considerado en realidad una versión del segundo movimiento de la cantata BWV 28 con un nuevo texto, y el BWV 118, O Jesu Christ, meins Lebens Licht, que se trata más bien de una cantata que de un motete, aunque en el caso de esta pieza las fronteras no son nada claras. Esta primera versión de 1980, aun siendo meritoria, no logra el virtuosismo, el detallismo y la limpieza sonora de la milagrosa versión de 2011, a nuestros oídos insuperada y probablemente insuperable.
Por cierto, como apunte personal he de decir que ese virtuosismo asombroso que alcanza la perfección no es el fruto de ajustes durante el proceso de grabación o edición, sino el producto del canto mismo de los componentes del coro, como tuve ocasión de comprobar en vivo en el concierto ofrecido por el Coro Monteverdi en la Nikolaisaal de Potsdam el 30 de septiembre de 2011, cuatro días antes del inicio de las sesiones de grabación del disco en Londres.
Andrés Ortega (Música, maestro)

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