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El rincón de Antonio Carnabuci

El niño de pan

El niño de pan

Un anciano panadero decidió hacer un regalo a su nieto pequeño, con motivo de su cumpleaños. Preparó con mucho cuidado un pan, distinto de otros, que tenía forma de niño, con brazos, piernas, cara y ojos sonrientes. Lo puso en el horno y esperó que el calor cociera el pan, hasta conseguir una superficie bien dorada. Cuando el panadero abrió el horno, tuvo una sorpresa increíble, vio a un niño vivo, el mismo que él había creado, que le miró con mucho interés, le dio las gracias, luego salió de casa y huyó. A pesar de la fuerte turbación, el panadero intentó agarrarlo, pero el niño era muy ágil y él demasiado viejo.

Durante la fuga el niño pasó cerca de una vaca, que se dio inmediatamente cuenta de que el chico estaba formado de pan, y pensó que habría sido agradable comerlo. Por lo tanto le gritó:

“párate, soy tu amiga”, pero el niño aterrorizado corrió más veloz. Más adelante el niño encontró a un caballo paciendo, que al ver pasar aquella criatura formada de pan, bien dorado, tuvo ganas de comerlo. El caballo le invitó a quedarse con él y a jugar juntos, pero el chico asustado continuó su carrera. El niño llegó en fin a orillas de un río, pero no pudo atravesarlo porque no sabía nadar. Un zorro que pasaba por ahí le ofreció su ayuda, para llevarlo a la orilla opuesta. La proposición le pareció al niño sincera y desinteresada, aceptó la  invitación y subió sobre la cola del animal. Durante el trayecto el zorro invitó al chico a ponerse sobre sus espaldas, porque eso le permitía nadar con más agilidad. Cuando llegaron en el medio del río, el astuto zorro le invitó, de nuevo, a desplazarse sobre su nariz, para evitar mojarse, el chico obedeció, pero al mismo tiempo el zorro abrió su boca y se comió el niño de pan.

Moraleja: Nunca fiarse de los ofrecimientos de ayuda de los desconocidos, también cuando la actitud del forastero parece generosa y altruista.

Antonio Carnabuci