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El rincón de Antonio Carnabuci

Dos siglos y medio de dominación árabe en Sicilia dejaron una profunda huella en distintos sectores de la sociedad y también en la producción de dulces. La “cassata”, la fruta de mazapán, el “cannolo”, son ejemplos típicos de dulces de origen árabe, que hoy en día están presentes en todas las reposterías de la isla todo el año.

Pascua ha sido siempre un momento particularmente propicio para el turista, para gustar los distintos productos representativos de la Semana Santa, estrictamente unidos a las tradiciones de un determinado territorio.

Muchas décadas han pasado desde mi juventud, pero me acuerdo bien que mi abuela tenía la costumbre de preparar durante los días antecedentes al Domingo de Pascua un dulce típico llamado: “Pupi en l’ova” (Títeres con huevos), pero el nombre podía ser distinto de una localidad a otra.

PUPO_CU_L_OVA

Los “Títeres” o “Pupi” en la tradición siciliana están unidos al poema épico “El cantar de Roldán”. El “Teatro del Pupi” hasta la mitad de los años sesenta, fue un espectáculo callejero muy de moda y bien apreciado por los niños, que escuchaban, a través de la voz narrante del operador, las hazañas de los antiguos caballeros franceses.

En la preparación de este dulce característico, el “Pupo” representaba casi siempre una figura humana, pero no era raro observar un corazón o una paloma. Mi abuela, rodeada de niños, creaba el “Pupo” con pasta de pan y en el centro ponía uno o dos huevos duros, sumergidos parcialmente, con la cáscara pintada de rojo y decorada con franjas de pan cruzados. Al final, extendía con una pluma de gallina sobre el dulce una sutil capa de clara de huevo y azúcar, para dulcificarlo y ponerlo reluciente.

Me acuerdo que me gustaba muchísimo, quizás porque se preparaba en cantidad limitada y sólo en Semana Santa. Otra verdadera exquisitez eran los pasteles de almendras, que en ese período mi abuela deshornaba siempre con entusiasmo, tenían una forma redonda u ovalada y encima llevaban siempre una trozo de fruta confitada.

Hace poco tiempo me encontraba en la oficina de turismo de Marruecos, en la Calle Larga, y de repente el empleado me ofreció unos pasteles de almendras, muy semejantes a los de mi abuela e igualmente gustosos. Sin duda eso es una prueba tangible de dulces tradicionales heredados de los árabes, que a partir del año 820 ocuparon Sicilia, hasta la llegada de los Normandos en el año 1060.

Antonio Carnabuci